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“Puede abrir o cerrar puertas”: un estudio revela que uno de cada cinco chicos pobres sufre porque no se puede vestir como sus amigos

Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de UCA detectó que uno de cada tres niños, niñas y adolescentes del país (37,5%) de entre 5 y 17 años no pudo acceder a ropa o calzado ...

“Puede abrir o cerrar puertas”: un estudio revela que uno de cada cinco chicos pobres sufre porque no se puede vestir como sus amigos

Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de UCA detectó que uno de cada tres niños, niñas y adolescentes del país (37,5%) de entre 5 y 17 años no pudo acceder a ropa o calzado ...

Un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de UCA detectó que uno de cada tres niños, niñas y adolescentes del país (37,5%) de entre 5 y 17 años no pudo acceder a ropa o calzado durante 2025 porque no se la pudieron comprar por razones económicas. De ese universo, más de la mitad (el 58,3%) es extremadamente pobre.

Si bien se suele analizar la pobreza infantil a partir de privaciones más clásicas, como la alimentaria o las que tienen que ver con la vivienda, este hallazgo propone mirar la vestimenta como una dimensión tan importante como invisibilizada.

La manera en que nos vestimos no solo cumple una función de abrigo sino que también es, sobre todo en la adolescencia, un elemento de pertenencia, reconocimiento e inclusión social. Por eso, la falta de acceso a ciertas prendas puede tener impacto emocional y hasta social.

”A medida que los chicos crecen, la ropa va teniendo connotaciones más ligadas a la identidad. Tu manera de vestir te vuelve parecido o diferente a los otros. Y eso, a medida que los chicos empiezan a crecer, puede abrir o cerrar puertas en términos de socialización”, explica Ianina Tuñón, responsable del Barómetro de la Deuda Social de la UCA y una de las autoras del informe.

“Entre los 9 y los 10 años, a veces más en las niñas, los chicos empiezan a vestirse como sus amigos. La ropa se vuelve una forma de pertenencia”, considera Tuñón. Se trata, sigue la experta, de una construcción cultural también influida por las redes sociales y el mercado. Pero, ¿qué pasa cuando, por razones económicas, los chicos sienten que no pueden pertenecer?

El estudio indaga entre los jefes y jefas de familia si, por esta carencia, sus hijos se visten distinto a sus pares y si esa situación les genera malestar. Mientras que el 12,3% reconoce que sus hijos se visten diferente que sus pares porque no pueden acceder a la misma ropa por razones económicas, más de la mitad de ese universo (6,9%) percibe que eso afecta a sus hijos. La cifra trepa al 7,7% cuando se trata de adolescentes.

“Hablamos de la percepción de los padres, así que el dato puede estar subestimado. De todas maneras, más de la mitad ve afectación”, analiza Tuñón.

Pero cuando se analiza la respuesta según los ingresos de las familias, aparecen los principales afectados por esta carencia.

Mientras que en los sectores medios y bajos, el sufrimiento por no poder vestirse como los demás llega al 1,5% y al 6,8% respectivamente, en los sectores muy bajos llega a uno de cada cinco niños, niñas y adolescentes (20,1%).

Tuñón considera que, en ciertas etapas de la infancia, llegando a la pubertad, los niños pueden tener actitudes reactivas contra quien no puede acceder a esa vestimenta que otorga identidad. “Esto puede generar exclusión y hasta ser causal de bullying”, advierte.

Para la especialista, este malestar puede darse, incluso, entre pares de una misma clase social porque, dice, en todos los sectores hay signos de identidad. “Entre los pobres también hay maneras de diferenciarse. Basta pensar en la fuertísima valoración que se hace de las zapatillas en los sectores populares”, ejemplifica. “De ahí proviene la importancia del guardapolvo blanco en la escuela primaria estatal”, agrega.

Esta afectación emocional puede tener impacto en el aprendizaje. El mismo estudio evalúa cuáles son las principales razones que afectan la capacidad de aprender de los chicos.

Entre ellas figuran sentir tristeza y tener dificultades para hacer amigos.

Tuñón contextualiza: “Si la falta de vestimenta genera exclusión en un grupo, esto provoca malestar emocional y dificultades para la integración”.

“No es la ropa lo que produce el bullying. Lo relevante es qué significado adquiere esa diferencia dentro de ese grupo”, evalúa la especialista en convivencia escolar Candelaria Irazusta, quien considera clave remarcar que para que haya bullying dentro de un grupo tienen que darse ciertas dinámicas de desequilibrio de poder que se activan ante las diferencias.

Por eso, para Irazusta es clave no asociar inmediatamente la exclusión con la falta de determinada prenda. “Corremos el riesgo de transmitir un mensaje involuntario: que para pertenecer los chicos necesitan parecerse, consumir lo mismo o alcanzar determinados estándares del grupo”, explica.

Cuando se advierta alguna situación, Irazusta recomienda mensajes como: “No necesitás tener lo mismo que los demás para pertenecer” o “No siempre podemos elegir lo que tenemos, pero sí podemos elegir cómo tratamos a los demás”.

También sugiere promover el diálogo para que los chicos puedan expresarse cuando se sientan excluidos por este tema.

“El objetivo no es decirle al chico ‘no te tiene que importar’. Es importante validar el malestar sin validar la norma que lo produce”, concluye Irazusta.

Vidas Desiguales

Esta nota forma parte de Vidas Desiguales, una iniciativa de Fundación LA NACION que busca promover oportunidades reales para adolescentes y jóvenes que crecen en contextos vulnerables

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/comunidad/puede-abrir-o-cerrar-puertas-un-estudio-revela-que-uno-de-cada-cinco-chicos-pobres-sufre-porque-no-nid10082026/

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