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Meta ya no sabe cómo frenar las burlas y recelos hacia su producto estrella

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Meta ya no sabe cómo frenar las burlas y recelos hacia su producto estrella

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Las nuevas “gafas” inteligentes de Meta llevan unas semanas a la venta. Permiten grabar, escuchar música o charlar con la IA y ya no son solo el modelo de Ray-Ban. Ahora hay un montón, incluido uno diseñado por la influencer Kylie Jenner, que en España se venden por 419 euros, las más caras.

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Con este lanzamiento global ha llegado también una campaña del grupo activista Everyone Hates Elon, basado en Londres, con al menos tres carteles: “Gafas para gente que no va de consentimientos”, escriben sobre una imagen del pedófilo Jeffrey Epstein. Han cambiado también el anuncio donde aparece Jenner con otro eslogan: “Meta. Siempre os estamos vigilando”. Y su tercer lema es sobre unas simples gafas Meta: “El mayor avance en tecnología para pervertidos desde la gabardina”. EL PAÍS ha mandado un mensaje al grupo activista para saber el impacto de su campaña, pero no ha obtenido respuesta.

La referencia a gafas de pervertidos no es nueva. Es un argumento tan repetido en redes que Instagram, una plataforma también de Meta, ha decidido actuar: prohibirá los videos grabados con las gafas de Meta que muestren acoso a desconocidos. El anuncio lo hizo Adam Mosseri, responsable de Instagram: “No queremos que la gente grabe a otros a escondidas para acosarlos y luego lo publique en nuestra plataforma”. Son sobre todo dos tipos de grabaciones muy controvertidas: bromas a trabajadores, que pueden resultar humillantes, y videos de ligar, en los que mujeres son asaltadas y grabadas sin consentimiento por supuestos artistas del ligue.

Aparte de la dificultad de detectar estos videos en Instagram, no está claro qué pasará con estas grabaciones en otras redes. Las gafas seguirán permitiendo filmar estos videos. La solución de Instagram parece, de momento, un simple parche. “La gente usa nuestras gafas porque les resultan útiles”, dijo al diario EL PAÍS un portavoz de Meta. Pero también quieren proteger la privacidad: “Todas llevan un led que parpadea cuando haces una foto o un video. No se puede desactivar, y si alguien lo tapa o daña, la cámara no funciona”.

Esta pequeña luz led soporta una enorme carga de responsabilidad: es la única señal con la que cuenta el resto de personas para saber si alguien las graba. Hasta ahora, era fácil tapar o desactivar esa luz, pero Meta asegura que lo ha complicado. “Hay comunidades enormes de usuarios que buscan desactivar el led, taparlo o burlarlo, y Meta contraataca con actualizaciones que pillan el apaño y anulan la cámara”, dijo Joseph O’Hagan, investigador de la Universidad de Glasgow. “Hay que reconocerle a Meta que cada vez cuesta más taparlo o desactivarlo: el método más habitual hoy parece ser un taladro para arrancarlo”.

Es innegable que este tipo de lentes se usa para grabar situaciones donde no quiere usarse un móvil, dice O’Hagan: “Hemos visto a usuarios justificar que tapan el led por motivos variados: querer sacar fotos a hijos a quienes no les gusta salir en ellas; querer grabar videos de vacaciones o conciertos sin que la gente de alrededor se dé cuenta. Pero también hay una percepción creciente de que esto facilita comportamientos turbios, sobre todo con mujeres”.

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Una investigación de medios suecos en febrero demostró que estos temores están justificados. Revelaron que el material captado por las gafas de Meta acaba siendo revisado por trabajadores de una empresa en Kenia. Sus empleados describían haber visto grabaciones con personas desnudas en el baño, escenas de sexo, tarjetas bancarias visibles por descuido, usuarios mirando pornografía.

Esas grabaciones son solo uno de los problemas. Algunas noticias recientes y declaraciones del jefe de Meta, Mark Zuckerberg, ahondan en el desafío. Quien no lleve gafas tendrá una “desventaja cognitiva bastante significativa”, dijo Zuckerberg hace un año, y este miércoles insistió con que “en cinco años es casi seguro que habrá miles de millones de personas con un agente personal que entienda sus objetivos y trabaje por ellos las 24 horas”. Ese agente dependería de unas gafas que graben toda la vida del usuario, que podrían contar con reconocimiento facial e incluir un sistema de “detección permanente”: la montura grabaría audio y sacaría fotografías cada pocos segundos, creando un registro para que el asistente de IA sepa dónde dejaste las llaves o qué te dijo alguien en la comida.

Uno de los problemas principales de los lentes hasta ahora es que los beneficiados son los usuarios y los perjudicados son los demás. Nadie gana nada al ser grabado por la calle sin saberlo. La gente parece estar dispuesta a ceder privacidad a cambio de algo muy útil, como ha ocurrido con el celular, las aplicaciones y la vigilancia masiva. Ese tipo de acuerdo tácito con los anteojos será mucho más complicado. Los perjuicios y beneficios serán de una profundidad difícil de imaginar.

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Todo se podrá explotar: “De la transcripción del habla a la escucha clandestina hay un paso muy corto; y una función que describe el estado emocional de tu interlocutor, pensada para personas con alexitimia , puede acabar sirviendo para detectar cuándo alguien es vulnerable para manipularlo. Son tensiones que aparecen cuando las capacidades de estas gafas van por delante de sus protecciones”, explicó Mark McGill, también investigador de la Universidad de Glasgow.

Una opción sería quitar la cámara de los lentes, lo que las convertiría en un objeto menos útil. Los anteojos siguen vendiéndose mucho: solo en 2025 fueron siete millones de unidades. Con este ritmo y más novedades, puede pensar Meta, la gente las adoptará a pesar de los riesgos. Pero es un debate en marcha y campañas como la de Everyone Hates Elon llegan a mucha gente.

“Necesitamos un enfoque de la privacidad mucho más sofisticado, que regule cuándo, dónde y cómo pueden usarse las cámaras y los micrófonos en los dispositivos que llevamos puestos, qué puede hacerse con el material captado”, aseguró McGill y agregó: “La utilidad ‘turbia’ de las gafas inteligentes podría reducirse si las terceras personas que aparecen, fueran difuminadas o sustituidas cuando no haya un consentimiento claro. También tenemos que replantearnos la legislación sobre grabación en espacios públicos, concebida en una época anterior a estas cámaras que llevamos puestas”.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/tecnologia/meta-ya-no-sabe-como-frenar-las-burlas-y-recelos-hacia-su-producto-estrella-nid31072026/

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