Puerto Madryn: 5 planes para disfrutar de la ciudad que tiene mucho más que ballenas
Epicentro del avistaje de ballenas que empieza en julio y termina en noviembre, Puerto Madryn es la ciudad más convocante de Chubut. Al norte de la provincia, propone salidas bien originales ligad...
Epicentro del avistaje de ballenas que empieza en julio y termina en noviembre, Puerto Madryn es la ciudad más convocante de Chubut. Al norte de la provincia, propone salidas bien originales ligadas a la naturaleza y su historia. Tierra prometida de galeses y aventureros, cuenta historias de pioneros y conservación. Tiene muy buenos museos y excursiones tan divertidas como inolvidables.
Salir en 4x4 por las playas del surCatalejo Travel, con guías como Eduardo Borrell, ofrece salidas en Land Rover para encarar hacia el sur de la ciudad. En época de ballenas, se las puede ver desde la costa. “Vamos a ver playa, punta, playa, punta”, anticipa el guía mientras se avanza por la costanera. En Punta Cuevas se toma dimensión sobre lo aventureros que fueron aquellos primeros galeses que desembarcaron en Chubut en 1865 y levantaron sus casillas. Ya en zona de estepa y acantilados, la jarilla emana sus aromas. Hay también otros arbustos y pastos, como botón amarillo, piquillín, quilimpay, esfedra, cardo ruso, palo azul, molle y alpataco. El vehículo avanza entre las dunas, algunas fijas y otras vivas, que van cambiando.
Una vez en Punta Este, hay una baliza y se puede hacer avistaje de aves, como petreles. Después, en playa Paraná, hay decenas de motorhomes y casillas rodantes estacionadas. Se puede llegar por la costa, pero hay una ruta asfaltada de 7 kilómetros que llega a la playa desde Madryn. Si la marea está baja, se puede ver el naufragio del Folias, que es de la década del 80.
Luego, en el Área Natural Protegida Punta Loma se puede ver, desde lo alto, una colonia de lobos marinos de un pelo. Después se llega al Cerro Avanzado, que está casi sobre el mar. Hay un cartel que recuerda la mítica escena de Héctor Alterio y su “¡la puta que vale la pena estar vivo!” –al son del vals de Strauss– en la película Caballos salvajes.
Cenar entre viñedosEn Finca Caballo Blanco, la cita es con la caída del sol en la zona de El Doradillo. El restaurante está entre plantaciones de uva, olivos, cerezos, duraznos y almendros. Pablo Gorosito, dueño del lugar, ofrece la bienvenida en una matera, con salame de cordero y queso criollo.
La cocina está a cargo del salteño Pablo Blanco, que apuesta a productos netamente chubutenses. Con opción de pasos, puede servir desde salicornia encurtida, sal de mar y langostinos a empanada de capón, trucha del Dique Ameghino y un ojo de bife con puré de brócoli. De postre, tiene apuestas creativas, como un postre vigilante de helado de membrillo y mascarpone. Todo maridado con muy buenos vinos de la provincia, que van de Trevelin a la estepa. Cada tanto hay folcloristas invitados.
Navegar a velaLa novedad es que ahora se puede salir en un barco a vela por las costas de Madryn en temporada de ballenas. Carla Meani y Daniel Remenar están al frente de Madryn a Vela, una propuesta bien exclusiva y especial. No ofrecen avistajes, sino conexión con el mar… “y si pasan ballenas, buenísimo”, aclaran. El punto de partida es el muelle de la ciudad e invitan a participar a los navegantes del despliegue de velas, de atar cabos e incluso timonear.
El velero se llama Sara, es de Carla y podría cruzar el Atlántico. Dani se dedica a dar clases de navegación a vela y tiene gran paciencia para indicar cómo darle dirección al timón. Carla sabe entretener y suele estar a cargo de la cocina del barco, que puede ofrecer delicias como la torta galesa –húmeda, bien especiada y riquísima– que le enseñó su abuela.
Descubrir a los pionerosEl Museo Histórico de Puerto Madryn, que funciona dentro de una antigua estación de tren, invita a deshilvanar cómo se formó la región. El relato está a cargo de Martín Fennen, que integra la comisión de estudios históricos de la localidad. Su relato cuenta que, en 1863, tras reunirse con Guillermo Rawson, ministro del Interior de Mitre, los emisarios galeses Lewis Jones y Thomas Love Duncombe Jones Parry (dueño del castillo de Madryn) navegaron estas costas del sur del continente. Notaron que Carmen de Patagones ya estaba poblada y por eso bajaron hasta la desembocadura del río Chubut, que tampoco les resultó porque había tormenta. Entonces llegaron al Golfo Nuevo, donde sí pudieron desembarcar. Con la convicción de que era el lugar indicado, dos años más tarde volvieron a bordo de La Mimosa. Lideraban un grupo de 153 personas, entre familias y solteros. Del 28 de julio al 10 de agosto de 1865 vivieron en cuevas con tiendas de madera y chapa, donde hoy está Punta Cuevas. Pero como no tenían agua para beber, se fueron hasta lo que hoy es Rawson, en busca del río Chubut. Se asentaron en los valles de la región –Gaiman y alrededores– y a fin de siglo se habían convertido en buenos productores de trigo.
A pico y pala desarrollaron el ferrocarril que unía Trelew con Puerto Madryn. Vieron crecer la actividad portuaria, junto con la comercialización de aceite y cuero de lobos marinos. En la década del ’50 empezó el turismo alrededor de las prácticas submarinas. Luego se montaron empresas textiles y, en los ’70, una gran planta de aluminio atrajo más gente y la ciudad tomó forma. El boom se dio con las ballenas, que desde los ‘80 y más aún en los ’90 son razón de sobra para elegir Madryn.
Aprender sobre fauna marinaPara descubrir el mágico mundo de las ballenas, conviene ir al Ecocentro Puerto Madryn, que reabrió en 2022. Tiene salas con infografías y espacios inmersivos, como para sentirse dentro de una ballena. Uno de los guías es Emanuel Sian, que explica el ciclo de la ballena franca austral, protagonista excluyente de la región. Esa que es lenta y fácil de seguir; que cazada no se hunde y se faenaba fácil. La “southern right whale”, que en castellano es “ballena correcta (o franca) para cazar”.
“Este Golfo San Matías es muy profundo y está resguardado del viento. Las ballenas nadan hasta acá para aparearse, gestar durante doce meses y tener sus crías. Necesitan que no haya olas para enseñarles a respirar. De acá se van en noviembre hacia la Antártida para comer krill, que es un tipo de crustáceos. Y en marzo suben hasta el sur de Brasil, donde se quedan hasta agosto, que entran a este golfo. En general primero llegan y se van los machos; y aquí quedan las madres con ballenato y las hembras preñadas”, señala el guía.
CALENDARIO DE FAUNA. La ballena franca austral llega en junio o julio y empieza la retirada en noviembre, siendo agosto y septiembre los mejores meses para hacer avistajes. El pingüino de Magallanes y el elefante marino están de septiembre a abril. Es decir que octubre es ideal para ver estas tres especies, sumadas al lobo marino de un pelo, que está todo el año. La orca, que es más difícil de encontrar, aparece de febrero a abril y de septiembre a noviembre. Y el delfín oscuro, de diciembre a abril.
Dice que la boca de una ballena no tiene dientes, sino barbas que filtran el krill. Llega a medir tres metros y no podría masticar a una persona, pero sí aplastarla con la lengua. Tampoco podría tragarla, porque por la garganta pasa nada más grande que una pelota de fútbol. Los ballenatos se alimentan de leche materna con mucha grasa: crecen 5 cm y aumentan 150 kilos por día. Se comunican con sus madres porque ellas golpean el agua con las aletas. Y con los machos, porque cantan.
Muy didáctico, muestra un frasquito con siamidos (o piojos de ballena). Cuenta que son una especie de cangrejos minúsculos que viven sobre los callos de los cetáceos, bien apretados, y comen la piel muerta. Así le dan esa apariencia tan particular a la ballena, que a veces, si tiene muchos, salta para sacárselos.
Datos útilesHotel Península. Con ubicación de privilegio, tiene habitaciones con vista al mar. Está cerca de todo. Ofrece desayuno y tienen restaurante para almorzar y cenar. Av. Julio A. Roca 151, Puerto Madryn. T: (2804) 34-0340. IG: @hotelpeninsulavaldes
Catalejo Travel. Coordinan salidas por las playas de los alrededores de la ciudad y también tienen muy buenas excursiones a Península Valdés. Hay excursiones a pingüineras y loberías. Algunas propuestas son en grupo, pero hay también individuales. Guías preparados y muy predispuestos. Av. Julio A. Roca 624, Puerto Madryn. T: (2804) 60-2909. IG: @catalejotravel
Ecocentro Puerto Madryn. En el margen sur de la ciudad, tiene muy buena confitería. De miércoles a domingo, de 15 a 19 hs. Julio Verne 3784, Puerto Madryn. T: (2804) 88-3176. IG: @ecocentropuertomadryn
Museo Histórico de Puerto Madryn. Sobre un edificio de 1913, es municipal. Pone en valor la Guerra de Malvinas, a los primeros pobladores y las actividades subacuáticas. De vida cotidiana, ferrocarril y campo. Trabajan también Beatriz Herrero y Virginia Spera. De lunes a viernes de 9 a 13 y 15 a 17. Y sábados, de 15 a 17. Ciudad de Nefyn 85, Puerto Madryn.
Madryn a Vela. Una salida diferente a todo, novedosa y muy bien ejecutada. T: (2804) 40-8887. IG: @madrynavela
Finca Caballo Blanco. En El Doradillo, gran opción para comer muy bien en un ambiente agreste y dentro de un salón muy bien puesto. Con reserva. RP 1 s/n. T: (2804) 88-1895. IG: @fincacaballoblanco
Cantina El Náutico. Mariscos frescos y de excelente calidad. Av. Julio Argentino Roca 790, Puerto Madryn. Todos los días, de 12 a 14.45, y de 20 a 23.45 hs. T: (2804) 47-1404. IG: @cantinaelnautico
Peppe Restaurante. Minutas abundantes, muy buenas ensaladas y pastas. Abrió en 2024 y cocina Maximiliano Mercado. Todos los días de 12 a 15 y de 20 a 24 hs. 25 de Mayo 388, Puerto Madryn. IG: @peppemadryn
Lemon Tree. Novedosa apertura de mediados de 2025, tiene muy buena barra de tragos, sushi de calidad y carta de tapas. Clima trendy y descontracturado, funciona como bar hasta tarde. Todos los días, de 19 a 3. Perlotti 74, Puerto Madryn. IG: @lemontree_pmy