“San Cayetano”, la triste historia de amor que dio origen a un clásico del rock nacional
La Mississippi es uno de los grupos más longevos del blues nacional. Siguiendo el camino que abrió Manal, pero arraigados a las tradiciones del género, construyeron los pilares que dieron identi...
La Mississippi es uno de los grupos más longevos del blues nacional. Siguiendo el camino que abrió Manal, pero arraigados a las tradiciones del género, construyeron los pilares que dieron identidad argentina a una música que tiene sus raíces en la comunidad afroamericana de los Estados Unidos. Si Mbugi (1993) fue su carta de presentación tras años de llamarse Mississippi Blues Band, Bagayo (1995), su consagración y Classic (1996), un tributo a los standards que tocaban en sus comienzos, Cara y ceca, editado en 1997, fue la evolución.
Recientemente editado en vinilo, Bagayo representó un paso más allá de las fórmulas. La banda se permitió reinterpretar el blues en castellano, con letras propias e historias locales. Cara y ceca profundizó esa manera de encarar las composiciones, pero con un elemento adicional: la incursión en nuevos sonidos provenientes de la música latina, el folklore litoraleño y el jazz. “Obrero del amor”, por ejemplo, cuenta con el acordeón del Chango Spasiuk, toda una novedad para un álbum de blues. En ese cuarto trabajo, la canción más emblemática es “San Cayetano”, un infaltable en los shows de La Mississippi, un verdadero clásico del blues local.
Cara y ceca se grabó en los míticos estudios Del Cielito y salió a través de su sello, bajo la supervisión del ingeniero de sonido Gustavo Gauvry. El cantante Ricardo Tapia cuenta que la compuso con el guitarrista Gustavo Ginoi como “un engranaje perfecto”. “Él había desarrollado una base de latin blues que iba muy bien con la idea. Nacieron una para la otra”. “La guitarra tiene un toque santanesco y el saxofonista Zeta Yeyati aporta un sonido distintivo con la flauta traversa”, agrega Martín Sassone, autor del libro Bien al Sur: Historia del blues en la Argentina. Efectivamente, el riff está influido por el estilo de Carlos Santana y la percusión, a cargo de Juan Carlos Tordó, remite a la banda que revolucionó el festival de Woodstock en 1969.
La canción surge justamente del afán de La Mississippi de contar historias. Como observa Sassone, “la letra es propia de la prosa creativa de Ricardo Tapia. Habla de un amor no correspondido, un tema recurrente en el blues, de un hombre que se enamora a primera vista de una mujer que nada tiene que ver con él”. El frontman y letrista Ricardo Tapia confirma que está inspirada en una historia real “en un setenta por ciento”, a la que le fue dando “pinceladas” y creando “situaciones”.
“Hace muchos años, un seguidor nuestro, del cual solo recuerdo que se llamaba Mauro y que usaba muletas porque había tenido un grave accidente en moto, me contó a la salida de un show en Flores que había querido introducir a su exnovia al blues, sin suerte. Aunque tuvo sus cosas buenas, la relación había sido corta y muy inestable. Se habían dado cuenta de que tenían vidas y pertenecían a clases sociales muy diferentes”, relata. “Lo que más me interesó fue que la conoció en el marco de la procesión a San Cayetano. Él había acompañado a un amigo a pedir trabajo. No era un gran creyente, pero fue igual. Y ahí, a la salida de la iglesia, vio a la chica en cuestión. Sus ojos negros profundos y su belleza lo dejaron de piedra. Hizo todo lo posible y, charlando, consiguió que le diera su número. Ahí está la razón de ser del tema: fui por trabajo y me diste un amor”.
¿Qué fue de la vida de Mauro? “Después de esa charla no lo vi nunca más. ¡Supongo que se debe reconocer en la canción!”, reflexiona Tapia. Su relato le terminó dando a La Mississippi un éxito inoxidable, de esos que calan profundo en la cultura popular. “Hasta escuché a alguien cantándolo en una plaza en Italia”, cuenta.
Las canciones que integran Cara y ceca, pero en especial “San Cayetano”, funcionaron como una bisagra en la que el grupo mostró su capacidad para expandir su sonido, algo que profundizó en sus discos posteriores. “El camino de nuestra banda siempre fue romper los estereotipos de lo que se supone que hay que decir o tocar en la música negra. Todos venimos de vertientes musicales muy diferentes: blues rock, hard rock, jazz, folk, candombe... Eso nos aporta otra forma de componer. El blues es hermoso, y es un molde donde amasar cosas, pero es nuestra identidad cultural lo que nos da color. Nosotros nunca fuimos tipos tradicionales. Tenemos una educación musical que va del poeta Armando Tejada Gómez a Ástor Piazzolla y Roberto Goyeneche, pasando por B. B. King, The Beatles, John Coltrane o Eric Clapton. Pertenecemos a la generación lectora y cultora de la cultura popular”, reflexiona Ricardo Tapia.
Cada 7 de agosto, en el Día de San Cayetano, miles de fieles se congregan en su santuario ubicado en el barrio de Liniers para pedirle trabajo o agradecerle. Mientras tanto, muchas radios pasan esta canción que, aunque está lejos de lo sagrado, recuerda que es posible encontrar el amor en cualquier lugar. “Solamente un sacerdote en una ocasión me comentó que le gustaba mucho la idea, pero nunca buscamos la aprobación de la Iglesia”, aclara Tapia. “San Cayetano”, a fin de cuentas, es demasiado terrenal para el ámbito eclesiástico. “Es de la gente. Eso, quizás, es lo que más satisfacción me da”, reflexiona.