Quién es Flavio Bolsonaro, el “hijo 01” que se propuso vengar a su padre y dio la sorpresa frente a Lula
BRASILIA.– Hace diez meses casi nadie apostaba por él. Cuando el expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022) lo ungió como sucesor desde una celda de la Policía Federal, en diciembre de 2025, la d...
BRASILIA.– Hace diez meses casi nadie apostaba por él. Cuando el expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022) lo ungió como sucesor desde una celda de la Policía Federal, en diciembre de 2025, la derecha y los partidos del “Centrão” recibieron la noticia con incredulidad, y en el Partido de los Trabajadores (PT) hubo quien vio una buena noticia, ya que el “hijo 01” no parecía competitivo. Pero, después de sobrevivir, al menos por ahora, a una seguidilla de escándalos, Flavio Bolsonaro sorprendió y se impuso en la primera vuelta de este domingo con el 47,25% de los votos, frente al 44,91% de Luiz Inacio Lula da Silva, con el 98,76% escrutado.
Senador por Río de Janeiro, abogado, es el mayor de los hijos del expresidente: de ahí el “01”, el código de tradición militar con el que su padre numeró a sus hijos. Su campaña tuvo un objetivo que excede lo electoral. Flavio se propone vengar a Jair Bolsonaro, condenado a más de 27 años de cárcel por haber liderado una trama golpista y hoy en prisión domiciliaria, en las urnas y también frente a la Justicia. El senador prometió indultar a los condenados por los ataques a las sedes de los Tres Poderes el 8 de enero de 2023, empezando por su padre.
“Está cumpliendo una misión que el padre determinó, porque si no habría otro en su lugar”, resumió a LA NACION Waldir Ferraz, amigo de tres décadas de la familia y antiguo asesor político.
Para el candidato del Partido Liberal (PL), el adversario nunca fue solo Lula, sino también sus “amigos en el Poder Judicial”, como tilda a los jueces del Supremo Tribunal Federal (STF) Alexandre de Moraes y Flavio Dino, a quienes el bolsonarismo acusa de inclinar la balanza en favor del PT. A diferencia de su padre, que embestía contra la institución, Flavio apuntó contra magistrados con nombre y apellido y no ocultó su plan: conseguir una mayoría en el Senado para impulsar juicios políticos contra ellos.
La crisis ética que estalló en la corte, con Moraes y otros jueces señalados por sus vínculos con el banquero Daniel Vorcaro, le dio aire en su peor momento de la campaña y alimentó su discurso antisistema. “Dame tu voto de bronca”, pidió a los brasileños el jueves, en el cierre de campaña.
La paradoja es que él mismo está investigado ante el STF por su relación con Vorcaro, un vínculo que también alcanza a los dos jueces que su padre designó en el tribunal y que el candidato prefirió no mencionar.
En mayo, el sitio The Intercept Brasil publicó audios en los que Flavio le reclamaba a Vorcaro, dueño del Banco Master y acusado de liderar el mayor fraude bancario de la historia del país, pagos comprometidos para Dark Horse, una película biográfica sobre su padre. Lo llamaba “hermano”. El acuerdo superaba los 130 millones de reales (unos 26 millones de dólares), de los cuales el banquero desembolsó unos 65 millones (unos 12,5 millones de dólares). Flavio primero lo negó. Horas después admitió el pedido de dinero y, más tarde, que había visitado a Vorcaro cuando ya cumplía prisión domiciliaria con tobillera electrónica. “El gran error para mí fue ese. Mintió”, reconoció Ferraz.
La Policía Federal sospecha que parte de esos fondos se desvió para financiar la vida en Estados Unidos de su hermano Eduardo, exdiputado condenado por el STF. El caso frenó su ascenso en las encuestas y convirtió la convención de julio -la del discurso de Javier Milei contra Lula, que derivó en una crisis diplomática con la Argentina- en una prueba de supervivencia.
No fue su único problema. La policía investiga además un giro de casi 200.000 reales (unos 38.400 dólares) que el senador destinó a un proyecto deportivo a pedido de Robson Calixto, “Peixe”, un paramilitar condenado por su participación en el asesinato de la concejala Marielle Franco. Su patrimonio declarado pasó de 1,7 a 8,1 millones de reales (de unos 326,200 dólares a 1,5 millones de dólares) durante su mandato. Y reapareció el fantasma de la “rachadinha”, el presunto desvío de sueldos de asesores en su despacho de diputado estadual. Por ese caso fue denunciado en 2020, pero la causa se cayó cuando los tribunales superiores anularon las pruebas centrales. Nunca hubo un fallo sobre el fondo.
En la recta final, la campaña de Flavio convivió con el rumor de que saldrían a la luz imágenes íntimas del candidato y con versiones sobre fiestas organizadas por Vorcaro. “No me van a ver en fiestitas de Vorcaro. Nunca subí a un avión de Vorcaro”, se defendió. La revista Piauí reveló luego que en enero de 2025 había volado con su familia de Florida a Brasilia en un jet operado por una empresa que tenía al banquero entre sus socios. Tras la publicación, dijo que no lo sabía.
GiroSu carta de presentación era otra. “Soy ese Bolsonaro más equilibrado, centrado”, dijo a empresarios al lanzarse, y hasta se definió como “el Bolsonaro vacunado”, en contraste con el negacionismo de su padre durante la pandemia. “Es conocido por ser la persona más educada de la familia, la más agradable en el trato personal”, lo describió a LA NACION el politólogo Maurício Santoro, de la Universidad del Estado de Río de Janeiro.
Diputado estadual desde los 21 años y senador más votado de Río en 2018, hizo de la seguridad pública su bandera, aunque su paso por el Congreso dejó poco: apenas dos proyectos suyos prosperaron, ninguno sobre ese tema.
Pero en campaña puso en duda las urnas electrónicas, negó el calentamiento global, sostuvo el alineamiento con Donald Trump y prometió “decretar que Brasil es del Señor Jesucristo”. Recuperó además la estética verde y amarilla, las transmisiones semanales y las caravanas de motos de su padre.
Su programa de gobierno, un documento de 76 páginas titulado “Para que Brasil venza el atraso”, se presenta como “una alternativa liberal, conservadora, reformista y valiente”. El eje es la seguridad. Propone declarar “narcoterroristas” a las facciones criminales, bajar la edad de imputabilidad de 18 a 16 años, construir cinco cárceles de máxima seguridad según el modelo de El Salvador y aprobar la castración química para violadores.
En economía promete un “tijeretazo” al gasto público al estilo Milei, con la eliminación de al menos diez ministerios y superávit fiscal, aunque sin precisar qué se recortará, y con el compromiso de mantener los programas sociales. También plantea terminar con la reelección presidencial.
La revancha también está escrita ahí. El plan incluye una reforma judicial que le quitaría al STF la competencia para juzgar penalmente a los legisladores y limitaría las decisiones individuales de sus jueces. Es el tribunal que condenó a su padre y que hoy lo investiga a él. El indulto que prometió en los actos, en cambio, no aparece en el texto.
La herencia no llegó sin costos. Su madrastra, Michelle Bolsonaro, que sonaba para la sucesión, se limitó a un apoyo protocolar. En junio, la exprimera dama contó en un video que su hijastro la había maltratado y humillado y casi no participó de la campaña presidencial.
Para contener el rechazo del electorado femenino, el candidato dio más protagonismo a su esposa, Fernanda, dentista, y a su papel de padre de dos hijas. Los partidos del “centrão” tampoco quisieron aliarse con el PL, y la fórmula quedó aislada, con el diputado Alfredo Gaspar como vice.
Blindado hasta aquí frente a los escándalos, Flavio Bolsonaro convirtió la elección en algo más que una disputa con Lula: la planteó como una revuelta contra el “sistema” que juzgó y encarceló a su padre. El “voto de bronca” que pidió es la versión electoral de esa venganza. En las urnas se puso a prueba si el capital político de Jair Bolsonaro se puede heredar y si alcanza para cobrarse la revancha.