“Parece que pasó un siglo”: así cambiaron los vuelos en los últimos 30 años
Las formas de viajar registraron un profundo cambio en los últimos años y esa transformación permitió que experiencias que antes eran exclusivas de unos pocos, como volar en avión, hoy estén ...
Las formas de viajar registraron un profundo cambio en los últimos años y esa transformación permitió que experiencias que antes eran exclusivas de unos pocos, como volar en avión, hoy estén al alcance de muchas más personas.
Para dimensionar esta evolución en el sector aeronáutico, Sir Chandler, un reconocido bloguero especializado en viajes, aviación y tecnología aplicada al turismo, comparó su primer gran viaje a Europa en 1995 con la experiencia actual de volar, en el marco del segundo capítulo del Summit de Aviación y Turismo organizado por LA NACION.
Las diferencias son tan marcadas que parecen propias de una brecha mucho mayor que apenas tres décadas. “Hoy tendemos a olvidar cómo era viajar antes. Nos quejamos de que los asientos son chicos y en redes sociales suelen mostrarse cabinas modernas y atractivas, lo que refuerza la idea de que antes se viajaba mejor. Sin embargo, esa percepción deja de lado que volar era una experiencia mucho más exclusiva, reservada para muy pocos”, inició Sir Chandler.
Cómo cambiaron los viajesPara comenzar, el creador de contenido, cuyo fuerte son sus crónicas de vuelo, comentó que antes las aerolíneas eran más chicas y ninguna tenía la flota con la que se cuenta hoy. “Eran aviones más chicos y los vuelos largos podían tener muchas escalas. Yo recuerdo que Aerolíneas Argentinas volaba a Europa haciendo escala en Río de Janeiro, Brasil, donde levantaban pasajeros. Eran vuelos eternos. Eso hoy no lo tenemos, porque está la posibilidad de tomar vuelos directos”, explicó el fundador de uno de los blogs más leídos de viajes del país.
“Es cierto que los asientos eran más cómodos y que la comida era más elaborada; pero hoy, en cambio, hay más aerolíneas y una mayor variedad de opciones, tanto directas como con escalas. Antes era más difícil comprar un pasaje, incluso con conexiones, para llegar no solo a Tokio, sino también a destinos como Madrid de manera accesible“, dijo para reforzar la idea de que actualmente hay menos lujo y que muchos servicios se cobran aparte, pero aun así es más fácil viajar.
¿Cómo era antes comprar un pasaje? En su momento, cuando Sir Chandler adquirió el ticket que toma como referencia para la comparación, cuenta que lo hizo a través de una agencia que se promocionaba en las puertas de las universidades a través de los diarios, donde exhibían las ofertas disponibles. “No había otra forma de enterarse”, comentó.
En cambio, hoy los costos bajaron tanto para las empresas como para los pasajeros, algo que —según el bloguero— no siempre se valora. “Tenemos mayor flexibilidad de tarifas; antes, el precio era el que nos decían y no había margen. Hoy, existen los metabuscadores, es mucho más fácil encontrar el mejor momento para viajar e incluso podemos comprar pasajes por tramos. Eso antes no existía y era impensado; de hecho, podía resultar más caro que un ida y vuelta”, mencionó.
Un dato curioso que recordó es que los pasajes eran físicos: se trataba de chequeras que se completaban a mano. Si se perdían, también se perdía el viaje, algo hoy impensado. Además, cualquier error, como escribir mal el apellido, implicaba realizar un trámite complejo para corregirlo. “Realmente era muy complicado y el costo de los cambios era altísimo”, sostuvo.
En lo que refiere a las comunicaciones, Sir Chandler dijo que tampoco se valora tanto el avance con el que se cuenta hoy. Explicó que estuvo un mes y medio en Europa y llamó tres veces a su mamá, hasta reservar un hotel era difícil a través de llamados.
“Después apareció algo que en su momento era ‘moderno’ para reservar un hotel: uno llamaba a un servicio de la tarjeta de crédito, se comunicaba con una línea telefónica y, al ingresar el número de la tarjeta, se habilitaba la conexión con el otro destino. Era más barato, pero el delay era impresionante. Explicarle eso a un millennial es como hablar de la prehistoria de los viajes”, dijo entre risas.
También se refirió a la pérdida de equipaje, un problema que existió siempre, ocurre en la actualidad y probablemente seguirá sucediendo. En sus crónicas de vuelo suele mostrar algunos elementos que incorpora a sus valijas, como una funda de tela de varios usos —que cumple múltiples funciones— en lugar del envoltorio plástico que se ofrece en los aeropuertos, y la incorporación de un tag de rastreo de marcas conocidas para poder ubicarlas en caso de extravío.
A la hora de elegir un hotel, antes la decisión pasaba por optar por una marca conocida. La información era limitada: había algunas fotos en folletos que muchas veces no coincidían con lo que uno encontraba al llegar. Eran imágenes que sugerían cómo sería la experiencia, pero no siempre reflejaban la realidad. Hoy, en cambio, se puede alquilar un departamento o incluso una habitación con facilidad.
Cambiaron hasta los medios de pagos. “Cuando hice ese viaje en 1995, tenía que ir a casas de cambio y manejar distintas monedas: francos franceses o suizos, pesetas españolas… de todo. Parece que hubiera pasado un siglo, pero no. Era obligatorio pasar por una casa de cambio y, si eras más precavido, comprabas traveler’s checks”, explicó, y agregó que las tarjeras de crédito eran difíciles de usar y que las de débito directamente no existían. “Hoy pagás con el teléfono o hasta con el reloj”, comparó.
Otra arista que tocó fue la del seguro al viajero. “Antes era poco común viajar con seguro de asistencia; hoy, aunque su uso creció, todavía hay quienes se sienten ‘Highlander’ y creen que nada les va a pasar. Cuando ocurre un imprevisto, terminan recurriendo a colectas o buscando cómo resolver la situación sobre la marcha”, comentó. Hoy incluso te envían recetas por WhatsApp; antes, un problema médico podía hacerte perder hasta tres días de viaje.
Ni hablar de los mapas; el creador de contenido hizo un paralelismo y planteó a su audiencia “imaginate llegar a Miami, alquilar un auto y no tener GPS”. En ese escenario, explicó que había que guiarse solo por los carteles, lo que volvía muy difícil planificar y obligaba a moverse con varios mapas distintos para orientarse.
También, en la era modera se vuelve imposible pensar un viaje sin fotos ni videos. Sobre ese punto también se detuvo Sir Chandler, quien aportó una comparación para dimensionar el cambio, ya que contó que en 1995 grabó todo ese viaje en cassettes, algo que hoy suena impensado.
Además, tomó apenas tres rollos de fotos de 36 fotos cada uno durante un mes y medio; imágenes que recién pudo ver dos semanas después, ya que el revelado demoraba y tenía un costo elevado. Incluso, muchas veces olvidaban dónde habían sido tomadas, “salvo que aparezca la Torre Eiffel”, bromeó. Hoy, en cambio, es posible sacar más de 100 fotos en una hora y hasta quedan geolocalizadas.
El bloguero también se refirió a los idiomas: antes era muy difícil comunicarse si no se conocía la lengua local. Hoy, en cambio, es posible realizar traducciones en tiempo real con el celular, lo que simplifica enormemente la experiencia de viajar.
Para cerrar su exposición, reflexionó: “Toda esta revolución logró aumentar la cantidad de viajeros en todo el mundo. Hoy tenemos todo al alcance de la mano. A veces es fácil hablar o tratar de adivinar el futuro, pero para mí el futuro es hoy: lo que cambiamos en estos 30 años es enorme. Espero que se valore esta facilidad para viajar y que en el futuro sea aun más fácil”.