Rosa Rodríguez: su larga preparación para el histórico triunfo en Pasapalabra España y el sueño que la une a la Argentina
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Rosa Rodríguez ganó el pozo más grande en la historia de Pasapalabra España: 2.716.000 euros. El histórico triunfo de esta argentina se produjo tras una última respuesta a tres segundos del final, después de años de preparación y 307 programas de competencia televisiva.
Nacida en Quilmes en 1993 y radicada en España, tierra natal de su padre, desde los siete años, Rodríguez se convirtió en la mayor ganadora del ciclo. Profesora universitaria de español para estudiantes internacionales, formada en Filología Inglesa y con varios másters, le dedicó casi cinco años de su vida al programa que miraba desde chica junto a su madre, quien fue también la que la animó a anotarse.
El rosco completo de la argentina que ganó Pasapalabra en EspañaEn esta entrevista con LA NACION, Rodríguez reconstruye el recorrido completo: la emoción del triunfo, el “duelo” que sintió cuando el sueño se terminó, el vínculo con su familia y el “anclaje argentino” que todavía sostiene en su vida cotidiana. También anticipa qué planes empieza a imaginar ahora: volver al país después de más de una década y recorrer el país “en camioneta”.
—¿Cómo estás viviendo este momento?
—Con mucha emoción. Recién aterrizando, porque esto pasó hace unas dos semanas y media, el programa es grabado y hasta que se emite pasan unas semanas. Desde que pasó lo viví con mi familia, pero había que guardar el secreto.
—¿Qué te generó esa espera?
—Fue raro: era real, pero a la vez no. A medida que pasaban los días lo sentía más lejano. Y esta semana, cuando llegó el lunes y mis amigos y mi familia acá en España se empezaron a poner nerviosos, me vino todo el nervio de golpe. Recién hoy, con todo lo que estoy viviendo, me doy cuenta de lo que pasó. Pasapalabra es un programa que sigue todo el mundo, tiene mucho prestigio. Nunca había pensado en el día después.
View this post on Instagram—¿Te sorprende la repercusión en la Argentina?
—Muchísimo. Yo pensé que iba a salir alguna noticia de “una chica nacida en Argentina ganó en España”, pero me están llegando un montón de cosas. No tengo tiempo ni de mirar el teléfono: veo “Argentina, Argentina, Argentina” y está siendo increíble. De verdad muchas gracias a todos.
Un sueño hecho realidad—Se habló mucho de tu preparación, ¿cómo fue ese proceso?
—La parte del concurso fue la parte más corta de toda la aventura. Yo estuve tres años y medio preparándome antes de empezar a concursar. Después fueron 307 programas, que es un año y tres meses. En total, cinco años en los que mi vida giró alrededor de este programa.
—¿Y en ese camino imaginabas que podías ganar el pozo?
—No. Yo me imaginaba participar, hacer un programa. Tenía la ilusión de llegar algún día. Ni siquiera me imaginaba ganando.
View this post on Instagram—¿Qué te pasó cuando terminó?
—Fue una sensación rara. Estaba más que contenta por haber ganado, pero triste porque se había terminado. No iba a ver al equipo, la semana siguiente no tuve que viajar… y tuve que lidiar con ese duelo.
—¿Cómo se entrena para un programa así? ¿Tenías un método?
—Aprendí mucho de anteriores concursantes. Lo primero es ver todos los programas que están colgados en la web desde 2011. En el momento en que empecé eran como 3000; ahora son 4000 y pico. Yo me los vi todos. Anoté todas las preguntas que no conocía y las tengo en un Excel. Me dediqué a estudiar todos los días, organicé mi vida alrededor de esto.
—¿Se repiten las palabras de años anteriores?
—No necesariamente, aunque algunas del diccionario pueden volver cada muchos años. Pero las difíciles —las que llamamos “rojos”, “candados”— te muestran patrones: tipos de preguntas, temas, listas. Entonces vas mirando reyes, deportistas, cosas específicas, por si alguna vez vuelven a caer.
—La victoria llegó con una palabra clave: “Morrall”. ¿La tenías estudiada?
—Sí, la tenía estudiada. Pasalabra se convirtió en un deporte de élite aquí. Los concursantes que pasaban iban con cada vez más estudio, por eso el nivel de las preguntas fue subiendo. La gente dice: “¿Cómo se sabía eso? Yo me aprendí todo porque decía: “¿Qué cosas absurdas me pueden preguntar?“. Me hice una lista con todos los jugadores posibles. En el momento la pronuncié más tipo española por los nervios y pensé: “Que sea este jugador, que no sea otro”. Y luego, ya no lo podía creer.
—¿Sentís que ahí también jugó la suerte?
—Sí, suerte y trabajo. Llegados al nivel en el que estábamos los dos, es una cuestión de azar que se alineen todas las respuestas. Normalmente estábamos en 22, 23, 24, pero la 25... Tiene que cuadrar todo.
View this post on Instagram—Estuviste más de un año compitiendo con Manu. ¿Cómo fue el vínculo que se generó entre ustedes?
—Yo lo considero un compañero. No te puedo decir que somos amigos porque no tenemos relación más allá del programa, pero compartimos un año y tres meses. Había mucho compañerismo. No lo vivíamos como rivalidad de “uno contra otro”, sino como intentar llegar al pozo. Mucho respeto. Le tengo cariño y mucho respeto.
—En tu historia aparece mucho tu mamá: vos mirabas el programa con ella y fue la que te empujó a anotarte. ¿Cómo fue eso?
—Nació del sueño de mi madre, cumplí el sueño por ambas. Siempre fue aficionada a mirar concursos. En algún momento decía “a lo mejor puedo participar” y después se le pasaba, pero le gustaba mirarlos. Y me animaba porque me veía con la posibilidad. Ni ella se imaginó esto. Durante el proceso, viendo cuántas horas estudiaba, creo que pensó: “¿En qué momento se me ocurrió animarla?”. Pero verlo a través de ella fue precioso.
—¿La llamaste apenas terminó el programa?
—Sí. La culminación con esa llamada… Para mí es uno de los recuerdos más lindos que me va a quedar en la vida.
Argentina como parte de su identidad—Se habló mucho de tu identidad: naciste en Argentina, tu papá es español, vivís en España hace décadas. ¿Cómo viviste ese cambio de cultura?
—Aunque me fui de chica, me quedó muy marcado todo lo que vivía allá. Mi mamá es argentina y mi papá nació en España, de esos gallegos que emigraron a la Argentina. El viaje a España fue un retorno para él. Sin embargo, en casa nosotros mantuvimos mucho esa identidad argentina: el contacto, el acento. Nos sentimos muy identificados con lo argentino.
—¿Qué cosas concretas te conectan con esa parte argentina?
—La comida, por ejemplo. Se habla mucho de la pizza de palmitos: lo primero que hice en la primera llamada a mi mamá fue preguntarle si tenía pizza en el congelador. Mi papá tenía una pizzería en la Argentina. Y también las empanadas de mi mamá, que son famosas entre nuestros seres queridos.
View this post on Instagram—¿Hace cuánto no volvés?
—No voy desde 2013, desde los 19. Después estuve viviendo afuera muchos veranos, siempre tenía algo, y se te pasan los años. Con la pandemia también; los últimos años volaron.
—¿Y qué te gustaría hacer cuando vuelvas?
—Quiero tomarme el tiempo. Le prometí a mi tía que cuando ganara el pozo íbamos a hacer una ruta por la Argentina en camioneta. Porque conozco muy poquito de mi país, solo Buenos Aires y Quilmes, donde crecí hasta los 7 años. Quiero conocer más del país que me vio nacer.
—Después de cumplir “el sueño más grande”, ¿qué te pasa con el futuro?
—Pasapalabra fue un sueño tan fuerte que me cambió todo. Me dio propósito durante años. Ahora sé que tengo que encontrar otro propósito que me llene. Me encanta lo que hago: la docencia. Y con esto quizá se abren nuevas puertas.
—¿Ya pensaste qué vas a hacer con el dinero?
—Hoy no pienso más allá de terminar el día. Quiero disfrutar estos días con mi familia. Y sí: pienso en viajar a Argentina, porque hace muchos años que no voy. Yo soy una persona muy soñadora y ahora, tengo vía libre para soñar grande.
—¿Vendrías a Pasapalabra Argentina si te invitan?
—Tendría que mirar bien el formato. Me da vergüenza ir ahora como campeona y hacer un desastre. Me encantaría. A veces me salen clips por las redes y me parece que es el mismo concepto, pero hecho de manera muy diferente al mismo tiempo.
—¿Qué le dirías hoy a la Rosa que estaba estudiando sin saber si algún día la iban a llamar?
—Que confíe en su intuición, en su sueño, y en las decisiones que toma. Hubo momentos de dudar, sobre todo en la espera: “¿qué estoy haciendo?, ¿por qué estudio estas absurdeces?”. Pero acá terminamos, muy feliz y agradecida.