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Rossella Nappi: “Hay menor productividad laboral y mayor ausentismo cuando no se atienden los síntomas de la menopausia”

RIO DE JANEIRO.- Más allá de sus credenciales académicas, cada intervención de la médica italiana Rossella Nappi está atravesada por un profundo compromiso con la salud femenina, ámbito en e...

Rossella Nappi: “Hay menor productividad laboral y mayor ausentismo cuando no se atienden los síntomas de la menopausia”

RIO DE JANEIRO.- Más allá de sus credenciales académicas, cada intervención de la médica italiana Rossella Nappi está atravesada por un profundo compromiso con la salud femenina, ámbito en e...

RIO DE JANEIRO.- Más allá de sus credenciales académicas, cada intervención de la médica italiana Rossella Nappi está atravesada por un profundo compromiso con la salud femenina, ámbito en el que trabaja desde hace 35 años. Profesora titular de Obstetricia y Ginecología de la Universidad de Pavía, conduce el Centro de Medicina de Reproducción del Policlínico San Matteo de esa ciudad y está al frente de la International Menopause Society (IMS). En los últimos días, presidió el Congreso Mundial de Menopausia, que se realizó en Río de Janeiro, donde dio cátedra ante profesionales de más de 50 países.

En una pausa de su frenética agenda durante el encuentro internacional, brindó una entrevista exclusiva a LA NACION para repasar los últimos avances científicos y delinear los desafíos que el climaterio plantea como punto de inflexión hacia la nueva longevidad.

-¿Cuáles son las nuevas perspectivas en el abordaje de la menopausia al tener en cuenta la evolución del rol de la mujer y la mayor expectativa de vida?

Hoy las mujeres en la mediana edad se encuentran en el punto más alto de su actividad. Necesitan sentirse bien para afrontar todas las exigencias de la vida cotidiana: tienen que cuidar a su familia, quizás también tienen padres mayores de los que ocuparse, por lo que también son cuidadoras, y además tienen un trabajo. Y en el contexto de una vida más larga, necesitamos darles calidad de vida y autonomía. La menopausia es, sin duda, un punto de inflexión en términos de factores de riesgo. Lo que sabemos es que las mujeres que tienen síntomas, especialmente vasomotores como los sofocos, son las que tienen mayor predisposición a esos factores de riesgo. Necesitan recibir tratamiento. Y también hay un concepto muy importante que tenemos que considerar: pueden entrar en la menopausia antes de los 45 años y estar privadas de hormonas desde más temprano. Se trata de una deficiencia hormonal que deberíamos corregir para evitar riesgos. A veces nos olvidamos de los huesos, por ejemplo, y hay que saber que las fracturas óseas realmente son una causa importante de morbilidad y mortalidad a medida que las mujeres envejecen.

-¿Cuáles considera que fueron los principales avances que se presentaron durante el Congreso Mundial de Menopausia respecto a los tratamientos?

Un avance extremadamente importante es que ahora contamos con hormonas bioidénticas reguladas, producidas por compañías farmacéuticas y disponibles en dosis bajas. Son extremadamente similares a las hormonas producidas por el ovario. Contamos con estrógeno natural y progesterona natural, y esto es muy positivo porque el impacto metabólico y cardiovascular es muy bajo. Realmente hay que indicar el tratamiento dentro de la ventana de oportunidad, antes de los 60 años, y hay que utilizar la hormona más segura. Existen además otros avances porque contamos con tratamientos no hormonales, que están dirigidos específicamente al mecanismo de los sofocos. Y esto es muy importante para las mujeres que tienen contraindicaciones para recibir estrógenos. Pensemos en las pacientes con cáncer de mama, a quienes antes simplemente les decías: “Bueno, tenés que usar el ventilador”. Esto es algo increíble porque, en definitiva, no sabemos si al prevenir los síntomas vasomotores quizás también podamos prevenir enfermedades cardiovasculares. Pero nuestro objetivo no es utilizar hormonas o no hormonas. No es una rivalidad como Brasil o Argentina en el fútbol. Se trata simplemente de hacer lo que sea correcto para cada mujer en particular.

-¿Y cuál es el impacto de no recibir tratamiento o de recibirlo tarde?

El primer impacto de no recibir tratamiento cuando tenés síntomas es que, al menos, tu calidad de vida será mala. Tenemos datos que sugieren que hay menor productividad laboral y mayor ausentismo cuando no se atienden los síntomas. Hay mujeres que incluso dejan de trabajar o quizás reducen la cantidad de horas. Tal vez aceptan un puesto de medio tiempo porque no pueden trabajar ocho horas porque están demasiado cansadas, porque no duermen. También hay un precio en la vida personal porque, si tienen sequedad vaginal, dolor durante las relaciones sexuales o baja libido, esto puede interferir en el vínculo de pareja. Si utilizan un tratamiento equivocado, es posible que aparezcan algunos efectos adversos. Generalmente, cuando las mujeres desarrollan, por ejemplo, un riesgo tromboembólico es porque no deberían haber recibido ese tratamiento. Algunas mujeres necesitan tratamiento, otras no necesitan y otras tienen contraindicaciones. Debemos atenernos a estrategias basadas en la evidencia. Tenemos tratamientos hormonales y no hormonales que pueden ayudar a las pacientes y necesitamos tomar decisiones individualizadas. En este sentido, parece haber una necesidad de una mayor formación en menopausia, no solo para algunos médicos sino para todos.

-¿Existe un déficit en la preparación de los médicos sobre este período de la mujer?

Necesitamos incluir la menopausia en la formación médica, especialmente para los médicos de atención primaria. Pero todas las especialidades deberían tener conocimientos sobre la menopausia, porque, según los libros, es simplemente la última menstruación y punto. Pero realmente es una transición física, psicológica y social. Entonces, si no entendés esto, ¿cómo podés atender a las mujeres menopáusicas? Hay especialistas que no entienden que lo que realmente le está pasando a su paciente se debe a la menopausia. La taquicardia, por ejemplo, puede aparecer en esta transición. Las mujeres van a consultar al cardiólogo y, si el profesional no es lo suficientemente atento, no va a pensar en la menopausia. Lo mismo ocurre con el psiquiatra, cuando hay alteraciones del estado de ánimo. También con el neurólogo o el especialista en sueño, que tal vez indican pastillas para dormir a estas mujeres, cuando en realidad deberían recibir estrógeno en dosis bajas.

-Los síntomas cognitivos en la menopausia ganan lugar en la conversación, ¿son más frecuentes o solo se están reportando más?

Creo que se están reportando más. En el pasado las mujeres también tenían estos síntomas, pero hay que considerar que había menos mujeres trabajando y bajo la presión que eso implica. Y recordemos que quizás también están aumentando un poco porque nuestra vida se ha vuelto muy acelerada. Probablemente la niebla mental se vincula con hacer demasiadas cosas que el ser humano no puede manejar, especialmente durante una etapa como la menopausia, en la que la persona puede estar un poco inestable.

-¿La menopausia está en la agenda de los gobiernos, al menos en los países más avanzados?

Creo que la menopausia está empezando a formar parte de la agenda porque los países están entendiendo la importancia que tiene para la cuestión de la longevidad. Tenemos datos, pero probablemente no suficientes como para reflejar las diferentes realidades de todo el mundo. Y, por supuesto, hay algunos países que tienen la suerte de contar con muchos productos. Otros países quizás no tengan tanta suerte porque solo tienen acceso a productos más antiguos o porque estos no tienen cobertura. Entonces, para algunas mujeres es muy difícil acceder a este tipo de tratamiento. Pero tenemos que luchar por un mundo en el que la equidad sea la clave. Y si indicás una terapia para la menopausia en el momento adecuado, podés mejorar significativamente la evolución de los factores de riesgo.

-¿Cómo impacta la falta de datos para desarrollar políticas de salud pública?

Tenemos buenos datos en Estados Unidos, quizás también en el Reino Unido y en Australia, pero realmente necesitamos recopilar más datos de calidad para intentar cerrar esta brecha y motivar a los responsables de las políticas públicas a tomar decisiones correctas. Es más fácil pensar en estrategias para la endometriosis o para una enfermedad ginecológica concreta, porque son patologías y tienen un impacto en la fertilidad y en la natalidad, que es un tema que preocupa en todo el mundo, especialmente en algunos países. La IMS está tratando de contribuir a este alcance global porque tenemos muchas sociedades afiliadas. Podemos esperar que en el futuro podamos conseguir fondos para financiar investigaciones independientes de muy buena calidad. Realmente necesitamos datos. Este es el mensaje principal para movilizar a los responsables de formular políticas públicas en un país. Los políticos quieren soluciones rápidas porque esperan las elecciones del año siguiente, no miran a largo plazo. Pero la vida y la salud de las mujeres realmente son un continuo.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/sociedad/rossella-nappi-hay-menor-productividad-laboral-y-mayor-ausentismo-cuando-no-se-atienden-los-sintomas-nid07102026/

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