Peligrosos rituales estudiantiles
Como viene ocurriendo en años recientes, nuevamente no pocas localidades despertaron en estos días al ritmo de cánticos, bengalas de humo y estruendo protagonizados por jóvenes estudiantes en c...
Como viene ocurriendo en años recientes, nuevamente no pocas localidades despertaron en estos días al ritmo de cánticos, bengalas de humo y estruendo protagonizados por jóvenes estudiantes en calles y plazas, corolario de noches en boliches o fiestas. El comienzo del último ciclo lectivo de muchos ha impuesto un extendido despliegue en lo que se conoce como el UPD, último primer día.
La práctica se extiende a alumnos secundarios de todo el país, cuyas escuelas han demandado la instrumentación de controles de alcoholemia y protocolos de seguridad para contener debidamente estos rituales estudiantiles.
En la ciudad de Buenos Aires se endurecieron las penas. Desde el Ministerio de Educación porteño se estableció que quienes se presentaran a clase bajo el efecto de alcohol o sustancias psicoactivas tendrían prohibido el acceso y computada una falta, al igual que quienes exhibieran conductas inapropiadas.
En Córdoba los operativos incluyeron monitoreo de las convocatorias, inspecciones en kioscos y desactivación de fiestas sin la correspondiente habilitación. Resultado: 11 fiestas clausuradas y 15 comercios cerrados por venta de alcohol, con más de 15 millones de pesos en bebidas secuestrados.
En Mendoza se llevó adelante el UPD 360 que arranca en días previos con guías y protocolos para chicos y familias y trabajos pedagógicos en el aula.
Con mucha preocupación y no sin resignación, algunas familias se organizan en un afán por intentar controlar el desmadre propio de estos festejos. El consumo desmedido y problemático, fruto muchas veces de competencias en la ingesta de grandes cantidades en poco tiempo, conduce a zonas de riesgo que terminan con chicos descompuestos o internados en hospitales. Distintos estudios señalan que más del 70% de los menores comienzan a consumir alcohol antes de los 15 años.
Si los adultos no logran marcar y hacer respetar los límites, ¿qué podemos esperar de los jóvenes?¿ Quiénes pagan el alcohol o el cierre de los boliches para estos festejos si no son los propios padres? Lejos de organizarse mancomunadamente para beneficio de sus chicos, un pernicioso efecto contagio parece imponerse irremediablemente por sobre una educación que cada día parece más laxa y menos dispuesta a poner límites a tanto exceso y descontrol.
Lamentablemente, apenas unos pocos logran transitar la fecha de manera razonable. Algunas instituciones resisten organizando desayunos en sus instalaciones, dando un marco adecuado y de contención a los festejos juveniles.
Debemos recurrir a un ejemplo que nos llega desde Paraguay, pues no hemos sabido de ninguno similar a nivel local. Los alumnos del Colegio María Auxiliadora de la ciudad de Concepción transformaron los festejos del UPD en momentos inolvidables. Unos 30 alumnos visitaron el hogar de ancianos Monseñor Emilio Sosa Gaona, donde compartieron una mañana cargada de alegría. Llegaron con ganas de conversar, ofreciéndoles servicio de peluquería, lectura, regalos y baile. Padres y docentes estuvieron en todo momento involucrados. Cada detalle de la visita fue debidamente planificado durante meses, recolectando donaciones y organizando números artísticos.
Es responsabilidad de los adultos orientar de la mejor manera a los jóvenes. Que unos opten por una borrachera trasnochada o una experiencia comunitaria significativa dependerá, en mucho, del debido consejo. Inspirar en ellos buenas acciones es también alejarlos de riesgos tan evitables como innecesarios.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/editoriales/peligrosos-rituales-estudiantiles-nid06032026/