Paul Hobbs, el “Steve Jobs del vino” que reivindica el Malbec argentino
La historia de Paul Hobbs –aquella ligada a su extensa y destacada carrera como asesor enológico internacional vinculado con la Argentina– es bastante curiosa. Llegó a Mendoza en los 90 con l...
La historia de Paul Hobbs –aquella ligada a su extensa y destacada carrera como asesor enológico internacional vinculado con la Argentina– es bastante curiosa. Llegó a Mendoza en los 90 con la misión de desarrollar un Chardonnay de clase mundial, pero terminó siendo un actor protagónico en la revolución del Malbec. Es más, en esta tierra que reconoce como su “segundo hogar”, creó una de las bodegas más destacadas en la elaboración del Malbec de clase mundial.
Apodado el “Steve Jobs del vino”, Hobbs inicio su carrera como enólogo en Napa Valley (California) bajo la tutela del célebre bodeguero Robert Mondavi. Primero en Opus One y luego en Simi Winery, Hobbs fue adquiriendo expertise en el manejo del Chardonnay, lo que con el tiempo lo convirtió en uno de los "flying winemakers" (enólogos que asesoran bodegas de distintos países) más requeridos.
Esa fama lo trajo a la Argentina, invitado por Nicolás Catena Zapata. Aquí, Hobbs descubrió el Malbec junto con su potencial para traducir el terroir en la copa. Y justamente esa fue la idea principal detrás de Viña Cobos, la bodega que fundó en Mendoza y que en la actualidad se cuenta dentro de las argentinas más reputadas a nivel internacional. De paso por Buenos Aires para presentar la asociación entre su bodega y la organización de ventas especialista en vinos finos Casa Pirque, Hobbs habló de su historia, del Malbec, del vino sin alcohol y de Messi. Sin filtro.
–Paul, ¿qué te llevó a pensar en tener una bodega propia acá, en la Argentina?
–Tiene que ver con mis primeros trabajos con el Malbec. La idea nació durante el tiempo en que estaba desarrollando el programa de Catena, que es cuando comencé a familiarizarme con esta variedad que, en mi experiencia previa en California, era desconocida. Aquí comencé a pensar que merecía más respeto, pero que había que entender si realmente tenía la capacidad de expresar el terroir. Y, también, si tenía potencial de guarda. Todo lo que en los 90 no se conocía. De alguna manera, Viña Cobos fue un instrumento creado para estudiar esa cuestión. Ese fue el impulso principal.
–En algún punto, fue algo así como una apuesta por el Malbec.
–Sí, fue más una investigación que un proyecto comercial. Necesitábamos que funcione comercialmente para poder realizar la investigación, pero no estaba pensado que alcance la magnitud que tiene hoy en día.
–¿Y qué encontraste en el Malbec con el paso de los años?
–Bueno, me sorprendió gratamente. Cuanto más trabajábamos con el Malbec, más evidencia encontramos de que es una de las mejores variedades tintas en términos de expresión del terroir y del lugar. Y así, a medida que la escena vitivinícola argentina evolucionaba y otros colegas también elaboraban Malbec, pudimos ver cómo cada uno de estos vinos hablaba del sitio del que provenía. Y no solo eso, sino que también expresaba la mano que lo cultivaba. Y eso fue tremendamente divertido. En cierto modo me recordó al Chardonnay. Hay uvas que no toleran que se las manipule mucho: tienen su propia personalidad. Pero el Malbec, por el contrario, es muy versátil.
–¿Y qué hay de su potencial de envejecimiento?
–Es una pregunta que no ha sido respondida por completo. Porque hasta ahora hemos podido ver que el Malbec envejece bien entre 20 y 25 años. Y al mismo tiempo sabemos que el Malbec actual, con la forma en que lo elaboramos, es mucho mejor que cuando lo elaborábamos hace 25 o 30 años. Así que la pregunta sigue en pie: ¿envejecerá tan bien como el Cabernet Sauvignon? Quizás un Malbec bien elaborado podría superar a un buen Cabernet Sauvignon. Es algo que creo que sorprendería a la mayoría de la gente. Pero necesitamos más tiempo para saber si es así.
–¿Cambió el Malbec la percepción que el mundo tiene del vino argentino?
–Creo que desempeñó un papel significativo, particularmente durante los 90, cuando se lanzó por primera vez como vino varietal en el mercado estadounidense. Fue en 1995 que se produjo el primer lanzamiento comercial exitoso del Malbec fuera de la Argentina (en ese entonces no se había lanzando dentro del país). Pero creo que tiene que ver también con la fascinación que despierta la cultura argentina, y tal vez también influyeron otros aspectos geopolíticos, como la reputación de la Argentina, que estaba mejorando a nivel internacional. Al mismo tiempo, siempre ha existido una conexión romántica entre los anglosajones y la cultura latina. La Argentina tiene una historia rica en referencias icónicas, como el gaucho, el tango y su estilo de vida. A los estadounidenses la cultura argentina les parece muy cool, por decirlo de alguna manera. Y si a eso le sumamos toda la reformulación del tango, como la que ha venido haciendo Gustavo Santaolalla con Bajofondo, el resultado es que ha habido una explosión de interés en Estados Unidos que tal vez se extendió también a Europa. Creo que en todo esto el vino fue una especie de puerta de entrada, porque el vino acerca otras artes a la mesa. De modo que creo que el Malbec fue como un vehículo.
–¿Y Messi?
–¡Mis hijos son fanáticos! Amo a Francia, pero disfrutamos mucho la victoria argentina en la Copa del Mundo. Creo que Messi ha hecho mucho por elevar la imagen del país. Es un embajador increíble.
–A principios de año, Messi confesó que bebe vino con Sprite...
–Bueno, no me había dado cuenta de que tenía sangre china . Porque ya sabés, son famosos por eso. Aunque normalmente mezclan el vino con Coca-Cola. Pero no es raro hacer lo que se llama un spritzer, ¿verdad? Nosotros también lo hacemos en casa, donde servimos incluso un vino muy bueno y le agregamos agua o agua con gas. Y es bastante rico, ¡es refrescante!
–En tu opinion, ¿cuáles son los desafíos que enfrenta el vino?
–En primer lugar, creo que nuestra industria está pasando por un período de corrección. Porque hubo sobreplantación, pero también hay una amplia variedad de productos que no existían antes y que hoy la gente puede probar. He estado en el negocio casi 50 años y esta es la mayor recesión que he visto. ¡Es como una especie de tormenta perfecta! Pero al mismo tiempo, si bien la gente está bebiendo un poco menos, bebe mejor. Por eso creo que tenemos que tener cuidado de no poner precios excesivos a los buenos vinos para que los jóvenes puedan comprarlos. Si la pregunta es si los jóvenes estarán interesados en el vino... bueno, yo creo que sí.
–¿Y qué opinas de los vinos sin alcohol? ¿Los probaste?
–Hasta ahora no me impresionan mucho los productos que han salido. Porque el problema es que parecen muy aguados y diluidos, que de hecho lo están. Lo que quiero decir es que no ha habido un sustituto para el 12% o 13% de alcohol que tiene el vino, y que le da cuerpo y plenitud. La gente habla mucho de los aromas y sabores, pero buena parte del placer del vino proviene de la sensación en boca, del impacto táctil del vino. Así que cuando eliminás uno de sus componentes más destacados, el vino se ve afectado. Sin embargo, eso no significa que no vayas a tener una gran experiencia, vas a tener una experiencia agradable. Y hay muchas razones por las que esos productos deberían estar en las góndolas al alcance de los consumidores. Podemos pensar ahora en algunas, conducir un auto o estar embarazada, por ejemplo. Así que hay momentos en los que es agradable contar con estos vinos. Pero hasta ahora realmente no he probado un gran vino sin alcohol. Y no sé si será posible hacerlo.