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PISA 2025: por qué la OCDE cree que más inversión no garantiza un mejor nivel educativo

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PISA 2025: por qué la OCDE cree que más inversión no garantiza un mejor nivel educativo

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Los resultados de la edición 2025 de PISA, además de haber sorprendido por convertirse en el rendimiento promedio histórico más bajo de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), tras la caída sin precedentes registrada después de la pandemia, y reflejar que el aprendizaje global está estancado o en descensos con resultados aún peores que los de las pandemia, ponen en dudas ciertas ideas que suelen circular en los debates educativos.

“El mundo ya no está claramente dividido entre países ricos y con buena educación y pobres con mala”. Así lo afirma Andreas Schleicher, director de Educación y Competencias de la OCDE, al presentar los resultados de esta edición. Durante años, el nivel de ingreso de un país funcionó como el mejor predictor de qué tan bien les iba a sus estudiantes en las pruebas internacionales .

Esta idea ya no explica el mapa. Según PISA 2025, la riqueza de un país —medida por su Producto Bruto Interno (PBI)— explica apenas la mitad de la variación en el desempeño educativo entre los países. La otra mitad depende decisiones de política educativa.

“Algunos de los países con los mejores avances no son ricos, están utilizando sus recursos excepcionalmente bien. Se pueden conseguir buenos resultados en contextos con escasez de recursos”, dijo Schleicher durante la presentación de los resultados para América Latina y el Caribe.

   

Apuntó los casos de Costa Rica, que mejoró en Ciencias 13 puntos desde 2022, y de El Salvador, que sumó 12, y marcó que es más de la mitad de un año. En la escala de PISA, 20 puntos equivale, en términos teóricos, a un año completo de aprendizaje. “No hay demasiados avances rapidos en América Latina, pero hay algunos y no son los países más ricos”, señaló.

El informe destaca el caso de Camboya, como uno de los pocos países que resistió la tendencia y logró avances significativos en las tres áreas (en Lectura, por ejemplo, mejoró 26 puntos desde 2018), al mismo tiempo que incorporaba masivamente a la escuela secundaria a jóvenes antes marginados. Según describe Schleicher, está empezando una transformación educativa del mismo tipo que, hace unas décadas, encaminó a Corea o Vietnam, pese a partir de una base de recursos mucho más chica.

Las buenas políticas públicas y las decisiones acertadas sobre cómo invertir los recursos son mejores predictores del desempeño en PISA que el gasto por alumno. Luxemburgo, con una inversión de US$288.521 por estudiante, es por amplio margen el país que más destina a educación, pero obtuvo un puntaje promedio en ciencias inferior al de Irlanda, Francia e Italia, que invirtieron menos de la mitad de ese monto.

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En los análisis de los resultados marcan que la riqueza de un país está lejos de ser el factor determinante de éxito y se preguntan si en los sistemas que invierten constantemente dinero los alumnos tienen mejores resultados. Según la evidencia, hasta un punto.

Es cierto que, en general, a mayor inversión por estudiante, mejores resultados en ciencia. Pero esa relación se sostiene solo hasta el umbral de U$85.000 por estudiante. Pasado ese punto, como en la mayoría de los países de la OCDE, la correlación se rompe. Apuntan de todas maneras que el nivel de inversión siempre debe ser contextualizado y pueden influir otros factores que encarecen el gasto en algunos países como sistemas multilingües o con alumnos muy dispersos en territorios extensos o islas. Buenos maestros, un entorno para el aprendizaje e inversión inteligente pueden marcar una diferencia. Concluyen que gastar más puede traer muchos beneficios, pero gastar bien es igual de importante.

“La relación entre financiamiento y calidad educativa lleva varias décadas y no está zanjada todavía. Del lado de quienes señalan que no incide en los aprendizajes, muestran los sistemas que invierten más y no por eso rinden mejor. Frente a ello, las explicaciones serían que a partir de determinado monto, adicionar recursos no garantiza una mejoría. Del otro lado, frente a que eso se utilice en sistemas educativos como el nuestro, se explica que hay un umbral mínimo que aun aumentando, si siguen siendo recursos escasos, tampoco habrá impacto, porque es insuficiente el aumento. Si hay un incendio, nadie dirá que el agua no contribuirá a apagarlo, pero si solo se usa un balde, no se llegará lejos”, explica a LA NACION el experto en financiamiento educativo, Alejandro Morduchowicz y autor del libro Crítica de la política educativa.

Y agrega: “Sobre lo que sí hay consenso es que, más allá de la cantidad, lo que hay que mirar bien es cómo se asigna y qué es lo que se hace con el dinero. Me pueden dar una gran suma para rediseñar y decorar mi casa, pero el resultado dependerá de la calidad de los materiales, de los buenos trabajadores que pueda atraer con lo que pague, y de mi buen gusto. Es un conjunto de cosas que deben confluir”.

El problema educativo ya no afecta sobre todo a los alumnos más vulnerables. La propia OCDE señala como “la mayor sorpresa” quienes fueron los que más retrocedieron en Lectura, quizás el área más preocupante. Entre 2018 y 2025, la lectura cayó en tres de cada cuatro sistemas educativos con datos comparables. Y fueron los estudiantes del cuarto socioeconómico más alto quienes más retrocedieron. La brecha con los de los sectores más vulnerable se redujo en 11 puntos, entre 2018 y 2025, en un grupo de 35 países de la OCDE.

Consideran a este dato como una señal de que el problema ya no es solo la inequidad, sino que el desafío es mucho más grande y estrucutural: el deterioro en lectura refleja un deterioro en la concentración y la atención que penetró en todos los estratos económicos. El tiempo frente a pantallas está afectando a jóvenes de todos los niveles sociales, creen incluso que ya se expandió a la primaria. Señalan, además que resultan aún más cruciales estas habilidades en la era de la Inteligencia Artificial donde es necesario poder leer de manera crítica y cuestionar la credibilidad de la información.

Resiliencia

La Argentina se destacó dentro del panorama latinoamericano en la resiliencia académica. La OCDE la define como el porcentaje de estudiantes de bajo nivel socioeconómico que logran posicionarse en el 25% superior de rendimiento, es decir, los mejores resultados. El promedio nacional supera el de los países de la OCDE en las tres asignaturas. En ciencias, son un 14,2%, en lectura un 14,6 y en matemática un 13,2.

“El dato de resiliencia es importante, porque, dentro de resultados generales bastante malos, muestra que el origen socioeconómico no determina completamente el desempeño. En Pisa 2025, la Argentina tiene la mayor proporción de estudiantes resilientes de América Latina en Ciencias: entre quienes pertenecen al 25% de menor nivel socioeconómico, 14% logra ubicarse en el 25% de mejores resultados del país”, apuntó Ivana Templado, economista senior de Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), donde trabaja como economestrista, especialmente en el análisis de impacto de políticas públicas y economía de la educación.

Y marcó: “ Lo leería con cierta cautela, porque resiliencia es una medida relativa. No significa que los alumnos vulnerables argentinos aprendan más que los vulnerables de Chile o Uruguay, sino que en Argentina hay más alumnos que logran escapar de la posición que su origen socioeconómico permitiría predecir. De hecho, el desempeño promedio argentino cayó también entre los sectores desfavorecidos, por lo que no parece tratarse simplemente de una mejora de sus aprendizajes”.

Cuanta más tecnología en el aula, mejor. El informe ahonda en el uso de dispositivos digitales en el colegio y muestra una mirada mucho más compleja. En promedio, los estudiantes de la OCDE pasan 1,7 hora diaria usando dispositivos digitales en la escuela para actividades de aprendizaje, y 1,1 hora para ocio dentro del horario escolar. El uso moderado para aprender se asocia con mejor desempeño en ciencia que el no uso o el muy intenso. Pero el uso para ocio de más de una hora diaria dentro de la escuela se asocia, de manera consistente, con peor desempeño.

A la vez, la relación entre prohibir el celular y mejorar el aprendizaje, dice la OCDE, no está probada. Las escuelas que aplican prohibiciones muestran, efectivamente, menos distracción y menos tiempo de ocio digital, pero sus estudiantes no sacan mejores notas, tienen puntajes similares o incluso más bajos que sus pares en escuelas sin esas políticas.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/pisa-2025-por-que-la-ocde-cree-que-mas-inversion-no-garantiza-un-mejor-nivel-educativo-nid10092026/

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