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Razones para poner en valor el sistema mixto argentino

Champagne francés, queso Parmigiano Reggiano, Jamón de Parma, Jamón Ibérico, Cordero de Gales, etc. También Salame de Tandil, Cordero Patagónico, Café de Colombia, Pisco de Chile y Perú, en...

Razones para poner en valor el sistema mixto argentino

Champagne francés, queso Parmigiano Reggiano, Jamón de Parma, Jamón Ibérico, Cordero de Gales, etc. También Salame de Tandil, Cordero Patagónico, Café de Colombia, Pisco de Chile y Perú, en...

Champagne francés, queso Parmigiano Reggiano, Jamón de Parma, Jamón Ibérico, Cordero de Gales, etc. También Salame de Tandil, Cordero Patagónico, Café de Colombia, Pisco de Chile y Perú, entre otras. La certificación de estas especialidades cae dentro del rango de la Denominación de Origen o Indicación Geográfica. La autenticidad certificada de esos productos justifica su precio y garantiza que provienen de una región específica y siguen un protocolo riguroso de calidad tradicional.

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Pero más allá de estas especialidades, a través de los años se han multiplicado las exigencias de certificación genérica de otros productos como carne, soja, café, cacao, aceites, etc. Se exige trazabilidad sobre cuestiones sanitarias y ambientales, e inocuidad en insumos y procesos. A menudo, también se incluyen problemáticas sociales como el trabajo justo y derechos de la niñez. Países de la Unión Europea, Estados Unidos, China o Reino Unido imponen certificaciones que hoy limitan la fluidez de los mercados. Comerciar productos libres de deforestación, baja huella de carbono o residuo-cero de plaguicidas son requisitos que abren o cierran mercados exigentes y rentables.

¿Certificar productos o sistemas de producción?

Resulta curioso que las certificaciones se focalizan en productos con identidad definida, pero no en los sistemas de producción que los generan. Certificar un sistema integral de producción es una singularidad que merece atención. Por ejemplo, en gran parte de la pradera pampeana se naturalizó un sistema ganadero-agrícola de sólida identidad, que tiene más de 120 años de historia en el agro argentino.

Sus orígenes se remontan a finales del siglo 19 y comienzos del siglo 20, pero su influyo se proyecta aún en el siglo 21. La base de ese sistema fue la rotación de cultivos agrícolas con forrajeras cultivadas. Si rastreamos en nuestros Censos Nacionales Agropecuarios (CNA) de 1895, 1908, 1914, 1937, 1960, 1988, 2002 y 2018, podemos detectar su presencia. Aunque la matriz de rotación se fue modificando a favor de la agricultura continua en parte de la región pampeana, encontramos abundantes relictos estables del sistema mixto en partidos y departamentos del Oeste de Buenos Aires, Noreste de La Pampa y Sur de Córdoba. Y concentraciones menores también en otras provincias.

Siguiendo los avatares de la economía argentina y mundial, las evidencias censales muestran que la matriz rotación cultivo-forraje (%) sufrió cambios a través del tiempo. Por su parte, instituciones como el INTA, institutos del Conicet y algunas facultades de Agronomía y Veterinaria nutrieron de conocimiento útil y novedoso al sistema mixto durante los últimos 50-60 años. Hubo una co-evolución de beneficios mutuos. La persistencia del sistema durante más de un siglo es una evidencia concreta de su resiliencia, o sea, de su capacidad para adaptarse y superar situaciones cambiantes y adversas.

La ciencia confirma

¿Qué datos y evidencias científicas testifican esa resiliencia? Si comparamos el sistema mixto con un sistema ganadero puro y un sistema de agricultura continua en la pradera pampeana, encontramos pilares conceptuales que ponen en contexto este asunto. Encomendé a la IA que me ayudara a caracterizar económicamente el margen bruto por hectárea de estos tres sistemas desde comienzos de este siglo 21. La IA me advirtió de entrada que solo podía aportarme rangos orientativos de valor en dólares por hectárea para neutraliza en parte la inflación debida a la crónica variabilidad de la economía y a las políticas zigzagueantes de los gobiernos argentinos. Como rangos promedio de los últimos 25 años, sugirió valores en dólares americanos de 75 a 150, 150 a 250 y 250 a 350, respectivamente, para los sistemas ganadero, mixto y agrícola continuo. La conversión de parte de los sistemas mixtos en agrícolas ha tenido, entre otras, una clara motivación económica. Pero aún conservan una presencia significativa.

Desde el punto de vista biológico, la menor rentabilidad del sistema ganadero está compensada por una mayor estabilidad biológica y económica. No optimiza, pero asegura. En el otro extremo, el sistema agrícola se muestra menos estable pero más productivo y rentable en lo económico. El sistema mixto, por su parte, combina atributos de ambos sistemas. La asociación de carne y granos diversifica actividades y confiere estabilidad. Entre otras razones porque facilita el quiebre del ciclo biológico de malezas y plagas. Los cultivos de doble propósito sirven para grano o forraje según la necesidad del productor y aseguran flexibilidad de manejo. Según una reciente base global de datos, los stocks de carbono que se conservan en áreas de producción mixta superan a los del sistema agrícola, y es mayor el reciclado de nutrientes que se logra a través de las heces y orina del ganado.

La pregunta del millón respecto al sistema mixto es ¿Cómo poner en valor estos atributos? La certificación del sistema se ubica en el centro de la escena, pero si logra marcar una diferencia conceptual entre el producto y el sistema de producción. El sistema mixto no se adecua a una Denominación de Origen o a una Indicación Geográfica. En cambio, sí puede hacerlo a través de una identidad de sistema que comparten muchos productores del centro del país. Eso exige una agrupación que certifique una marca y comercialice los productos del sistema bajo reglas comunes. Se requiere un reglamento interno riguroso, procesos de producción bien definidos, criterios de admisión y reglas de auto-control preservados por los propios productores. Demostrar que hay más de un siglo detrás de la persistencia de este sistema es una excelente carta de presentación. En regiones de producción mixta, el INTA podría encontrar un nuevo protagonismo. Su apoyo para encontrar criterios y parámetros técnicos pasibles de ser medidos y certificados, crearía valor de una manera original y novedosa. La idea puede ser concebida como un atajo para asignar un valor extra a productos que se generen bajo el paraguas de un sistema integral de producción con tradición y resiliencia probadas.

Miembro correspondiente de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/economia/campo/razones-para-poner-en-valor-el-sistema-mixto-argentino-nid19072026/

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