Manu Fanego: el recuerdo de su padre ilustre, su gran parecido con él y cómo se convirtió en un artista de culto
Manu Fanego protagoniza Le Frigó, pieza que resume buena parte de lo identitario de Copi, su autor. Pensar en Raúl Damonte Botana (Copi), porteño radicado en París y fallecido en 1987, implica ...
Manu Fanego protagoniza Le Frigó, pieza que resume buena parte de lo identitario de Copi, su autor. Pensar en Raúl Damonte Botana (Copi), porteño radicado en París y fallecido en 1987, implica ir en busca de una desmesura corrosiva, sensible y sin eufemismos a partir de una pluma desacralizada que se permitía interpelar a la sociedad y ahondar en sus zonas más oscuras, en sus hipocresías, con total libertad en el abordaje.
Hablar de Manu Fanego también conlleva abordar mucho de esos tópicos. Hace un culto de la libertad de elegir su manera de entender la vida, aunque sorprende al reconocerse “no tan libre”.
Hijo del recordado actor Daniel Fanego, su parecido físico es tan llamativo como el modo de abordar su oficio, con la misma ética que lo hacía su padre.
Elige un porteñísimo café de San Telmo para conversar con LA NACION y pensar en la multiplicidad de trabajos que desarrolla simultáneamente con muy buena repercusión. Para muchos, un artista de culto.
También la conversación amerita recordar a su padre -fallecido en septiembre de 2024- y aquellos últimos tiempos de doloroso acompañamiento familiar.
A los 44 años, además de corporizar Le Frigó, integra el elenco de Modelo vivo o muerto, el éxito de culto de Bla Bla y Cía. y, como si todo lo anterior no fuese suficiente, le da vida a Mika de Frankfurt, una cantante trans algo errática, que, acordeón empuñado, va desgranando canciones, humor y relatos sobre su propia vida. El personaje cuenta con una legión de seguidores.
Herencias“Cuando cuento algo, actúo, pongo caras, hago distintas voces. Muchos piensan que es una burla, pero no lo es, me gusta representar lo que voy diciendo. Me comunico mejor así, que si lo hiciera solo con la palabra. Con la oralidad soy enroscado, meto palabras raras, me sale así”.
-Te percibo muy leído.
-No lo soy.
-¿No?
-Empecé a ser actor a los 28 años, antes me dedicaba a la música. A esa edad hice un curso con (Guillermo) Angelelli y me dije: “soy actor”. Recién ahí me di cuenta.
-Hasta ese momento, ¿no fantaseabas con actuar?
-Para nada, la música era un lugar de mucha amistad y familiaridad. En mi opinión, la música es un arte superior. Es más allá de la metáfora, es vibración. Te cambia un estado. Una obra de teatro también logra eso, pero implica movilizarte hasta la sala, estar atento al argumento. Yo estaba muy preocupado en el asunto de la música y mi papá ya tenía su camino hecho, así que la actuación era su espacio.
-Tu padre, ¿nunca te marcó que veía condiciones en vos?
-No.
-¿No era un tema?
-Para nada. De todos modos, mis viejos, a mi hermana y a mí, nos infundieron mucho juego artístico. En mi casa siempre se instruyó el arte en general, si querías pintar o escribir, te estimulaban para hacerlo.
-Un acto de libertad...
-De eso se trata, de la libertad.
Más allá del nacimiento de su vocación a los 28 años, seguramente la observación del trabajo de Daniel Fanego, su padre, se embebió en él. “A mi viejo lo acompañé al teatro desde que tengo uso de razón; el teatro y la actuación fueron parte de mi vida. Iba a los sets de cine, a los canales de televisión, me quedaba con él en las sobremesas con sus compañeros”.
-¿Hubo algún tipo de guía o enseñanza puntual sobre el oficio?
-Cuando, en cuarto grado de la escuela, participé en un acto escolar, me dio la primera indicación. Nunca nadie me había dicho cómo se debía actuar.
Aquel personaje era un amigo estanciero de Manuel Belgrano que recibía la noticia que el patriota había fallecido. “Lo primero que me dijo mi viejo fue ‘con letra sabida no hay mal cómico’. Con los años me explicó que lo ideal es estudiar la letra como un texto corrido, sin puntuación”.
-Al estilo de Molly Bloom.
-Exacto, porque, una vez sabido el texto, ya uno puede hacer lo que desea con esa materia prima, ponerle las pausas y los tonos”.
-Cuando, a los 28 años, despertó en vos la vocación actoral, ¿te alentó?
-Sí, siempre, a mi viejo se le caía la baba viéndome actuar.
-¿Te devolvía críticas constructivas con respecto a tu labor?
-Para nada, sólo opinaba cuando yo le daba pie. Era muy crítico, así que se cuidaba mucho cómo decirlo, porque, incluso, era muy autoexigente. No siempre le hacía caso, tenía un modo de ver el teatro, que tenía que ver con su época. La actuación cambia de generación en generación. Un buen actor de hace cincuenta años, quizás hoy no lo podés leer como tal.
View this post on Instagram-¿Te ves parecido a tu padre?
-Sí, muy parecido. Entiendo a la gente que se refiere a él cuando me ve a mí. Nos marcan el parecido físico, algunos gestos en común y la voz similar.
-¿Tuviste tiempo de despedirte de él?
-Sí, fue una despedida muy larga. Sabíamos que iba a irse, por el tipo de enfermedad que le tocó, y eso hizo que el último año y medio nos acercáramos más que nunca, tanto mi hermana, mi vieja, de la que hacía años que estaba separado, y su actual mujer.
-¿Era consciente de su final?
-Creo que sí, pero no lo charlamos, no era un tema fácil. Más allá de eso, pudimos decirnos todo, charlar mucho, la idea era que se tenía que ir con la certeza que había dejado mucho amor en este plano. Estoy muy agradecido con él, más allá de los privilegios que me dio por tener su apellido. Tenía una gran entrega con su familia, pero era muy reservado, nunca lo hablaba en público, no se llevaba bien con toda la prensa. A mí, en cambio, me encanta charlar. Si veo que la otra persona no tiene doble intención, no tengo problemas en hablar.
-Se te percibe una persona muy libre.
-No sé si estoy tan de acuerdo con vos.
-¿Por qué?
-Me encanta que lo digas y que me percibas de esa manera, me hace sentir bien, pero, la libertad, en este momento más que nunca, es algo a debatir y a construir, a rever. ¿Qué es la libertad? Al igual que el amor, son palabras muy utilizadas y vapuleadas. Más allá que hay un sector que se la adjudica como propia y la embandera, hay algo que nos hace sentir que somos libres en lugares donde no lo somos y viceversa, porque creemos que estamos atados a cosas de las que, en realidad, no estamos tan atados.
-¿Por ejemplo?
-Se supone que no podría vivir sin celular, pero no es cierto, aunque debería cambiar un montón de hábitos. El mundo debería modificar un montón de hábitos para liberarse de algunas cosas. Se me embrolla la cabeza pensando si soy libre o no lo soy.
-¿Dónde sentís que habitás un espacio donde no te manifestás completamente libre?
-Tiene que ver con la ropa que me pongo, la comida que ingiero, las personas que veo, los bares a dónde voy; todo, de movida, es un mandato, una imposición.
-La libertad ciento por ciento es una utopía o, al menos, la pueden ejercer muy pocos.
-Hay que hacer el trabajo de liberarse de pequeñas cadenillas que vamos teniendo a lo largo de la vida, que podemos detectar y teniendo el poder de cortarlas. A veces, no se pueden romper tanto. Estamos encadenados a materialidades, conceptos, personas y no nos permitimos dudar. Cuando ingresa la duda, si se tiene coraje, uno comienza a investigar y ver que hay otras posibilidades y no sentirse tan diferente con otro tipo de decisiones. Se trata de sentirse bien con cosas muy diferentes a las que te imponen con la lógica de la felicidad.
-Es complejo salirse del entramado social.
-La comparación en esta sociedad nos aniquiló. La idea es estar bien, pero nuestros propios pensamientos, a veces, van en contra de eso. Nosotros mismos somos nuestros peores enemigos.
Hace terapia desde sus diecinueve años. “Me ayudó mucho, se trata de otro que te va devolviendo lo que le comunicás, de un modo más ordenado”.
-¿Qué es ser no binario, algo de lo que se habla bastante, pero que no siempre es entendido de una manera cabal?
-Se entiende menos de lo que parece o de la publicidad que tienen temas como este. La gente cree que hay un empoderamiento de las identidades diversas mucho más propagado en la sociedad de lo que realmente está. En realidad, es un sector que lucha a sangre y fuego. A las travestis las matan, casi todos los días sucede un travesticidio en el país; por eso existe una marcha del orgullo. Las diversidades tienen que decir “estamos orgullosas de ser lo que somos”, pero la sociedad aún no lo quiere entender.
-En ese marco, ¿qué implica ser no binario?
-Es una no categorización, tiene que ver con liberar a tu ser de una categorización social conveniente para un montón de sectores. Esa conveniencia es ficticia, que solo crea discordia y resentimiento entre las partes, por eso hay que plantarse muy fuerte en la retórica del no binarismo y de la diversidad identitaria para que la sociedad pueda visibilizar que hay un sector que existe y no matarlo como si fuera una clase inferior.
-¿Cómo se dio la elaboración de tu característica identitaria?
-Soy algo más ambivalente de lo que la sociedad pretende que sea un macho. No me siento eso. No me identifico con lo que habría que responder, como jugar al fútbol, cagars… a trompadas, hacer bromas violentas hacia otra identidad sexual, la superioridad hacia la mujer.
-Lo que define a buena parte de lo patriarcal y machista.
-Soy una persona educada como un varón, que mi voz sea fuerte y que tuviera el peso que tenía Daniel Fanego. Me querían poner en el lugar de galán que, alguna vez, tuvo mi viejo, por el solo hecho de ser su hijo. A los diez años, me gustaba un compañerito, se lo dije, pero me terminó burlando todo el colegio. Paul Preciado (filósofo español) habla que, en el 1800, se instauró el matrimonio como base de las naciones, porque se necesitaba poblar, era un interés político y económico, y hoy ese mismo poder brega para que eso no se desarme. Si el patriarcado no dominara todo, no sé si las guerras serían las que son ahora. No sé si se medirían la hombría los presidentes de los países más importantes, que son los que van a la guerra. El juego de la guerra es patriarcal.
En pareja con Zoe Hochbaum, también ha compartido algunos trabajos con ella. “Estamos muy bien”.
Un universo posibleEn el escenario del Teatro Picadero es responsable de ponerse al hombro la historia de Le Frigó, donde compone a Madame L, personaje que se retira del mundo de la moda y se dedica a escribir sus memorias, e intercambiar pareceres -a partir del a irrupción de una heladera- con su amante, su editor, su chofer, un detective, su psiquiatra, su madre y hasta su mucama, lo que implica para Fanego un formidable desdoblamiento escénico.
-¿Qué tipo de posibilidades despliega revistar a Copi hoy?
-En Le Frigó se burla de una parte de la sociedad a la cual él también pertenecía y puso en evidencia dificultades de una clase social exitosa en lo material, la fama y el poder, pero que exhibe la vulnerabilidad hacia adentro, en la familia, en los excesos; pone sobre la mesa la soledad, la salud mental y qué sucede con los que no siguen el mandato. Lo hace de forma tan disruptiva que, en nuestro contexto actual, se puede leer como un revolucionario. Es difícil de escuchar.
View this post on Instagram-¿Cómo es Madame L, tu personaje?
-Es una persona muy sensible, que quiere hacer las cosas bien, pero tiene muy cerrado el mundo externo. Por eso, se creó un universo ante la imposibilidad de vivir el real. Una realidad que muchas maricas han sufrido y no han podido desplegar.
-Y en eso propio aparecen los seres que tuvieron vínculo con ella.
-Sus fantasmas. Todo es un simbolismo.
El teatro de Alejandro Urdapilleta y Humberto Tortonese fue influencia para la construcción de Madame L, al igual que el imaginario que proponía el recordado Club del Claun. Bordes escénicos de notable riqueza en la primavera democrática.
“También vi mucho del Sportivo Teatral de Ricardo Bartis y su forma de actuación, y de lo corrido de lo normal que propone Pompeyo Audivert, con quien estudié durante dos años”. Le Frigó cuenta con dirección de Tatiana Santana y música original de Rony Keselman.
Alter ego musicalAsí como el teatro de texto es una de sus posibilidades expresivas, Manu Fanego encontró en Mika de Frankfurt a esa otra faz de su abanico creativo. Cantante internacional que desgrana anécdotas, dolores y alegrías, sabores y texturas de una vida nada convencional.
Tal es su injerencia que, para muchos, hasta es espejo simbiótico. Lo que Mika de Frankfurt cuenta, acordeón en mano no pasa inadvertido y dialoga con algunas cuestiones de género que ocupan a quien le pone el cuerpo.
View this post on InstagramEl próximo sábado, con tres presentaciones, Mika de Frankfurt será el plato fuerte de una experiencia con multiplicidad de resonancias sensoriales. Su performance se enmarcará en una recorrida por el edificio Bencich Tucumán, que se coronará con un vermut en un mirador que balconea a la ciudad y la presentación de Mika y el músico Jorge Thefs, que suele acompañarla en sus presentaciones. La curaduría de esta formidable experiencia corresponde a la investigadora teatral Natacha Koss.
View this post on Instagram“Durante mucho tiempo me oculté, no quería que supieran que yo era Mika, pero ya todos los saben”. Este año, podrá verse el film -émulo de documental- Yo soy Mika, dirigido por Leandro Tolchinsky. Imparable.
El disco Cosas lindas, disponible en Spotify, es la concreción que puso en blanco sobre negro el repertorio de Mika de Frankfurt.
Fanego también forma parte de Alegrías de a peso, “una banda de cumbia que existe desde hace veinticinco años; ahora hacemos cumbia amazónica, oriunda de la selva de Perú”.
Un fenómeno sin fronteras“Bla Bla y Cía. salimos del teatro independiente bien independiente, de funciones a la gorra en El ojo verde, un espacio de entrenamiento. Arrancamos en agosto de 2010 con funciones a la gorra que hacíamos con unas pocas luces y donde la gente se sentaba en sillas de plástico o en el piso”.
La influencia era clara, el grupo británico Monty Python, el programa Cha Cha Cha o Les Luthiers, entre otros colectivos de artistas vinculados a la comedia y el humor.
Modelo vivo o muerto, la propuesta de dramaturgia colectiva que les otorgó un lugar privilegiado de visibilidad, incluso cosechando espectadores del circuito más comercial, cuenta con dirección de Francisca Ure y sumó en su elenco a la actriz Carola Oyarbide, quien se amalgamó rápidamente a la formación original conformada por Sebastián Furman, Pablo Fusco, Julián Lucero, Tincho Lups y el propio Fanego.
View this post on InstagramModelo vivo o muerto se convirtió en una pieza de culto que los fanáticos de Bla Bla y Cía. ven una y otra vez.
Una muestra de fin de año de una escuela de arte se enfrenta a la aparición sin vida del modelo “vivo”, lo cual desata una investigación “poco ortodoxa” de parte de las autoridades de la institución. El material, hilarante de comienzo a fin, también permite el cruce de lenguajes donde lo físico, la música y el tránsito de los cuerpos en el espacio escénico conforman un todo sumamente rico.
“Mi personaje es el mártir de la obra, el que todos atacan, un lugar que me enternece. Es, en gran medida, el más puro de todos. Me divierte encarnar a ese anzuelo para que se justifique toda la pavada”.
Fanego organiza su trabajo desde la disponibilidad física, algo habitual en sus composiciones donde el lenguaje de la palabra tiene tanto peso como lo simbólico del cuerpo disponible. “Es un acercador a la realidad, en medio de lo absurdo, tiene un matiz natural, de cierta normalidad, eso me parece interesante”.
Modelo vivo o muerto regresará a la Calle Corrientes, en simultáneo se presentará en diversas localidades del Conurbano y, en el mes de abril, pisará escenarios de Madrid, Menorca y Barcelona.
Antes de despedirse, remarca: “Todo el tiempo estamos creando un personaje, armando un papel. Cuanto más lo hacemos, como diría el “Flaco” (Luis Alberto) Spinetta, “vamos decorando la realidad”. No creo en el arte como algo separado de la vida. Cómo vivir la vida, con las propias dificultades, también es una forma de arte".
Para agendarLe Frigó, jueves a las 22, Teatro Picadero (Pasaje Enrique Santos Discépolo 1857)
Modelo Vivo o muerto, 1 y 8 de abril a las 22, Teatro Metropolitan (Av. Corrientes 1343)
Mika de Frankfurt en Mika solo set, 7 de marzo a las 17.30, 19 y 20.30, Edificio Bencich Tucumán (Tucumán 810)