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Poner orden en el caos

Cada mañana, seis millones de personas viven la misma experiencia: el caos del tránsito porteño. Tres millones que residen en la ciudad, más otros tres millones que ingresan diariamente desde e...

Poner orden en el caos

Cada mañana, seis millones de personas viven la misma experiencia: el caos del tránsito porteño. Tres millones que residen en la ciudad, más otros tres millones que ingresan diariamente desde e...

Cada mañana, seis millones de personas viven la misma experiencia: el caos del tránsito porteño. Tres millones que residen en la ciudad, más otros tres millones que ingresan diariamente desde el conurbano. No es solo molestia, es tiempo perdido, plata quemada, nervios al límite. Y lo peor: es perfectamente previsible. Todos los días, a la misma hora, las mismas calles colapsadas.

El problema del tránsito en Buenos Aires no es nuevo, pero sí es estructural. No hablamos solo de embotellamientos: hablamos de horas improductivas, mayores gastos operativos, más accidentes. Y también un costo invisible pero real: el desgaste psicológico cotidiano. Esa tensión acumulada, día tras día, que termina afectando el humor, la salud, las relaciones.

La tentación fácil es pensar que la solución pasa por más autopistas, más carriles, más cemento. Pero la experiencia internacional muestra otra cosa: las ciudades que lograron mejoras reales gestionaron mejor lo que ya tenían.

Singapur, Londres, Barcelona, Los Ángeles. Ciudades con realidades muy diferentes pero con un denominador común: implementaron sistemas inteligentes de gestión del tránsito y lograron mejoras sostenidas en la movilidad. No con magia, sino con tecnología aplicada a coordinar, anticipar y decidir en tiempo real.

¿Cómo funciona? El sistema monitorea constantemente el flujo vehicular y toma decisiones en tiempo real: ajusta semáforos segundo a segundo, prioriza corredores críticos cuando se detecta congestión, anticipa puntos de colapso antes de que ocurran. Además, detecta infracciones en el momento en que suceden, lo que mejora el cumplimiento de las normas y reduce riesgos. No es un semáforo programado que repite ciegamente el mismo ciclo: es un cerebro que reacciona a lo que está pasando ahora, en este momento, en toda la ciudad.

La idea es optimizar lo que ya existe. Hacer que la infraestructura actual funcione mejor, de manera más fluida y previsible. Que el semáforo de Corrientes y Callao “sepa” lo que está pasando en Santa Fe y Pueyrredón y se adapte.

Y acá viene lo interesante: no es una inversión descabellada. Los casos internacionales muestran que el retorno es alto en relación con el esfuerzo. Los beneficios suelen percibirse rápido, y no requiere reducir personal ni crear nuevas estructuras burocráticas.

Tampoco implica sesgar la movilidad hacia un modo u otro. Es proeficiencia. Beneficia por igual al que viaja en colectivo, al que va en moto, al que maneja un camión de reparto y al que cruza la calle a pie.

Los beneficios van más allá de lo inmediato. Una ciudad con tránsito ordenado es una ciudad más habitable, más serena, más agradable para vivir y visitar. Es una ciudad más atractiva para el turismo, con mejor clima para la actividad comercial. Y sobre todo, es una ciudad mucho más segura: menos accidentes de tránsito, menos atropellos, menos situaciones de riesgo. También menos oportunidades para el delito callejero, porque un espacio urbano ordenado y predecible es más controlable y menos propicio para la inseguridad.

Buenos Aires seguirá siendo una ciudad densa, compleja, con desafíos de movilidad propios de cualquier gran metrópolis. Pero hay una diferencia enorme entre gestionar esa complejidad de manera sistémica, predictiva y previsible, o seguir aplicando el viejo paradigma de resolver problemas puntuales cuando ya están ocurriendo.

Lo que está sobre la mesa es una herramienta concreta, adaptable a nuestra realidad, con experiencia probada en ciudades tan distintas como Singapur y Barcelona. Seis millones de personas dependen cada día del tránsito porteño y merecen algo mejor.

La tecnología existe. La experiencia internacional también. Nuestra hermosa ciudad la merece.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/poner-orden-en-el-caos-nid28012026/

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