No hay delivery para la felicidad
La felicidad no es un juego de suma cero en el que, sin otra alternativa, se pierde o se gana. Ese tipo de juego en el cual lo que obtiene el ganador es exactamente igual a lo que pierden los demá...
La felicidad no es un juego de suma cero en el que, sin otra alternativa, se pierde o se gana. Ese tipo de juego en el cual lo que obtiene el ganador es exactamente igual a lo que pierden los demás, y solo vale ganar. Así, a menudo, el fin justifica los medios. Plantearse la felicidad como meta deja expuesto a quien lo hace a sentirse infeliz durante cada minuto en que no la alcance. Y el efecto resulta más dramático cuando se conecta el logro de la felicidad con un motivo único y excluyente. En ese caso lo peor que puede ocurrir no es fracasar en el propósito, sino exactamente lo contrario: conseguirlo y no sentirse feliz. El éxito económico, la consagración en la profesión, la formación de una familia, una mudanza al país, la región o el escenario soñado, el romance perfecto con la persona ideal, la remodelación del propio cuerpo, la obtención de un determinado premio son apenas algunas de las metas (acaso las más trilladas) que las personas suelen fijarse como sinónimo de felicidad. También resultan ser aquellas que, una vez obtenidas, inhiben de nombrar la insatisfacción o el desasosiego que suele sobrevenir en el mediano plazo. No está bien visto ganar el premio y quejarse.
La felicidad, entonces, será el resultado de una manera de estar en la vida y de atravesar la existencia
Al poner la felicidad como meta, y al centrarla en una única posibilidad, se abre un campo de estrés y ansiedad que se conoce como “falacia de la llegada”, termino creado por el israelí-estadounidense Tal Ben Sahar, profesor de psicología positiva en Harvard y autor, entre otras obras, de Estudios sobre la felicidad y Elige la vida que quieres. A fines de los 90, cuando era un joven y brillante jugador de squash de elite, Ben-Sahar se propuso obtener uno de los trofeos internacionales más preciados en ese deporte. “Si lo gano seré feliz”, se dijo. Y lo ganó. Pero la alegría duró poco. Pronto apareció una sensación de cansancio y de vacío. Notó que lo mismo le ocurría con otras metas profesionales y deportivas en las que ponía las expectativas de felicidad. Se convirtió en investigador y estudioso del fenómeno que lo condujo a una paradoja. Aunque es reconocido como especialista en psicología positiva (la disciplina del “tú puedes”, “si sucede conviene” y otras peligrosas incitaciones a huir de la confrontación con los procesos psíquicos profundos), Ben-Sahar enseña en sus cátedras y en sus libros que la felicidad no llega con sólo quererla, que en el camino hay frustración, que no se pueden evitar los procesos que anteceden a los resultados, y que la dicha anhelada no es algo absoluto que se obtiene de una vez y para siempre y en una única fuente.
Es que quizás la mejor manera de dar con la felicidad consista en dejar de buscarla, y en poner la atención y la proa en sucesos, encuentros, revelaciones y relaciones que tapizan nuestra vida cotidiana y sobre los cuales solemos pasar sin advertirlos. Acaso la felicidad sea, al final del viaje, un rosario de experiencias que nos atravesaron (y nos constituyeron, nos llevaron a ser quienes somos) mientras la buscábamos en otra parte. Y quizás esas experiencias no hayan estado vinculadas a una única cuestión, sino al complejo y misterioso hecho de vivir. La felicidad, entonces, será el resultado de una manera de estar en la vida y de atravesar la existencia.
A esto se refería, posiblemente, el gran dramaturgo trágico griego Eurípides, a quien se deben obras como Medea, Las troyanas, Ifigenia en Áulide y Electra, entre otras, cuando, en el siglo V antes de Cristo, afirmó: “Jamás llames feliz a un mortal hasta que no hayas visto cómo, en su último día, desciende a la tumba”. Como si la felicidad fuera el rastro de una vida, su consecuencia, y no un punto de llegada. Un consejo no apto para ansiosos, para voluntaristas ni para quienes quieren todo y lo quieren ya. La mala noticia para ellos es que la felicidad no se consigue vía delivery. Es una delicada obra de artesanía existencial.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/no-hay-delivery-para-la-felicidad-nid08022026/