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River fue de la promesa de una goleada a un triunfo sin respuestas convincentes para lo que viene

La larga pausa de 21 días sin partidos, River necesitaba capitalizarla para tomar un envión que lo llevara mucho más lejos que el paso que dio con el triunfo ante un Estudiantes de Río Cuarto c...

River fue de la promesa de una goleada a un triunfo sin respuestas convincentes para lo que viene

La larga pausa de 21 días sin partidos, River necesitaba capitalizarla para tomar un envión que lo llevara mucho más lejos que el paso que dio con el triunfo ante un Estudiantes de Río Cuarto c...

La larga pausa de 21 días sin partidos, River necesitaba capitalizarla para tomar un envión que lo llevara mucho más lejos que el paso que dio con el triunfo ante un Estudiantes de Río Cuarto con destino de descenso anticipado. Superar al peor equipo del año, a uno que llegaba al Monumental con solo un triunfo en las 21 fechas anteriores, estaba dentro de lo previsible, aun para un equipo que se maneja más con incertidumbres que con certezas.

River dejó pasar la oportunidad de mandar un mensaje futbolístico más convincente. Los 28 remates (ocho al arco) no hablan de una buena producción. Es apenas un dato, detrás del cual hubo un rendimiento monótono, con carencias en la elaboración y la resolución.

Lo que le queda por delante es demasiado empinado como para suponer que le va a alcanzar con lo mostrado ante un rival descendido. Leonardo Ponzio, tras la victoria, habló de que restan “cinco finales”. Debe visitar a Sarmiento —una de las revelaciones del torneo—, luego ir a Córdoba para enfrentar a Belgrano, recibir a Racing, pasar por la Bombonera y terminar en Mar del Plata ante Aldosivi. Un recorrido en el que deberá cumplir con la meta mínima de quedar entre los ocho clasificados para los playoffs. La clasificación para las copas será otro desafío inquietante.

La postergación del encuentro ante Sarmiento -programado para el miércoles próximo- le dio a Ponzio la posibilidad de seguir manejándose con la formación estable desde su debut, hace cuatro fechas. Tuvo tiempo para recuperar al lesionado Andrada y contar con los convocados a la selección. Solo debió recurrir al juvenil Pereyra por Almada, que estuvo en el banco para no apurar su regreso tras el desgarro.

En las tres semanas sin actividad oficial, Ponzio siguió ensayando con amistosos a puerta cerrada ante Atlético Escobar y Vélez. Mientras tanto, River llenaba titulares de prensa por su agitada y tensa relación con la AFA. Recibió el beneplácito de la Liga Profesional para diferir el cotejo con Sarmiento, pero tras la despedida de Lionel Messi en el Monumental hubo fuego cruzado por los numerosos desatinos organizativos.

En cuanto al partido en una noche más invernal que de primavera, a los cinco minutos River ya estaba en ventaja. Correa, la individualidad más astuta en ataque, cruzó un centro que se desvió levemente en un defensor antes de que lo conectara Acuña en la boca del arco. El gol podía tomarse como una declaración de intenciones: el lateral izquierdo aparecía tempranamente en una zona más frecuentada por jugadores ofensivos.

Consciente de que le esperaba un partido sufriente, el equipo cordobés se plantó con una línea de cinco y el objetivo de achicar espacios en su campo. Con el 1-0 tan temprano cabía imaginar que no tardarían en llegar más goles. Pero la sostenida iniciativa de River no tuvo la claridad ni precisión necesarias. En muchos remates de media distancia había más síntomas de apresuramiento que de criterio para terminar las jugadas. Pereyra era el que más desenfundaba con tiros desde fuera del área. Tenía muchas ganas de mostrarse, no ahorraba despliegue en la función de enlace con los delanteros.

Intermitente Andrada, Galván también aparecía menos de lo necesario. Montiel y Acuña se mostraban constantemente para ampliar el frente de ataque. Driussi bajaba para ofrecerse como descarga. Todos trataban de implicarse en el circuito, pero la jugada redonda no le salía a River; se atoraba en los últimos metros. Falta de lucidez y también de tranquilidad. Estudiantes se presentó con su tercer arquero, Lautaro Herrera, que debió estar siempre atento, pero sin ser muy exigido. Lo más complejo que resolvió en el primer tiempo fue una definición dentro del área de Pereyra.

El encuentro iba resignando interés entre el dominio infructuoso de River y la incapacidad de Estudiantes para ir un poco más lejos del círculo central. Así lo entendió el árbitro Arasa, que dio por finalizado el primer tiempo segundos antes de que se cumplieran los 45 minutos.

La segunda etapa no cambió mucho el guion. Todo seguía dependiendo de River, bastante nublado para despejar los caminos. Se repitió en una búsqueda tozuda, con pocas luces. El nivel general estaba estancado en la medianía. Estudiantes se conformaba con no ser vapuleado, con minimizar los daños de una derrota.

Ingresó Almada y Galván estuvo cerca del segundo gol con una definición cruzada que salió desviada. La entrada de Borré despertó los silbidos que se mantienen para algunos jugadores. River siguió deshilachado, por momentos parecía aburrido de sí mismo. Y como la diferencia era solo de un gol, la cuota de sufrimiento no estaba cancelada. Entre Otamendi y Beltrán llegaron con lo justo a cerrar una entrada al área de Bajamich. Fue un cierre gris, como la noche. A River se le quemó la pólvora demasiado rápido. De un gol a los cinco minutos a meterse en un laberinto del que nunca supo salir. Futbolísticamente, aun habiendo ganado, lo que exhibió fue un retroceso en comparación con la derrota frente a Huracán.

La goleada y lucimiento que podían presumirse por el 1-0 a los cinco minutos quedaron en promesas, como muchas otras que River fue dejando en el camino durante este año. Los 21 días de pausa trajeron más óxido que ajuste para un juego aceitado. La victoria fue corta porque este River se quedó a mitad de camino.

Lo mejor del partido

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/deportes/futbol/river-fue-de-la-promesa-de-una-goleada-a-un-triunfo-sin-respuestas-convincentes-para-lo-que-viene-nid11102026/

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