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Sea cool, use auriculares con cable

JOSE IGNACIO.– En el vuelo desde Nueva York, gran drama. Al hijo de 14 se le cayó un pod justo cuando había logrado quedarse semidormido. Alto estrés a la hora del aterrizaje porque la pequeñ...

Sea cool, use auriculares con cable

JOSE IGNACIO.– En el vuelo desde Nueva York, gran drama. Al hijo de 14 se le cayó un pod justo cuando había logrado quedarse semidormido. Alto estrés a la hora del aterrizaje porque la pequeñ...

JOSE IGNACIO.– En el vuelo desde Nueva York, gran drama. Al hijo de 14 se le cayó un pod justo cuando había logrado quedarse semidormido. Alto estrés a la hora del aterrizaje porque la pequeña pieza no aparecía por ninguna parte, hasta que fue encontrada —la clásica— entre los almohadones de dos asientos. Todo bien, pero el estrés prevacacional habría sido totalmente evitable si el joven hubiese sido cool como la madre.

Ocurre que esta cronista nunca, NUNCA, nunca usó auriculares sin cable. Por una razón simple: tenía unos viejos, venidos con un teléfono anterior, de la época —no tan lejana— en que Apple todavía incluía auriculares con cable en la caja, algo que dejó de hacer en 2020. Además, cualquier cosa que no esté ajustada de alguna forma al cuerpo —anteojos con cordón, teléfono con manguito, cartera crossbody, birome en la oreja— se pierde de inmediato. ¿Para qué arriesgar? El look resultante, claro, no era el que solía verse reflejado en las páginas de las revistas.

Pero 2025 vino a redimirla. Primero, con la llegada de la moda del macho performativo: ese joven que parecía diseñado por un comité hípster para resultar atractivo a las mujeres. Era el muchacho que leía autoras feministas en público, tomaba matcha latte, cargaba tote bags —bolsas de género blando y reciclables— con frases evocativas y que, encima, escuchaba música con auriculares con cable. Algunos accesorios eran previsibles —en este espacio ya se escribió sobre el latte, los libros con títulos que gritan que son feministas o el tote con consignas—, pero sorprendió el énfasis puesto en que los finitos cables blancos colgando de la barbilla se volvieran un elemento central de su estética. La explicación: se habían convertido en un símbolo retro de resistencia irónica a la obsolescencia programada de Apple, aunque estuvieran enchufados al último iPhone. El mensaje implícito era claro: no soy el típico hombre obsesionado con lo último en tecnología. Se supone que eso ayudaba a conseguir pareja.

Los cables salen como uno del iPhone y, al separarse hacia las dos personas —que deben inclinar un poco la cabeza para que alcance el largo—, casi forman un corazón

Pero este fin de año los auriculares con cable dejaron de ser patrimonio masculino y pasaron también al territorio femenino. A tal punto llegó su ubicuidad cultural que la revista New York realizó una gran producción de fotos con algunas de las máximas celebridades e influencers de la ciudad, mostrando no solo cómo los usaban, sino cómo los compartían en el subte. Es decir: un auricular en la oreja de una persona, el otro en la de la otra, estableciendo una conexión no solo a través de la música, sino física. Los cables salen como uno del iPhone y, al separarse hacia las dos personas —que deben inclinar un poco la cabeza para que alcance el largo—, casi forman un corazón.

“Lo mundano se vuelve romántico” es la teoría: compartir auriculares con cable acelera la intimidad, rompe la barrera del contacto y obliga a estar más atento a la proximidad del otro. Las plataformas nos acostumbraron a escuchar lo mismo, pero cada uno por su lado. El cable devuelve algo distinto: una sincronía mínima pero poderosa, en una época de consumo cultural hiperpersonalizado.

Parecía la típica historia plantada por los medios cuando llegan las vacaciones y escasean los temas candentes. Sin embargo, los hijos adolescentes no solo confirmaron que, efectivamente, era una tendencia, sino que además se llevaron los cuidadosamente preservados por la madre para el vuelo de regreso a la Gran Manzana. Y más aún: en José Ignacio, donde ciertos días de diciembre el inglés con acento yanqui ya funciona como lingua franca, los auriculares con cable estaban por todos lados.

Los comentadores culturales, sin embargo, ya anticipan una nueva división de aguas. Están quienes desenredan meticulosamente los cables antes de usarlos y quienes simplemente aceptan los nudos que se forman. Como toda buena grieta contemporánea, dice bastante menos sobre la música que sobre la forma en que cada uno decide vincularse con el mundo. Esta cronista planea reportarlo en 2026, en cuanto logre recuperar los propios.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/sea-cool-use-auriculares-con-cable-nid04012026/

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