Real Madrid venció a Atlético de Madrid en la Liga de España y Diego Simeone sufrió en el Bernabéu
MADRID.- No hay vuelta de hoja: el Bernabéu es un coto cerrado para Diego Simeone. Da igual la competición que se trate, el planteo táctico que formule o los cambios que pueda darle en el transc...
MADRID.- No hay vuelta de hoja: el Bernabéu es un coto cerrado para Diego Simeone. Da igual la competición que se trate, el planteo táctico que formule o los cambios que pueda darle en el transcurso del encuentro, llevarse una victoria en la casa del eterno rival se ha convertido en misión imposible. Esta vez, su equipo, Atlético de Madrid, se fue al descanso 1 a 0 a favor; logró recuperarse de la remontada local con un golazo de Nahuel Molina, pero el final fue el de casi siempre: el Real Madrid venció 3-2 estirando hasta 10 las derrotas en las 22 visitas del técnico argentino al templo blanco (el resto fueron 8 empates y 4 triunfos, el último en 2016).
El derby, con los antecedentes recientes de un 5-2 colchonero en la ida y un 2-1 merengue en la Supercopa disputada en enero, el día de la discusión verbal del entrenador rojiblanco con Vinicius Jr., ofreció un espectáculo frenético, cambiante, incierto hasta la jugada de cierre. La libreta de apuntes se llenó de acciones que rondaron el gol, hubo muy poco espacio para la distracción y multitud de detalles que merecen ser contados.
El clásico madrileño encierra dosis de pasión semejantes a cualquier otro enfrentamiento entre rivales de una misma ciudad. Lo que cambia -sobre todo si se lo compara con lo que estamos habituados a ver y vivir en las canchas de nuestro país- es la forma de manifestarlas.
En la previa nadie se sorprende si un simpatizante con camiseta del Atlético se sienta a tomar una cerveza en un bar abarrotado de adversarios, o si algunos otros caminan despreocupados por la avenida por donde ingresan los integrantes de la llamada “grada de animación”, una especie de barra ultralight patrocinada por el propio club que se ubica donde antaño tenían su feudo los violentos Ultrasur.
Lo mejor de Real Madrid vs. Atlético
Fue en esa tribuna donde en la salida de los equipos se desplegó la llamativa imagen de una moderna diosa Cibeles rodeada por sus leones y sosteniendo en sus manos varios de los edificios más emblemáticos de la ciudad sobre la frase Diosa del Real, Reina de Madrid. También la que acompañó de pie y en absoluto silencio el minuto en recuerdo de Silvino Louro, entrenador de arqueros en los años de José Mourinho como técnico. Cabe decirlo, la gente del Atlético, apretada en un rincón de la tribuna norte, reducida en número pero muy ruidosa, lo siguió con idéntico mutismo y total respeto.
Tanta civilidad, por supuesto, no está exenta de insultos. Simeone es uno de esos personajes que el Santiago Bernabéu detesta. No gustan sus declaraciones, siempre proclives a hacer más hincapié en los supuestos favores arbitrales que recibe su rival que en aceptar los errores de los suyos y los aciertos adversarios. Tampoco su modo de encarar los partidos. Por eso, los silbidos coparon el aire cuando se anunció la alineación visitante, y pudo oírse algún cantito insultante ante cualquier gesto de queja.
Esta vez, sin embargo, no hubo demasiado lugar para la protesta en la primera media hora. Fue valiente el Cholo parando su línea defensiva casi en mitad de cancha y solo retrocedía cuando el Real Madrid iba ganando terreno a base de toques hasta hundir al Atlético en las cercanías de Juan Musso.
Aún así, los blancos sumaron ocasiones: un tiro al palo de Federico Valverde, un remate corto de Vinicius que Giuliano Simeone salvó en la línea, un centro rasante del volante uruguayo que nadie llegó a resolver. Los colchoneros apenas habían asomado con una llegada de Marcos Llorente que el arquero Lunin había tapado en dos tiempos. En la segunda, a los 32, combinaron por izquierda Lookman y Ruggeri, Giuliano le dejó muerta la pelota al nigeriano y este eligió dónde empujarla a la red.
Ahí apareció el Cholo que disgusta a extraños (y a demasiados propios). El 4-4-2 adelantado se transformó primero en 5-4-1 alrededor de su área; y más tarde, en un 6-3-1 comprimido en 15 metros. No le sirvió de mucho. Un penal innecesario del esloveno Hancko a Brahim Díaz le permitió a Vinicius poner el empate, y la fe de Valverde por pelear balones que parecen perdidos le brindó la posibilidad de desairar a su compatriota Giménez, quedar mano a mano con Musso y festejar. Antes de los 10 de la segunda mitad, el marcador ya había dado un vuelco.
Simeone contestó a los contratiempos con tres cambios ofensivos, dos de ellos con jugadores argentinos. Molina clavó un derechazo notable en el ángulo derecho de Lunin a los 21 y Nico González intentó ser incisivo por el lado zurdo. Pero sobre todo, de ser una isla perdida Julián Álvarez (el poste izquierdo le negaría el empate a los 35). Solo Thiago Almada, de un lado; y Franco Mastantuono, del otro, se quedaron sin pisar el césped entre los numerosos hombres de Lionel Scaloni protagonistas del derby. De los que sí lo hicieron, el de mejor actuación, sin duda, fue Giuliano, por participación en acciones importantes y espíritu de lucha. Vivió medio partido a contramano Julián, cumplió Musso con dos buenas atajadas, un mal rebote corto y sin responsabilidad en los goles; entró poco en juego Nico González.
La sentencia del resultado iba a corresponderle a Vinicius, tal vez como respuesta que tenía guardada para el Cholo por aquella frase que le había dedicado en el choque del pasado enero. “Te va a echar Florentino (el presidente del Madrid)”, le dijo entonces e inició un diálogo áspero que siguió hasta el túnel. A los 26, el brasileño fue enganchando de la izquierda al centro hasta que descubrió el espacio justo para disparar de derecha al mejor estilo Messi y ponerla abajo, contra el palo izquierdo de Musso.
Quien crea que los únicos clásicos apasionados entre rivales de una misma ciudad se viven en la Argentina se equivoca. El de Madrid tiene lo suyo, solo que se expresa de otras maneras. Ni mejores ni peores, simplemente diferentes. Y cada tanto es capaz de brindar un partido como para aplaudir con ganas.