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Martin Gurri: “Trump es menos loco de lo que todos creemos”

“Hay que separar el 'Trump hablando’ del ‘Trump haciendo’. Son personas muy diferentes”, afirma. “Trump está ajustando cuentas con el mundo de la post Guerra Fría, que él encontró y...

Martin Gurri: “Trump es menos loco de lo que todos creemos”

“Hay que separar el 'Trump hablando’ del ‘Trump haciendo’. Son personas muy diferentes”, afirma. “Trump está ajustando cuentas con el mundo de la post Guerra Fría, que él encontró y...

“Hay que separar el 'Trump hablando’ del ‘Trump haciendo’. Son personas muy diferentes”, afirma. “Trump está ajustando cuentas con el mundo de la post Guerra Fría, que él encontró y ha encontrado siempre como enemigo de los intereses de los Estados Unidos”, sostiene. “Trump quiere acabar con el mundo globalista que surgió después del fin de la Guerra Fría. En su concepción, las naciones deciden entre ellas: te doy esto y tú me das lo otro; me pagas esto y yo te pago lo otro”, explica. “En lo que Trump está haciendo, se puede ver una estructura emergiendo. Su ideal es como un mundo abierto para los negocios, donde la preponderancia de la realidad de los Estados Unidos, de su economía o de lo militar, se refleje en todas las estructuras”, desarrolla.

“Trump mira al mundo desde un punto de vista que no es el de nuestra clase de experto, de las élites. Es un hombre de negocios”, compara. “Quiere llegar a un lugar, tiene un objetivo. En las últimas decenas de años, el mundo no ha funcionado de esa manera. Ha funcionado por procesos, y casi siempre terminaron mal. Trump quiere manejar el mundo para que, en cualquier cosa que pase, pese esa primera ley que dice que los Estados Unidos son potentes y grandes”, dice. “Para Trump, el actual mundo para hacer negocios, supuestamente abierto, no lo es tal y ha sido muy enemigo de los Estados Unidos, porque terminamos comprando demasiados autos de Alemania y demasiados productos industriales de China, mientras ellos no nos compran nada a nosotros”, profundiza.

“Es interesante que ni los chinos ni los rusos han levantado un dedo para defender a Maduro o a Irán”, destaca. “Trump siempre tiene un punto de vista muy original. Se ve en la estrategia con China. Estados Unidos es autosuficiente en energía, no necesitamos petróleo, pero China no lo es. Trump no le está negando el petróleo a China: al contrario, le están vendiendo a los chinos el petróleo de Venezuela. Pero si Estados Unidos se pelea con China, le puede cortar ese flujo. Que China sepa que podemos cortarle el petróleo es una ventaja estratégica”, precisa. “¿A dónde vamos? Vamos al cambio: es todo lo que puedo decir. Vamos a un cambio que va a ser colosal aún dentro de las sociedades democráticas, por lo de la Inteligencia Artificial (IA) y dentro del mundo geopolítico, porque están cambiando las estructuras. Las Naciones Unidas (ONU), por ejemplo, ya no cuentan nada”, sintetiza. “Estamos viviendo los primeros momentos de una transformación colosal, y no voy a decir cómo va a terminar porque no creo que nadie lo sepa, ni el señor Trump ni Javier Milei, ni Putin, ni los chinos”, advierte. “Es muy interesante ver que la rebelión contra el sistema geopolítico que hemos tenido desde el fin de la Guerra Fría, que todo el mundo cree que fue favorable a los Estados Unidos, surge en los Estados Unidos y es Estados Unidos el que lo está desmoronando”, subraya.

“Ha sido una maniobra muy hábil mantener a Delcy Rodríguez en Venezuela y un esqueleto de la dictadura. En mi opinión caerá, pero caerá más despacio”, reflexiona, y agrega: “Eso permite que nosotros, los norteamericanos, no tengamos que intervenir y gastar dinero y vidas para tratar de mantener esa situación. Lo mismo va a hacer en Cuba”. “Cuba tiene bases chinas, es decir, que ahí los chinos tienen un lugar desde donde observar a los Estados Unidos. Así que sí, los Estados Unidos están interesados en Cuba”, detalla. “Van a hacer algo y probablemente la mayoría de los cubanos se van a ver muy decepcionados, porque posiblemente sea algo parecido a lo que pasó en Venezuela: van a elegir a alguien en la estructura del gobierno actual, del régimen”, anticipa. “Todo lo que hace Trump tiene mucho riesgo y puede fallar de muchas maneras diferentes. Hasta ahora no ha pasado, y eso me hace pensar que es menos loco de lo que creemos”, plantea. “Vino George Bush y decidió que quería hacer una cruzada por la democracia en el mundo. La democracia se probó en Gaza y ganó un grupo terrorista. Bush conquistó Irak y trató de mantener una democracia, pero terminó en una guerra civil”, analiza y concluye: “Todo eso es lo que Trump no quiere hacer”.

Desde los Estados Unidos, el exanalista de la CIA Martin Gurri estuvo en La Repregunta. Gurri, ensayista norteamericano nacido en Cuba, es autor de La rebelión del público: la crisis de autoridad en el nuevo milenio, un best-seller que interpretó como nadie el cambio global de la última década. Gurri fue analista de medios de la CIA durante casi treinta años, entre 1981 y 2010. Además, es investigador con foco en temas geopolíticos en el Mercatus Center de la George Mason University.

¿Cómo crear sentido en un mundo en proceso de cambio? El factor Trump, ¿todo se reduce a su locura o hay una transformación más profunda? ¿Qué pasará cuando deje de ser presidente? El petróleo, ¿es lo único que mueve a Trump? El trumpismo antiglobalización, ¿una visión real estate del mundo? Negociación a la Trump vs ONU. Los Estados Unidos vs China y la guerra del petróleo. De Venezuela a Irán, ¿por qué? ¿Llegó la hora de Cuba? Autocracias, ¿perdieron poder? IA, ¿escala el poder de Trump y de Estados Unidos? Milei, ¿por qué lo admira el círculo rojo de Trump? América Latina, ¿por los Estados Unidos o pro Trump? Gurri hizo su análisis.

Aquí, la entrevista completa.

-Durante 29 años, desde 1981, usted fue un analista de la CIA con foco en los medios internacionales. Si hoy ocupara una posición como esa, ¿qué miraría? ¿Cuáles serían los principales indicios para empezar a construir sentido?

-Los expertos hoy en día están confundidos, como toda la gente. Estos cambios han tenido tremendo impacto en los medios informativos. Todo pasa por el tema que uno busca y la actitud que uno tiene frente a los medios. En otras palabras, la actitud vieja del siglo XX era: necesito información, me leo un periódico, aprendo algo. Hoy en día es: necesito información, voy a las redes y busco a alguien en la redes y también se puede aprender. Puede ser que la persona a la que sigas sea una un radical de izquierda o un racista de la derecha, pero siempre se aprende. Es como lo que hacíamos en la CIA con, por ejemplo, los medios de Cuba o los medios de la Unión Soviética: nos daban mucha información, pero no porque estaban diciendo la verdad. Precisamente, lo más interesante era la mentira, porque nos iluminaba sobre sus intenciones. Hoy no hay ningún medio que sea auténtico que no tenga punto de vista, que sea como Dios y nos dé la verdad. Hay que aprender a leer el mundo informativo de hoy preguntándose quién está mandando esta información, qué quieren hacer al publicarla, quién está pagando, qué creen que va a pasar por divulgarla. Y hay que ver qué pasó de verdad, porque casi siempre no es lo mismo. Así que es muy complicado, pero la idea de que nos den la verdad como si fuera palabra de Dios es muy primitiva. Debemos olvidarnos de eso.

-Está claro: es difícil encontrar una verdad ya digerida. Ahora, la cuestión es con qué contrasta cada persona o cada especialista, es decir, cuál es el parámetro para decir esto es mentira y esto es verdad. En el contexto actual, hay una primera idea que se instala a la hora de intentar encontrar sentido en un mundo que hoy está atravesado por una guerra en Irán y una “extracción”, esa es la palabra técnica para hablar de la detención de Maduro en Venezuela. ¿La idea de un Trump loco que enloquece al mundo es una idea errada que impide conocer un aspecto mucho más estructural del cambio? ¿O hay algo de esa locura que coincide con una época de locura profunda?

-Las dos cosas son verdad. Trump tiene una personalidad única. Cuando escribí mi libro, cuando apareció Trump, algunos me decían que yo ganaba mi fortuna gracias a Trump. Pero Trump habla y no lo entiendo, simplemente no lo entiendo. Tiene una personalidad muy original, muy diferente. Mira al mundo desde un punto de vista que no es el de nuestra clase de experto, de las élites. Es un hombre de negocios. Quiere llegar a un lugar, tiene un objetivo. En las últimas decenas de años, el mundo no ha funcionado de esa manera. Ha funcionado por procesos. Teníamos el proceso de Oslo, el proceso entre Obama y los iraníes. Esos procesos llevaban tiempo y nunca llegaban a destino; casi siempre terminaba mal. En el medio, muchas negociaciones, muchas proclamaciones, y todos se quedaban contentos. No creo que Trump siquiera entienda eso. Eso es lo que lo hace tan desorbitante. Él va a su objetivo. Se puede comparar con las escenas finales de la película El padrino, cuando Michael Corleone ajusta las cuentas con los enemigos de la familia. Trump está ajustando cuentas con el mundo de la pos Guerra Fría que él encontró y ha encontrado siempre como enemigo de los intereses de los Estados Unidos. Y va directo a ese objetivo. Y tiene una manera única. Nunca se me ocurrió que iba a ser lo que hizo en Venezuela. Yo no tenía idea, no sabía ni que era posible. Se supone que estamos en gran conflicto con los chinos, pero su manera de sostener ese conflicto es quitarle a los chinos el petróleo. Eso tampoco se me ocurrió. Estaba viendo fotografías de líneas de carros en China tratando de cargar gasolina, porque los precios están subiendo. Desde un punto de vista económico y de necesidades, suena como loco. Muchas veces Trump dice cosas que no tienen sentido. Algunas veces lo dice para confundir a sus enemigos. A veces lo dice porque no para de hablar. Yo vengo de Cuba: Trump tiene un poquito de Fidel Castro, habla demasiado, pero hay que separar el ‘Trump hablando’ del ‘Trump haciendo’. Son personas muy diferentes. De lo que está haciendo, se puede ver una estructura emergiendo. Su ideal es como un mundo abierto para los negocios, que es lo que quiere hacer, donde la preponderancia de la realidad de los Estados Unidos, de la economía o en lo militar, y se refleje en todas las estructuras. Por personalidad, no es un tipo que pueda elegir una estructura, pero las estructuras se están creando. Tiene gente a su alrededor como Marco Rubio, otro cubano, que es mucho más adepto a eso, a entender cómo se pueden cambiar las estructuras en favor de lo que tiene que hacer.

Petróleo, ¿el objetivo de Trump o la herramienta para un mundo según Trump? ¿Un nuevo Putin?

-Muchas cosas interesantes en este primer análisis que usted hace. Por un lado, una personalidad, la de Trump, que es un factor para encontrarle sentido a lo que está pasando. Por otro lado, un objetivo estratégico, el petróleo. Ese objetivo conecta Venezuela y la extracción de Maduro con Irán, según usted explica. Y en el trasfondo China, según su planteo, con Trump intentando dañar a China con la provisión de petróleo. ¿El petróleo es un objetivo o es realmente la herramienta para llegar al objetivo de empardar la influencia de China en el orden económico global?

-Bueno, hay que esperar, no se sabe. Lo que me sorprende es que Trump haya tomado esa ruta. Yo hubiera pensado: tengamos más barcos de guerra, tengamos más aviones de guerra, paguemos más a nuestros militares. Pero no es lo que Trump está haciendo. Trump siempre tiene un punto de vista muy original. Estados Unidos es autosuficiente en energía, no necesitamos petróleo, pero China no lo es. Y Trump está tratando de poner el foco ahí. No es que le está negando el petróleo a China: al contrario, le están vendiendo a los chinos el petróleo de Venezuela, por ejemplo. Pero en cualquier momento, si Estados Unidos se pelea con China, le puede cortar ese flujo. Que China sepa que podemos cortarle el petróleo es una ventaja estratégica.

-En ese sentido, Trump puede verse en el espejo de Putin, con quien además tiene una relación muy personal. ¿Están haciendo el mismo cálculo mental? Lo planteo en este sentido: Rusia tuvo sobre Europa gran poder a partir de la provisión del gas. La decisión de Alemania, por ejemplo, de desmantelar la producción de energía eléctrica a través de plantas nucleares agravó esa dependencia. ¿Trump aprendió de Putin?

-No, son dos situaciones completamente diferentes. Putin es un fósil de la Guerra Fría. No es ni siquiera un personaje de la pos Guerra Fría. Todavía sueña, aunque no es comunista, con el imperio que fue la Unión Soviética y tiene su mitología, en la cual Ucrania no existe. Entonces Putin actúa a partir de eso y se cree que va a ganar la guerra en dos semanas, y ahí estamos todavía, cuatro años después. Me he equivocado tanto con Trump, pero no creo que Trump quiera conquistar nada. Eso no es lo que le interesa. No es la cuestión de Rubén Darío y la Oda a Roosevelt, con la mención del “futuro invasor”. Si Trump supiera español, recitaría la primera parte de ese poema: los Estados Unidos son potentes y grandes. Y eso es lo que quiere Trump: manejar el mundo para que en cualquier cosa que pase, pese esa primera ley que dice que los Estados Unidos son potentes y grandes. Y todo hay que verlo con Estados Unidos, como en El padrino.

Los EE.UU. de Trump, ¿el hegemón antiglobalización? Latinoamérica, ¿de patio trasero a amiga de Trump?

-En relación con China hay una pregunta insistente hoy: ¿China va a intervenir en este conflicto? ¿Va a apoyar a Irán con armas? ¿Qué va a hacer con Putin y la guerra en Ucrania? Y China siempre se mantiene distante de los conflictos bélicos. Influye con su soft power y comercia y quiere un mundo en paz para seguir comerciando. La guerra estratégica entre los Estados Unidos de Trump y China, desde el lado de Trump, ¿tiene que ver con sostener ese mundo de globalización del comercio y de negocios, pero donde el poder lo tenga Estados Unidos? ¿El objetivo es que el cambio implique desbalancear todo en favor de los Estados Unidos, pero no cambiar el sentido de esa globalización?

-La globalización favorecía a una clase de gente educada, muy orientada al mundo internacional. Pero la gente que vota por Trump es muy diferente. Trump sí quiere acabar con el mundo globalista que surgió después del fin de la Guerra Fría. En su concepción, las naciones deciden entre ellas: te doy esto y tú me das lo otro; me pagas esto y yo te pago lo otro. Para Trump, el actual mundo para hacer negocios, supuestamente abierto, no lo es tal y ha sido muy enemigo de los Estados Unidos porque terminamos comprando demasiados autos de Alemania y demasiados productos industriales de China mientras ellos no nos compran nada a nosotros. Entonces es casi un mercantilismo.

-En esa esa geopolítica que está imaginando Trump a su manera, como una mesa de negociación de real estate en la cual hay una puja de precios y gana el que tiene más poder, China es el enemigo. También juega el mapa de América Latina, en el que viene creciendo la influencia de China en términos de inversiones y de comercio. Trump ve esto. ¿A partir de la amenaza de China es que Trump piensa a América Latina ya no como el patio trasero sino como un territorio estratégico importante?

-Esa es una pregunta muy interesante. La respuesta honesta es que no estoy seguro. El enfoque en Latinoamérica que tiene esta administración hay que pensarlo en relación con tiempos remotos del presidente Kennedy y la Alianza para el Progreso. Los presidentes norteamericanos no le han prestado ninguna atención a Latinoamérica en los últimos cuarenta años. El interés de la administración Trump es sincero. En parte porque han salido espíritus trumpianos en Latinoamérica: el presidente Milei recibe muchísima admiración aquí en los Estados Unidos en el círculo de Trump. Lo mismo Nayib Bukele. Y esto es único, y lo digo yo que soy un viejo, como pueden ver. En América Latina, los gobiernos latinoamericanos de derecha o de izquierda, demócratas o dictaduras se mantenían a distancia de los Estados Unidos por lo mismo que decía Rubén Darío, que era el futuro invasor. Pero ahora hay un grupo de líderes que están contentos y no tienen problema con decir que no solo son pro americanos, lo que es completamente nuevo y va contra toda tradición, sino que son pro Trump, son amigos de Trump. Milei ha sido una influencia inmensa en la administración de Trump. Todo lo de Elon Musk y el DOGE (Departamento de Eficiencia Gubernamental) cuando empezaron a cambiar la estructura del gobierno federal, todo eso se podía ver en Milei cuando empezó a hacerlo en la Argentina. Desde aquí, lo estaban mirando y decían: ‘Ah, eso es lo que hay que hacer y se puede hacer’. Y sí, los chinos estaban metiéndose en América Latina, pero ahora están siendo botados. Por ejemplo, los han botado de Panamá, donde tenían los dos puertos a los dos lados del Canal. Creo que en Perú pasó lo mismo, pero es más que eso. Y ahí está el señor Marco Rubio, que conoce la región. También habla fluido en español, suena tan cubano como yo. Está restableciendo la idea de que primero tenemos que arreglar este continente antes de que nos metamos en otro. Cuba será la próxima.

De Trump, Venezuela y Cuba al mundo Bush. ¿Más negocios que cruzada democrática?

-Quiero detenerme primero en Venezuela. Extrajeron a Maduro y, en los primeros días posteriores a su detención, surgió una expectativa en el exilio venezolano y en todo el mundo de que ese cambio de régimen, con Delcy Rodríguez como presidenta delegada de los Estados Unidos de Donald Trump, iba a iniciar una transición democrática. Pero eso no se está viendo. Lo más notorio es que hay una revitalización del negocio petrolero y no tanto de la de la democracia. Esta estrategia de Trump de fortalecer a los Estados Unidos como el poder hegemónico, este capitalismo a la Trump esparciéndose en el mundo, ¿no conecta necesariamente con una expansión de una democracia más fortalecida?

-Cuando yo estaba en la embajada norteamericana de Asunción, Paraguay, el objetivo de esa embajada era proteger la democracia que había empezado en Paraguay.

-¿En qué año era eso?

-Mediados de los 90. Nos planteábamos cómo podemos hacerlo, cómo se puede mantener o ayudar a la democracia; es un tema de los paraguayos, ellos van a decidir si quieren democracia o no quieren democracia. Y muchos años después, vino George Bush y decidió que quería hacer una cruzada por la democracia en el mundo. La democracia se probó en Gaza y ganó un grupo terrorista. Bush conquistó Irak y trató de mantener una democracia, pero terminó en una guerra civil. Todo eso es lo que Trump no quiere hacer. Ha sido una maniobra muy hábil mantener a Delcy Rodríguez y un esqueleto de la dictadura que tenían antes. En mi opinión caerá, pero caerá más despacio. Eso permite que nosotros los americanos, no tengamos que intervenir y gastar dinero y vidas para tratar de mantener esa situación. Lo mismo va a hacer en Cuba.

-¿No puede salir el tiro por la culata, en el sentido de que el régimen chavista ahora en manos de Delcy Rodríguez se consolide a partir de una revitalización de la producción de petróleo en Venezuela?

-Sí. Todo lo que hace Trump tiene mucho riesgo y puede fallar de muchas maneras diferentes. Hasta ahora no ha pasado, y eso me hace pensar que es menos loco de lo que creemos. Pero sí, Venezuela, un país que conozco menos que Cuba, esas dictaduras, cuando se empiezan a desmoronar, es difícil poder mantenerlas. Delcy Rodríguez no es una figura como Maduro, y mucho menos como Hugo Chávez. Delcy Rodríguez simplemente está ahí, traicionó a su jefe y todos saben que está a disposición de los Estados Unidos. Los presos políticos están saliendo, las cosas se están abriendo mucho más. No es la transición a la democracia. Es: ustedes están manteniéndose, pero van a hacer lo que decimos nosotros. Esa estrategia se puede discutir, pero funciona.

-Ahora sí vamos a Cuba, un país al que lo une su historia personal. Cuba no tiene petróleo: ¿ quiere decir que hay menos interés de parte de los Estados Unidos, de los Estados Unidos de Trump y de Marco Rubio, aunque tiene origen cubano, por intervenir más directamente en Cuba?

-Cuba tiene bases chinas, es decir, que ahí los chinos tienen un lugar desde donde observar a los Estados Unidos, así que sí están interesados en Cuba. Y es momento de ajustar cuentas. No tengo idea de lo que van a hacer en Cuba, pero me parece muy claro que van a hacer algo, y probablemente la mayoría de los cubanos, amigos y familiares míos en Miami se van a ver muy decepcionados, porque posiblemente sea algo parecido a lo que pasó en Venezuela: van a elegir a alguien en la estructura del gobierno actual, del régimen. Y pueden decir que los Castro se pueden ir a España a gastar sus millones, o que Díaz Canel no nos gusta, que se vaya y que ahora vamos a abrir la isla para negocios. Está muy cerca de los Estados Unidos, a 90 millas de Cayo Hueso, casi que se puede ir caminando. Además, el caso de Cuba es diferente al de Venezuela. Cuba no sólo no tiene petróleo; Cuba no tiene nada. Cuba importa su vida, importa su energía, importa sus medicinas. Y tiene que hacerlo con divisas y no produce nada, no vende nada, así que no tienen divisas, y lo poco que tienen, se lo lleva la gente del régimen a bancos extranjeros. Entonces es posible que Cuba viva uno de esos momentos con gente que se tira a la calle y el gobierno tambalea y entonces Trump decida que es hora de intervenir. Eso es posible.

Entre las autocracias y la IA, ¿salto de escala del poder de EEUU? ¿Puede cambiar el mundo si pierde Trump?

-Últimas cuestiones, Martin. En la pandemia, se consolidó un sistema de autocracias que estaban jaqueadas por Occidente, con bloqueos financieros y otras cuestiones geopolíticas. Me refiero a Irán, Rusia, Cuba, Venezuela. Pero en los últimos meses esas alianza no se han mostrado productivas a la hora de apoyar militarmente, por ejemplo, a Venezuela y resistir el envión de Trump y la detención de Maduro. En el caso de China, no salió a apoyar significativamente a Rusia: sigue cerca de Rusia en el tema de Ucrania, pero no está interviniendo directamente en la guerra. Y ahora con Irán pasa lo mismo. Por un lado, ese tema. Y por otro lado, la inteligencia artificial (IA), que lleva toda esa realidad a otra escala. Vimos la puja entre Anthropic y el Pentágono y los Estados Unidos por el control de las armas autónomas y la vigilancia masiva. ¿Esos dos escenarios, autocracias que no están siendo muy efectivas en su red de contactos y la IA escalando a una operatividad impensada antes, hacen que la lectura sobre el alcance de la influencia de los Estados Unidos sea completamente otra, de aquí hacia el futuro?

-Sí. Estamos viviendo los primeros momentos de una transformación colosal, y no voy a decir cómo va a terminar porque no creo que nadie lo sepa, ni el señor Trump ni Javier Milei, ni Putin, ni los chinos. Nadie lo sabe. La IA puede terminar en lugares completamente opuestos. Puede ser una gran liberación que, por ejemplo, pueda educar a los pobres de una manera que no es posible hoy; puede liberar a la gente del trabajo y en el futuro, todos nosotros podríamos ser como aristócratas, todos convertidos en poetas y filósofos. O puede ser lo opuesto: puede ser que haya un grupito que sabe cómo utilizarla y que la IA se convierta como en Dios y ellos sean como los papas o como el Vaticano, y el resto de nosotros tengamos que obedecer. Puede terminar en cualquier extremo, o en cualquier lugar en el medio. Y geopolíticamente, el mundo está en cambio. Es muy interesante ver que la rebelión contra el sistema geopolítico que hemos tenido desde el fin de la Guerra Fría, que todo el mundo cree que fue favorable a los Estados Unidos, surge en los Estados Unidos y es Estados Unidos el que lo está desmoronando porque Trump no piensa eso: piensa que era muy enemigo de Estados Unidos. ¿Dónde va a terminar eso? No lo sé. También es interesante que ni los chinos ni los rusos han levantado un dedo para defender a Maduro o a Irán. Todo el mundo lo está viendo. ¿A dónde vamos? Vamos al cambio: es todo lo que puedo decir. Vamos a un cambio que va a ser colosal aun dentro de las sociedades democráticas por lo de la IA, y dentro del mundo geopolítico porque están cambiando las estructuras, las Naciones Unidas, por ejemplo, ya no cuentan nada. Todo ha cambiado.

-La última pregunta: hay elecciones de medio término en los Estados Unidos en noviembre. Histórica y estadísticamente, los oficialismos pierden esas elecciones. Es decir, hay probabilidades de que Trump pierda las elecciones y que tampoco vuelva a ser presidente cuando termine su mandato. Si este mundo está tan atravesado por la personalidad negociadora de Trump, ¿la salida del poder de Trump puede alterar las fichas de este cambio tan profundo que usted señala?

-Es una pregunta interesantísima y podríamos discutirlo por la próxima media hora. Se vincula con la teoría del gran hombre de la historia en la que la mayoría de los historiadores no cree; son ateos de la grandeza. Pero me parece que hay algo en eso. Uno mira a la gente alrededor de Trump, y se ha rodeado de gente muy inteligente y muy capacitada, pero no son Trump, son gente normal; mientras que Trump es una especie de fenómeno. Todavía le quedan tres años, así que puede hacer muchos cambios. En relación con las elecciones, casi seguro que va a perder el Congreso. Probablemente los republicanos se mantengan en el Senado, pero Trump es Trump, y ni Marco Rubio ni Hegseth ni toda esa gente tan capacitada alrededor de él lo equipara. Si gana un Marco Rubio y es el próximo presidente, como una conspiración de los cubanos, quién sabe cómo va a impactar en los cambios que estamos hablando. Habrá un tremendo cambio. Y no te olvides de que Trump va a estar en Mar a Lago, aún con un presidente de su partido como Rubio o Vance, diciendo que está haciendo mal esto o lo otro, por qué hacen esto.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/martin-gurri-trump-es-menos-loco-de-lo-que-todos-creemos-nid15032026/

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