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Preservar el agua

Cada año, a fines de agosto, la Semana Mundial del Agua reúne a científicos, gobiernos, organizaciones ambientalistas y especialistas de todos el planeta para debatir un desafio universal y urge...

Preservar el agua

Cada año, a fines de agosto, la Semana Mundial del Agua reúne a científicos, gobiernos, organizaciones ambientalistas y especialistas de todos el planeta para debatir un desafio universal y urge...

Cada año, a fines de agosto, la Semana Mundial del Agua reúne a científicos, gobiernos, organizaciones ambientalistas y especialistas de todos el planeta para debatir un desafio universal y urgente: la preservacion del agua dulce, ese tesoro. Estos encuentros nacieron en Estocolmo, principal foro internacional sobre políticas hídricas. No se trata solo de un recurso natural vital, sino que conlleva implicancias ambientales, económicas, sanitarias, geopolíticas, artisticas y éticas.

Sólo un pequeño porcentaje del agua de todo el planeta es dulce y accesible al consumo humano; los cambios climáticos alteran el régimen de las lluvias, aceleran el retroceso de los glaciares, intensifican sequias, e inundaciones y estragos forestales que comprometen el abastecimiento o la simple disponibilidad del valioso recurso. En este contexto, no debemos omitir una población de más de 7.000 millones de seres humanos sobre la Tierra, la contaminación de las aguas de los ríos y los acuíferos, las demandas de la agricultura, las industrias, y el consumo de las ciudades para diversos fines. Habitamos un planeta donde menos del 1% de toda el agua existente está disponible para el consumo humano.

Algunos aseguran que donde fluye el agua crece la igualdad, porque ese derecho a su acceso reduce las brechas sociales y asiste a construir comunidades más justas y prósperas. En este mapa global, la Argentina ocupa un lugar privilegiado y, al mismo tiempo, de profunda responsabilidad. La Cordillera de los Andes, con sus hielos eternos, asegura una reserva generosa para ríos y ecosistemas del país; más al Sur, la Antartida la vincula con otro gran reservorio de agua dulce del planeta, una superficie monumental, cuya estabilidad y protección es fundamental en el equilibrio climático de la Tierra.

Las próximas guerras no serán solo por temas terriotoriales, sino también por el acceso a las aguas dulces

En la Ciudad de Buenos Aires, el Palacio de Aguas Corrientes, en la avenida Córdoba, cuya construcción comenzó en 1887 y se inauguró en 1894, marcó un hito en la modernización de la Ciudad y dejó constancia de la importancia de ese elemento. Detrás de su lujosa fachada, el hoy Museo del Agua, cuyos ladrillos esmaltados en diversos tonos de ocres y marrones fueron traídos especialmente de Inglaterra y Belgica, oculta 12 gigantescos tanques de agua. Lejos de la epidemia de fiebre amarialla y el cólera, esta monumental obra expresa el interés y la preocupación que signaificaba para nuestra población y sus autoridades el consumo de agua potable a fines del siglo XIX.

Quizás por eso, y desde hace décadas, vuelve la frase que ya no es un exageración sino un advertencia: las próximas guerras no serán solo por temas terriotoriales, sino también por el acceso a las aguas dulces. Más allá de la política o la ciencia, el agua permeó también, paradójicamente, las artes tanto en la música como en las letras. Ningún elemento ha inspirado tanto a los artistas. El agua remonta a la niñez, a la infancia, vacaciones, despedidas en un puerto, tal vez también un adiós sin retorno. Es el rio de Heráclito, que nunca vuelve a pasar y ser el mismo, o las epopeyas de Homero, con sus tormentas en mares embravecidos; las fuentes infinitas de los moros en los jardines andaluces, o el murmullo de los poemas y la melancolía.

Cabe a Federico García Lorca, dentro de la lengua castellana, como a pocos, encontrar esa musicalidad invisible del agua en los pueblos de España, tomados de coplas, y romanceros. Bien sabía que la trasmisión oral de canciones, de generación en generación, sobrevivía en las entrañas del puebo. Y eso se ve en muchos de sus trabajos como investigador de esas historias del folclore, que acuñó en su poemas y obras teatrales. El agua deja de ser paisaje para transformarse en personajes, que preguntan y responden, como si la naturaleza pudiera tambien conversar. Lorca da testimonio de ello: “ Agua, ¿dónde vas? Riendo voy por el río a las orillas del mar. Mar, ¿adónde vas?Río arriba voy buscando fuente donde descansar.”

Estas aguas no nos convocan solo a preocuparnos por conservarlas y cuidarlas, su existencia inspira,nuestra imaginación, nuestra memoria y nuestra cultura. Porque un río puede abastecer una ciudad, pero también ser sujeto activo de un poema y de un mundo de sensaciones infinitas. Qué milagrosa combinacion, que el agua no solo hace posible la vida, y la muerte, sino también que, la inunda de contenidos, sentimientos y belleza. Bendita sea el Agua.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/preservar-el-agua-nid17082026/

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