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Martín Bossi, su aversión a los políticos, su idea sobre la muerte y su rigurosa privacidad

MAR DEL PLATA.- “Todo el mundo se autogestiona el éxito, no existe el éxito si no está contado en HD”. Martín Bossi comienza la entrevista con LA NACION pensando en voz alta sobre la mister...

Martín Bossi, su aversión a los políticos, su idea sobre la muerte y su rigurosa privacidad

MAR DEL PLATA.- “Todo el mundo se autogestiona el éxito, no existe el éxito si no está contado en HD”. Martín Bossi comienza la entrevista con LA NACION pensando en voz alta sobre la mister...

MAR DEL PLATA.- “Todo el mundo se autogestiona el éxito, no existe el éxito si no está contado en HD”. Martín Bossi comienza la entrevista con LA NACION pensando en voz alta sobre la misteriosa pócima de la trascendencia y la aceptación popular. “Ponelo con mucho cuidado, es peligrosa la frase que voy a decir”, se ataja antes de reflexionar sobre su propio camino. “Desde 2010, Dios me ha regalado esta posibilidad; salgo a escena y sucede eso”.

-Lo anhelado por todo artista.

-No me pasa como a los 40, cuando ya llevaba 10 años de éxito.

-¿Cómo es ahora?

-En este momento de mi vida, cuando ya cumplí los 50 años, no sé cuándo sucederá por última vez, entonces no puedo más que decir ‘gracias, Dios mío’”.

El actor se instala en un pequeño living montado en el ingreso a la platea alta del inmenso Teatro Neptuno, donde cada noche encabeza la comedia La cena de los tontos junto con Laurita Fernández y Gustavo Bermúdez, la propuesta que ya fue vista por 150.000 espectadores en Buenos Aires y se perfila como la gran ganadora del verano marplatense en la folklórica “guerra de las boleterías”.

Bossi no reniega del tono popular del material, pero hace hincapié en determinadas variables de la coyuntura social: “Estamos en un país con una vara muy baja a nivel actoral, musical, periodístico; nos incluyo a todos; si no existiera el teléfono celular, seríamos mejores. Nos pasamos scrolleando durante horas y eso es tiempo que se le resta al conocimiento”.

La pieza, escrita por el autor y director francés Francis Veber, recupera algunos de los tópicos de la tradicional comedia francesa. La actual versión, dirigida por Marcos Carnevale, conserva su esencia no sólo en su tejido dramatúrgico, sino también en la corporalidad de sus protagonistas, lo que, rápidamente, la convirtió en una propuesta muy exitosa y asequible para el público masivo.

Multiplicarse

Martín Bossi es consciente que ha buscado reinventarse con regularidad: “Muchos me siguen llamando ‘el hombre de las mil caras’, pero he pasado de la imitación al showman y el entretenedor. Un día me puse a prueba con la comedia musical para ver qué sucedía, cuando todos me decían que no iba a poder; sin embargo, hice Kinky Boots con Fernando Dente, a quien amo, y fue un éxito”.

También pisó los sets de cine, donde compuso un precioso personaje en Viudas, también con dirección de Marcos Carnevale y acompañando a Graciela Borges -su amor platónico- y a Valeria Bertucelli. Las tiras Patito feo y Los únicos, y el ciclo El host también lo contaron en sus filas.

Paleta de colores expandidas para el hombre que se hizo famoso por imitar con detallismo a personajes como Mirtha Legrand o a la expresidenta Cristina Kirchner. Sin embargo, algo faltaba.

“Marcos Carnevale y Adrián Suar me decían que me faltaba hacer una comedia de texto”. Lo envalentonaron, cuenta, luego de la muy buena repercusión de su show Bossi Live Comedy. Ya pasaron dos décadas desde que debutó en la cartelera marplatense y trascendió aquel espaldarazo de masividad que le dio trabajar en los ciclos televisivos de Marcelo Tinelli. De hecho, su primera temporada en esta ciudad fue como parte de la pieza Match Humor. “Por esa obra me hicieron la peor crítica de mi vida”, dice, y recuerda cuando la profesional que calificó su performance señaló: “El imitador flaco y desgarbado, nada de lo que hace se parece”.

-Te referías a cierta fecha de vencimiento del éxito como una probabilidad. En el budismo se trabaja el concepto de “impermanencia”.

-Leo mucho sobre budismo y entiendo que todo es pasajero.

-¿Te visualizás sin éxito?

-Debo imaginarme sin la presencia de mi madre, a quien todavía tengo cerca, y, por supuesto, este hermoso trabajo podría acabarse. Lo único que voy a lamentar al morirme es no seguir aprendiendo.

Reflexiones

Dos temas parecen atravesarlo en este presente. La incógnita en torno a la caducidad de su ascendente derrotero artístico y ciertos engranajes sociales y culturales que evalúa que no son permeables en su modo de entender la vida. Por momentos, algunas de sus reflexiones parecieran emerger de una persona cuyo calendario marca mucho más que sus 51 años de vida.

“Hoy todos tienen éxito, son flacos y lindos. En estos tiempos, ser famoso o llenar un estadio es fácil, pero eso no quiere decir que seas bueno. Cualquiera llena River Plate o el Movistar Arena, aunque no estoy diciendo que todos los que los llenan son malos. La baja cultura de la gente y la manipulación del algoritmo hacen que el público vea algo vacío. El algoritmo se prepara para hacerte más idiota en tiempos de la estupidez glamourizada. Entre las quince personas que acaparan la atención de la gente hay muchos que carecen de talento y son incultos, pero excluyo a nombres como Paco Amoroso y Catriel, Soledad Pastorutti, Abel Pintos, Luciano Pereyra, Andrés Calamaro o Charly García”.

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“Soy producto de un camino que no tiene que ver con contar mi vida sexual en streaming, ni salí de Gran hermano; tuve que estudiar mucho. Hoy no se usa más estudiar, pero yo soy analógico y me dio resultado".

-¿Cuál es tu estrategia para que, a partir de tu masividad, el tejido de las redes sociales y la respuesta de los usuarios no distorsione tu mirada sobre la realidad y tu propio lugar?

-Es peligroso, todos somos víctimas.

-Entonces, ¿el camino sería la alienación?

-Leo mucho. Además de budismo, me interesa (Friedrich) Nietzsche.

-¿Estoicismo?

-Por supuesto. Se dice que el éxito es desesperación maquillada, donde aparece lo compulsivo. La ostentación también es desesperación.

-¿A qué?

-A que te quieran. Cuando (Gabriel) García Márquez escribió Cien años de soledad, lo hizo una vez y quedó para siempre, pero hay gente que necesita todo el tiempo estar para recordar que existen, porque si bajan el perfil, se la olvida fácilmente.

Sobre la calle Santa Fe, en pleno centro marplatense, los espectadores comienzan a amucharse con bastante anticipación buscando esa codiciada foto de ingreso de las estrellas protagonistas a la sala. Un ritual tan sagrado como el del chapuzón en el mar.

Se enciende un gran letrero que trasluce los amplios ventanales de este primer piso donde el actor se escabulló para conversar tranquilo, sin vértigo. Pide agua y, determinado, solicita silencio a algunos colaboradores. No vuela ni una mosca.

Jugador

“Soy poligámico; de Los Andes, porque nací en Lomas de Zamora, y de Boca Juniors”. No es ingenuo. Cada tanto deslizará algún comentario que llevará a pensar y encontrar la posibilidad de hurgar en su intimidad. Se sabe, es un hombre misterioso. Juega con eso. Lo explota. Y hasta se permite plantarse hasta con ciertos aires arcaicos. En blanco y negro. “Los analógicos creemos que el amor es presencial. Digo amor y pienso en la gente que me viene a ver, que saca su entrada, se viste y llega al teatro a que le contemos una historia. El teatro es inclusivo, no hay partido político ni sexualidad, se comparte entre todos, tiene algo de misa”.

-Entonces, ¿poco vínculo con las pantallas?

-Me cuesta no mirar series, salir de las redes y dejar de estar manipulado. Es como decidir qué se prefiere, si la verdad o la ficción, la virtualidad o la realidad.

- ¿Te arrepentís de algo de todo lo que hiciste?

-Me reprocho no haber estudiado inglés de chico.

-¿De ningún personaje o chiste mal colocado?

-No. La historia está escrita.

-¿Es más complejo hacer humor hoy?

-Sí, pero lo que cambió no es el humor, sino la inteligencia de la gente; cuesta que se entienda el doble sentido.

-En una escena de La cena de los tontos, tu personaje habla de “metástasis” en un entramado de humor. ¿No es un riesgo? ¿No es chocante?

-Hay que saber usar las palabras y el humor; por otra parte, es tragedia más tiempo. Además, mi personaje es hipocondríaco.

Verdades

“Tengo complicidad con el público, la gente sabe que no le miento, solo soy un poquito mentirosito con los medios”, afirma.

-Sos escurridizo.

-A la hora de hablar sobre mi vida privada, me escabullo, escondo las cartas, pero busco que me quieran.

-¿Dónde aparece esa falencia?

-Cuando era chico, amaba que en mi barrio me quisieran; cuando me fui, busqué que eso se expandiera a todo un país y en otros lugares. Siempre haré todo lo posible para que me quieran.

-En tu vida personal, ¿sucede lo mismo?

-No ando mendigando, tampoco lo hago en el escenario. La sonrisa es un servicio, más en tiempos de tanta guerra y locura. Que me devuelvan una sonrisa es sentirme querido. En la vida, trato de ser buen hijo, amante, novio o amigo. No tengo hijos, pero hoy soy padre de mi mamá.

-Hablábamos sobre la exposición desde las redes sociales, no sería tu caso en términos de trascender tu privacidad.

-Corro con una desventaja: en tiempos donde el ruido es importante, nunca hablé sobre mi vida privada ni muestro mis abdominales. No voy a las fiestas de las revistas ni expongo mis vacaciones. Para muchos periodistas soy un embole, saben que seré soltero toda la vida y, el día que esté casado y tenga hijos, no se enterarán. Lo contrario sería prostituirme. No busco views por escándalos, peleas o por lo que hago en mi vida privada y sé que eso hace menos glamorosa mi carrera.

-Sos inteligente y sabés que el misterio también suma, te suma.

-Hace veinte años, sí. Hoy, hay que mostrar.

-Pero vos no mostrás.

-Te aseguro que salgo y no me ven, paso inadvertido. Tampoco saldría con mujeres como Wanda Nara, Pampita o Lali Espósito, son encantadoras, inteligentes y bellas, pero yo elijo mujeres que no estén expuestas. Nunca me enamoraría de alguien como yo, que busca la aprobación constante con un ego desmedido.

-Alguna vez te referiste a la posibilidad del amor libre. ¿Estás deconstruido al respecto?

-Siempre fui así, esperé que el mundo viniera hacia mí. En los 90 usaba dos aros, pantalones ajustados y me maquillaba. Mi papá se quería matar. Tampoco siento que, por acostarte con mujeres, seas heterosexual, ni por estar con hombres te definas homosexual, o por estar con los dos te catalogues como bisexual. Eso es antiguo.

-¿Sí?

-En esta vida, cada vez que tuve sexo, lo tuve con una mujer, pero no me define nada, no me hace mejor ni peor. Para la sociedad soy un hetero, pero no me considero así.

-¿Cómo te considerás?

-Solo soy una persona que se acuesta con mujeres y, a la hora de jugar al fútbol, lo hace con hombres.

-Cuando tu padre falleció, luego del funeral te fuiste a correr. ¿Qué cosa había que exorcizar?

-Había muerto el rey.

-Una especie de Hamlet.

-Aún lo estoy velando. Creo que vengo a Mar del Plata para encontrarlo a él, caminando con mi mamá, mi hermana y yo. Veía las entrevistas de Juan Alberto Mateyko a Alberto Olmedo y buscaba eso.

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-¿Qué valor le das a la plata? ¿Qué hacés con el dinero?

-Vengo de una familia humilde, en la que la plata era importante para “morfar”. Sé que, si mañana no pudiese trabajar como actor, iría a pararme atrás de un mostrador a vender y me iría bien. Tengo a Dios y me tengo fe. En cuanto a la plata, si voy por el barrio y Antonio, el amigo de mi papá, no tiene para irse de vacaciones, se las voy a pagar; a una amiga le compré un auto, y ni hablar de toparme con un pibe pidiendo en la calle. Me da placer. Como hijo de Dios, me dieron un don y lo tengo que devolver de alguna forma.

-Nombras regularmente a Dios.

-Creo, pero no a través de las religiones. Armé mi propia religión de acuerdo a lo que me contaron.

-Dijiste “tengo ideas, no ideología”. Nunca te manifestaste en torno a la política partidaria.

-A la cultura del odio no me sumo. El que odia es porque no tiene tiempo para amar. Es fácil odiar, difícil es lo otro. Lo complejo es poder amar al que piensa diferente. Abrazo al que no piensa como yo. Prefiero dar amor, no es liviano . La política es necesaria, pero con los políticos me sucede lo que decía Joan Manuel Serrat: “Entre esos tipos y yo hay algo personal”.

-¿Pensás en tu propia muerte?

-Todo el tiempo. El filósofo Martin Heidegger hablaba de la mística de la evasión. Decía que todo lo que el hombre inventa, el amor, la amistad o el fútbol, es política de evasión para no hablar sobre la muerte. En el teatro, agonizo y muero todas las noches.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/espectaculos/teatro/martin-bossi-su-aversion-a-los-politicos-su-idea-sobre-la-muerte-y-su-rigurosa-privacidad-nid11012026/

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