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Nos metemos en el universo creativo de Ana Manghi y sus piezas únicas en vidrio que dan identidad a cada espacio

“Soy distinta, siempre lo fui. Desde chica, era muy clara mi vocación artística. Nunca sentí que encajara del todo en ciertos espacios, por mi manera particular de abordar las cosas. Pinto y c...

Nos metemos en el universo creativo de Ana Manghi y sus piezas únicas en vidrio que dan identidad a cada espacio

“Soy distinta, siempre lo fui. Desde chica, era muy clara mi vocación artística. Nunca sentí que encajara del todo en ciertos espacios, por mi manera particular de abordar las cosas. Pinto y c...

“Soy distinta, siempre lo fui. Desde chica, era muy clara mi vocación artística. Nunca sentí que encajara del todo en ciertos espacios, por mi manera particular de abordar las cosas. Pinto y creo desde los 6, cuando me anotaron en la Escuela de Bellas Artes”, nos contó Ana Manghi, artista plástica y diseñadora que nos abrió las puertas de su casa donde exhibe su arte en cada rincón: piezas únicas de vidrio soplado, algunas baldosas decoradas, recuerdos de sus viajes y cuadros que pintó a lo largo de su carrera.

La casa de Manghi no es una casa cualquiera: es la última obra del arquitecto Horacio ‘Bucho’ Baliero, destacado docente y referente del espíritu vanguardista que transformó la arquitectura en los años 50. Ubicada en el límite entre Villa Crespo y Palermo, se impone con su diseño funcionalista y un imponente paredón blanco.

Su camino

La infancia de Ana estuvo marcada por pequeños grandes triunfos: ganaba concursos de manchas y siempre era la alumna elegida para ayudar a sus maestras en las decoraciones de los actos escolares. Es hija de un arquitecto y una docente en Física y Química: “Mis padres apostaron fuerte por mí: cultivaron mi talento y me brindaron todo tipo de estímulos desde muy temprana edad”, recuerda.

Su conexión con el arte se remonta a sus abuelos. “Mi abuela paterna era muy habilidosa: pintaba, cosía, bordaba y hacía cerámica y mi abuelo materno también era un apasionado del arte”, relató. Ana hizo todo el recorrido formal: pasó por la Escuela de Bellas Artes de Quilmes, luego la Pueyrredón y más adelante la Cárcova con especializaciones en pintura y escultura. Además, hizo varios talleres y clínicas. “Mi formación me habilitó a saltar de una especialidad a la otra. Estudiar arte es un disparador y, aunque podría haber ejercido la docencia, nunca lo hice”.

Hace 20 años la artista plástica es reconocida por sus creaciones en vidrio: baldosas, revestimientos y paños texturados para ventanas, elaborados de manera artesanal mediante la técnica de vitrofusión.

Sus creaciones han estado en numerosas vidrierías, casas de decoración e incluso en algunas ediciones de Casa FOA. “Diseñaba piezas que combinaban arte y funcionalidad en una época en la que casi no existían. Mis creaciones nacen del azar, del juego y hasta del error, y eso me ha abierto puertas hacia nuevos caminos y resultados inesperados. Siempre tuve una inclinación por lo extraño, por lo no convencional”.

Hoy, Ana crea objetos escultóricos que rescatan la técnica milenaria del vidrio soplado. “Empecé a explorar piezas tridimensionales en vidrio, sopladas y sin molde. Aprendí este oficio desde el hacer”.

“El trabajo es una espiral que siempre lleva a más trabajo. El que no hace, no se equivoca. Crear implica estar abierto y perceptivo, porque mientras haces, aparecen nuevas posibilidades”.

“A veces para llegar a una pieza hay muchísimos percances y tengo que hacer varios intentos para recién en el cuarto entender que por ahí no es, e ir por otro lado. Todas las piezas son diferentes y eso las hace únicas”.

“En ocasiones, las piezas no quedan como imaginé, entonces las reinvento. Incluso el descarte se transforma: desarrollo obras a partir de lo que sobra, porque todo puede convertirse en creación”.

“No es fácil el proceso. No es simplemente soplar y hacer botellas, es cómo se altera la pieza con la soplada. De casi todas, sale la forma de una lágrima. Esa sería la forma natural y, cuando se altera, significa que tiene otras cosas interesantes que decir”, contó del proceso, que conlleva el trabajo meticuloso de un equipo de gente. “El soplado es rápido, pero luego hay que cortar, pulir y grabar mi firma debajo, algo que me aconsejó mi amigo y chef Francis Mallmann”.

“Cuanto más audaces, irregulares, rebuscadas y provocadoras son mis piezas, más me atraen. Busco que capten la atención y despierten sorpresa en quien las contempla”.

Los volúmenes protuberantes de Manghi son atemporales, glamorosos y profundamente personales. El vidrio, asociado al lujo y la fragilidad, aporta un toque único a cada pieza, que se vuelven singulares e irrepetibles. “No todo lo que hago responde a una tendencia: las ideas surgen y las plasmo. Con este material puedo crear objetos con gran personalidad, fuertes y distinguidos, que trascienden y dan carácter al espacio que se habita. Hoy la verdadera tendencia es rodearse de piezas distintivas, que marquen la diferencia”, asegura.

“Es encantador que las piezas no tengan una función práctica. Siento que completan el espacio y quedan bien solas y despojadas. Ninguno de mis clientes realmente necesita lo que viene a buscar, porque no se trata de un artículo de primera necesidad; sin embargo, para muchos, se convierte en un alimento para el espíritu”.

A la hora de crear, para Ana es fundamental la disciplina, que está presente en su día a día desde que tiene uso de razón. “Hace 20 años que me levanto a las 6.30 de la mañana para mi práctica de yoga. No sigo una receta; trabajo con múltiples ingredientes, y mi inspiración surge de la combinación de diversos estímulos”.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-living/nos-metemos-en-el-universo-creativo-de-ana-manghi-y-sus-piezas-unicas-en-vidrio-que-dan-identidad-a-nid30112025/

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