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Nepotismo en Corrientes: debate encapsulado por una práctica extendida y vigente en todo el país

CORRIENTES.- El debate por la candidatura de Juan Pablo Valdés, hermano del gobernador Gustavo Valdés, volvió a poner en el primer plano un viejo fenómeno de la política argentina: el nepotism...

Nepotismo en Corrientes: debate encapsulado por una práctica extendida y vigente en todo el país

CORRIENTES.- El debate por la candidatura de Juan Pablo Valdés, hermano del gobernador Gustavo Valdés, volvió a poner en el primer plano un viejo fenómeno de la política argentina: el nepotism...

CORRIENTES.- El debate por la candidatura de Juan Pablo Valdés, hermano del gobernador Gustavo Valdés, volvió a poner en el primer plano un viejo fenómeno de la política argentina: el nepotismo, es decir, la designación o promoción de familiares en la función pública.

Más allá de la polémica, se trata de una práctica cuyos primeros registros se remontan a la Antigua Grecia, pero que persiste en distintos niveles del Estado y que, aunque es criticada en el plano institucional, suele ser aceptada socialmente en nombre de la confianza y la continuidad.

Para la Real Academia Española, es la “desmedida preferencia que algunos dan a sus parientes para las concesiones o empleos públicos”. El término deriva de la palabra nepote o nipote, “sobrino” en italiano, y viene de la tradición medieval de los Papas de nombrar familiares como cardenales de la Iglesia.

Luego se extendió al uso laico en las empresas privadas y en la administración pública. En Corrientes, la propuesta oficialista de que Juan Pablo suceda a su hermano en la gobernación es señalada por la oposición como un intento de consolidar una “dinastía provincial”.

Porque, además de ser “el hermano de”, proviene de un prolongado linaje político transversal: madre peronista, padre y tío radicales con gestiones de gobierno locales en Ituzaingó, y provinciales, con cargos partidarios y legislativos, hasta la elección de Gustavo Valdés en el gobierno.

Pero más allá de la crítica puntual, el de Juan Pablo no es un caso aislado ni novedoso. Sucede que “la elite política correntina se conformó desde el siglo XIX a partir de las llamadas familias patricias, descendientes de los primeros pobladores. El proceso de independencia y las luchas por la organización nacional consolidaron su posición social. Y a lo largo del siglo XIX —sobre todo en la segunda mitad— se incorporaron algunos inmigrantes europeos que, gracias a su éxito económico, lograron ascender e integrarse a este sector.

Esos vínculos de parentesco, reforzados mediante matrimonios estratégicos, aseguraron la cohesión y permanencia de esa elite”, dijo a LA NACION la historiadora e investigadora del Conicet, Marimar Solis Carnicer.

Recordó incluso que según un estudio del genealogista Juan Cruz Jaime, autor del libro “Corrientes, poder y aristocracia”, “entre 1821 y 1945 Corrientes fue gobernada en un 76% por descendientes de apenas diez personas”.

“Con la irrupción del peronismo se abre una segunda etapa (1946-2001), en la que se reduce el número de familias dominantes, pero se concentra aún más el poder en cuatro clanes: Romero Feris (50%), Casajús (25%), Torrent (13%) y Díaz Colodrero (12%), responsables de ocupar la gobernación y la vicegobernación”, aunque “los lazos de parentesco extendían su influencia más allá del poder ejecutivo, abarcando también el legislativo y el judicial”.

Los Romero Feris e incluso los Leconte, con parientes, allegados y partidarios, son herederos de una lógica pactista de principios del siglo XX. José Antonio Romero Feris fue legislador provincial y nacional, embajador, hasta que en 1983 se convirtió en gobernador.

Por las reglas de alternancia del Pacto Autonomista-Liberal, en 1987 el candidato fue Leconte, y también fue gobernador.

En 1991 el candidato debía ser autonomista: el hermano Raúl Rolando “Tato” Romero Feris, quién se consagró dos años después, producto de una crisis profunda que se zanjó con una reforma constitucional que eliminó el Colegio Electoral.

Este esquema de poder repartido colocó a las esposas de ambos hermanos Romero Feris en la legislatura y en la intendencia de Capital. Más tarde uno de los hijos de “Pocho” probó suerte con la política y fue legislador. El hijo de Leconte encabeza hoy la lista de diputados de La Libertad Avanza.

Tradición familiar

Si bien en la literatura regional no abundan los estudios que analicen el nepotismo en los gobiernos de Corrientes, los trabajos sobre genealogía permiten advertir una reiteración de los apellidos en los tres poderes del Estado. Incluso con antecedentes que comienzan a aparecer a mediados del siglo XIX, la elite dirigencial correntina va repitiendo patrones y herencias.

Es por eso que más allá de la queja obvia por la designación de Juan Pablo Valdés como candidato oficialista a la sucesión, el tema no se convirtió en un eje de campaña. Primero, porque los principales candidatos para las elecciones de este domingo, incurrieron o incurren en la misma práctica.

Ricardo Colombi gobernó tres veces la provincia desde la recuperación institucional de 2001, luego de la crisis social y política de 1999 que terminó en intervención federal y que hizo, entre otras cosas, que Corrientes tenga desfasado su calendario electoral.

Cuando tuvo que irse en 2005, porque la Constitución Provincial no permitía la reelección (cosa que cambió con la reforma de 2007), nombró a su primo Arturo como sucesor. Por portación de apellido, Arturo garantizaba el triunfo y lo hizo, pero ya en el gobierno la cosa salió mal y los parientes aun se encuentran distanciados.

Martín “Tincho” Ascúa, el candidato del peronismo, tiene a una hermana en el Senado provincial y a otros miembros de su clan en el municipio que gobierna hace casi 8 años: Paso de los Libres.

Conocidos son en Corrientes, en tanto, las designaciones estatales o institucionales de varios miembros de la familia de Lisandro Almirón, el postulante de La Libertad Avanza, sin contar lo que sucede con su principal socio político local, Pedro Cassani, quien además de ser un hombre de dilatada relación con el Estado, y ser presidente de la Cámara de Diputados hace 16 años, viene redireccionando la política de su partido bajo la proa de una obsesión: que su hijo Pedrito sea intendente de Goya.

Hay más: Evelyn Karsten, candidata a vice de Almirón, es sobrina directa de “Pocho” y “Tato” Romero Feris. Todo ello sin contar las listas del interior. Además de gobernador y vice, 5 senadores y 15 diputados provinciales, Corrientes elegirá este domingo 73 intendentes y concejales en esas comunas. Allí abundan los hermanos, esposas, cuñados y cuñadas y demás categorías parentales, razón por la cual la crítica del nepotismo quedó encapsulada en publicaciones marginales de las redes sociales.

Una práctica extendida

El caso de Corrientes, que por extensión negativa suele catalogarse bajo el genérico de “feudos provinciales”, no es una excepción sino una característica de la política provinciana, pero también nacional. En San Luis, por ejemplo, la familia Rodríguez Saá gobernó alternadamente varias décadas, con Adolfo y Alberto como referentes centrales de un modelo político que convirtió al apellido en sinónimo de poder provincial.

Algo similar ocurrió en Santiago del Estero, donde el “juarismo” de Carlos Juárez se sostuvo durante décadas a través de mandatos sucesivos y la influencia directa de su esposa, Nina Aragonés.

Tras la intervención federal de 2004, la hegemonía política provincial continuó bajo la conducción de Gerardo Zamora y su esposa, Claudia Ledesma Abdala, en una continuidad familiar que consolidó otra forma de dinastía política.

Santiago del Estero y Corrientes son, de hecho, las únicas provincias que este año eligen gobernador, entre otras cosas como producto de sucesivas intervenciones federales.

Están también los Sapag y la dinastía política en Neuquén. Felipe Sapag fue uno de los fundadores del Movimiento Popular Neuquino (MPN) en 1961 junto con su hermano Elías, inaugurando una historia de poder casi sin interrupciones en la provincia. Felipe gobernó en cinco ocasiones, y su liderazgo se transformó en una piedra angular del MPN, perpetuando la idea de “feudo político-familiar” que supo reacomodarse para gobernar con radicales, peronistas, militares, progresistas y conservadores durante seis décadas.

La situación de Juan Pablo Valdés remite inevitablemente, además, a un antecedente reciente en San Juan: en 2023, el entonces gobernador Sergio Uñac intentó colocar a su hermano como sucesor, ante la imposibilidad de reelegir. La Corte Suprema lo inhabilitó para competir por un tercer mandato y en su lugar, Sergio propuso a Rubén como candidato a gobernador por el Frente Justicialista. Sin embargo, en las elecciones de julio de ese año, Marcelo Orrego (JxC) ganó con el 51%, mientras que los sublemas peronistas —incluido el de Rubén— quedaron en tercer lugar.

“Esa constelación de ‘agrupamientos familiares’ o nepotismos se manifiesta como un rasgo típico de una sociedad tradicional en que “la fuerza del grupo compensa la debilidad del Estado”, introduciendo deformaciones en la vida republicana.

De allí, la gran importancia otorgada al control de la sucesión política”, escribió hablando del tema Casilda Mottet de Tenerani, profesora de Historia en la Universidad del Nordeste, quien ya en 2001, a propósito de la llegada de Ricardo Colombi al gobierno de Corrientes, recordó que “lamentablemente el fenómeno del nepotismo no desapareció de la escena política con la llegada del radicalismo al poder”.

“Bajo un nuevo ropaje en la actualidad pervive en algunas provincias como nepotismo populista (...), sustentándose en una clase política conformada por clanes o dinastías familiares y cultivando un arraigado tradicionalismo cultural”.

Nepotismo federal

En el plano nacional, el nepotismo también tiene antecedentes. Durante el kirchnerismo, la sucesión de Néstor y Cristina Kirchner en la presidencia fue presentada por sus detractores como un ejemplo de concentración familiar del poder, y la carrera política de Máximo Kirchner en el Congreso profundizó ese debate.

En la década de 1990, el presidente Carlos Menem también fue cuestionado por ubicar a allegados y familiares en cargos de responsabilidad. Hoy, 35 años después, el apellido Menem sigue nutriendo organigramas provinciales, sobre todo en La Rioja, pero también en la cúspide del poder nacional. Y con cuestionamientos, relacionados con hechos de corrupción, que los sigue como su propia sombra.

Finalmente, hay que recordar que a poco de asumir Javier Milei el tema nepotismo reapareció con fuerza, pues el presidente derogó el decreto de 2018 que había firmado Mauricio Macri y que prohibía la designación de familiares directos en el Poder Ejecutivo.

Esa decisión habilitó formalmente la incorporación de su hermana, Karina Milei, como secretaria general de la Presidencia, un rol central en la gestión libertaria. El propio Presidente defendió la medida argumentando que la confianza personal era más importante que cualquier restricción normativa.

Una nota de LA NACION, publicada en junio de 2023 sobre la base de una consultoría hecha en todo el país, daba cuenta de la contratación en el Estado de al menos 146 parientes de los principales funcionarios en muchas provincias.

La persistencia del nepotismo en la política argentina revela una tensión de fondo: mientras desde el punto de vista institucional se lo critica como una práctica que debilita la igualdad de oportunidades y la transparencia, en el terreno social muchos lo consideran aceptable —e incluso positivo— porque ofrece continuidad, lealtad y la garantía de que el poder queda en manos “conocidas”.

Esa dualidad explica por qué, pese a los cuestionamientos, los apellidos familiares siguen ocupando un lugar central en la vida política del país.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/politica/nepotismo-en-corrientes-debate-encapsulado-por-una-practica-extendida-y-vigente-en-todo-el-pais-nid31082025/

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