Once años después del femicidio que dio origen a Ni Una Menos, Rufino volvió a reunirse para recordar a Chiara Páez
En Rufino, la ciudad que le dio origen a ...
En Rufino, la ciudad que le dio origen a Ni Una Menos, ayer no hubo marcha. Once años después del femicidio de Chiara Páez, que impulsó una de las movilizaciones más importantes de la historia reciente argentina, vecinos, estudiantes, docentes y organizaciones sociales participaron este martes de un acto en la plazoleta que lleva el nombre de la adolescente asesinada en mayo de 2015.
Páez tenía 14 años recién cumplidos cuando fue asesinada por su novio, Manuel Mansilla, en Rufino, el 10 de aquel mes. Estaba embarazada de pocas semanas y, según determinó la Justicia, murió tras ser golpeada en la casa de los abuelos del joven. Su cuerpo fue hallado enterrado en el patio de la vivienda después de una intensa búsqueda que se extendió durante el día y que motorizó a familiares, vecinos, bomberos y fuerzas de seguridad de la ciudad.
La noche anterior, Chiara se había reunido con sus amigas y les había dicho que se encontraría con Mansilla. Como no regresó a su casa, su familia radicó la denuncia a las 5 de la madrugada y a las pocas horas comenzaron los rastrillajes. Mientras la ciudad entera intentaba encontrarla, los investigadores empezaron a detectar inconsistencias en los relatos de su novio. Cercado por las pruebas, Mansilla terminó confesando el crimen.
El hallazgo del cuerpo y las circunstancias del caso provocaron una conmoción que trascendió los límites de Rufino y se convirtió en uno de los detonantes de la primera movilización de Ni Una Menos, realizada el 3 de junio de 2015 en distintas ciudades del país. En Rufino, el crimen dejó una huella profunda: impulsó la organización de colectivos feministas, dio lugar a nuevas formas de militancia y de encuentros entre mujeres, y convirtió la lucha contra la violencia de género en una demanda sostenida de una parte de la comunidad.
View this post on InstagramAyer, el acto conmemorativo en la ciudad santafesina se realizó a las 14.30, en Barrio Jardín, el mismo sector donde fue encontrado el cuerpo de Chiara. Durante la jornada se descubrió un cartel con el nombre de la adolescente, se leyó un documento, hubo intervenciones musicales y se plantaron dos árboles en memoria de Katherin Quinteros y Guadalupe Montoya, víctimas de femicidios ocurridos también en Rufino en 2018 y en marzo de este año.
Quinteros tenía 16 años cuando fue asesinada por su pareja, Oscar Walter Cejas, quien fue condenado a prisión perpetua. Montoya, de 17, fue hallada muerta en una vivienda de la ciudad y por el hecho fue imputado su novio.
Los árboles ayer se sumaron al lapacho rosado plantado en 2025 en homenaje a Chiara, durante la inauguración de la plazoleta que hoy lleva su nombre.
“Fue el acto más convocante después de la primera marcha que se hizo por Chiara”, dijo a LA NACION Vanesa Irurzun, integrante de Mujeres Autoconvocadas de Rufino, el colectivo que organizó la actividad. La agrupación, nacida en 2018, trabaja en acciones de prevención y concientización sobre violencia de género y mantiene encuentros semanales para impulsar distintas iniciativas en la ciudad.
La convocatoria estuvo abierta a toda la comunidad, incluidos los hombres. “Creemos que tienen que formar parte del cambio y escuchar lo que las mujeres tienen para decir”, señaló Irurzun. También destacó la participación de estudiantes de distintas escuelas y el acompañamiento de instituciones locales.
En una ciudad de poco menos de 20.000 habitantes, donde todos se conocen y las etiquetas pesan, el feminismo enfrenta desafíos particulares. “Ser feminista acá no es lo mismo que en una gran ciudad. En un pueblo te ponen la etiqueta y eso es difícil de llevar socialmente”, reflexionó Vanesa.
Para Verónica Camargo, madre de Chiara, la jornada tuvo un significado especial. “Es recordar a Chiara, por quien se empezó a gestar el primer Ni Una Menos, y a tantas mujeres que ya no están”, expresó a este medio. Sobre las actividades realizadas en la plazoleta, agregó: “Colocar el cartel con el nombre de Chiara y plantar los árboles por Katherin y Guadalupe es recordarlas, pero también exigir justicia y seguir trabajando en el cuidado, la prevención y la protección de niñas, adolescentes y mujeres para construir una sociedad libre de violencias”.
Por el femicidio de Páez, Mansilla fue condenado en 2017 a 21 años y seis meses de prisión. El juez de primera instancia consideró probado que había actuado en un contexto de violencia de género y que conocía el embarazo de Chiara. Sin embargo, años más tarde la Corte Suprema de Santa Fe ordenó revisar la sentencia para adecuarla al régimen penal juvenil, ya que el acusado tenía 16 años al momento del crimen. La pena quedó finalmente fijada en 15 años de prisión, el máximo previsto para menores de edad. Actualmente, cumple su condena en el penal de Coronda y podría recuperar la libertad a los 31 años. La familia de la víctima, por su parte, continúa reclamando que se investigue la posible participación de otros integrantes del entorno familiar de Mansilla en el encubrimiento.
Once años después del crimen que puso a Rufino en el centro de una demanda colectiva contra la violencia machista, la ciudad volvió a reunirse para recordar a Chiara, que hoy tendría 25 años y un hijo de 10. Esta vez, también para recordar que, pese a los cambios y a la visibilidad alcanzada por el reclamo, la violencia de género siguió dejando víctimas: dos de los casi 2900 femicidios registrados en la Argentina desde entonces ocurrieron en la misma ciudad.