“Si los iraníes pierden su capacidad de exportar, van a ir por todo lo que queda en pie”, según un experto en logística energética
El cierre efectivo del ...
El cierre efectivo del Estrecho de Ormuz dejó de ser una hipótesis de riesgo para convertirse en una crisis con impacto directo sobre el sistema energético global. Por ese corredor marítimo pasa una porción clave del petróleo que abastece al mundo, y su interrupción ya empezó a reflejarse en los flujos, en las rutas comerciales y en la actividad de las refinerías.
En una entrevista con LA NACION, Homayoun Falakshahi, especialista en logística energética de la firma de análisis Kpler, describió el alcance del bloqueo y sus primeras consecuencias sobre el mercado. Según explicó, la caída del crudo no iraní que logra salir de la región ya obligó a grandes compradores asiáticos, como China e India, a recalcular importaciones y ajustar su actividad de refinación.
En esta entrevista, Falakshahi analiza hasta dónde pueden compensar la crisis las rutas alternativas de Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos y advierte por qué, si la disrupción se prolonga, el impacto puede extenderse más allá de la energía y alcanzar a insumos clave para la producción agrícola y, más adelante, a los precios de los alimentos.
-Si comparamos con el cierre de febrero, antes de que estallara la guerra ¿cuáles son los cambios más fuertes que está viendo en las rutas de los barcos que salen del Golfo?
–El cambio es total, es un desplome absoluto. Antes de que empezara la guerra, lo normal era ver salir unos 16 millones de barriles de petróleo por día del Golfo Pérsico; ese era el promedio de enero y febrero. En lo que va de marzo, la cifra de crudo que no es iraní y que logró salir es prácticamente cero. Hubo apenas un par de cargamentos de Arabia Saudita que pudieron pasar, pero nada más. El resto de los barcos que se ven cruzando el Estrecho son tanqueros iraníes, porque lógicamente Irán no va a atacar a su propia flota. Antes veíamos pasar entre 80 y 100 barcos por día; ahora, con suerte, vemos uno o dos. El comercio está, de hecho, totalmente paralizado.
–¿Qué pasó con los barcos que estaban operando en la zona cuando se cerró el estrecho? ¿Hay tripulaciones o cargamentos varados?
–Exactamente, hay un parate total. Tenemos calculados unos 102 tanqueros que quedaron atrapados dentro del Golfo Pérsico desde que empezó la guerra y no han podido salir. Muchos de estos barcos ya están cargados con petróleo y ahí se quedaron, flotando. Otros, los que no llegaron a cargar, están rumbeando hacia las terminales de Irán para cargar ahí en los próximos días. Básicamente, las exportaciones desde el resto del Golfo se detuvieron.
–Arabia Saudita y los Emiratos están tratando de “puentear” el Estrecho de Ormuz a través de oleoductos alternativos. ¿Qué tan efectiva es esa variante hoy?
–Son los únicos dos países que pueden intentar un bypass, pero no alcanza. Arabia Saudita tiene un oleoducto que lleva el crudo desde su costa este, donde produce casi todo, hacia la costa oeste en el Mar Rojo. Antes exportaban por ahí unos 800.000 barriles por día, y ahora en marzo saltaron a casi 3 millones. Creemos que podrían llegar a los 5 millones en unos días. Ayuda, pero pensá que ellos antes movían 7 millones solo desde la costa este. Por otro lado, los Emiratos tienen un caño que va hacia el puerto de Fujairah. Venían cargando a un ritmo de 1,1 millones de barriles y ahora subieron a 1,8 millones, pero ese es su techo, ya llegaron al máximo.
–¿Y qué pasa con los países que no tienen esos oleoductos, como Irak o Kuwait? ¿Están directamente bloqueados?
–Esos no tienen ninguna forma de saltear el Estrecho. Como tienen poca capacidad de almacenamiento, en cuanto se les llenan los tanques tienen que cortar la producción. En Irak, por ejemplo, la producción ya cayó 3 millones de barriles por día por este motivo. Si tomás a toda la región, ya perdimos unos 8 millones de barriles de producción diaria y calculo que va a llegar a los 10 millones muy pronto. A nivel global, significa que estamos perdiendo entre un 10% y un 12% del suministro mundial de petróleo.
–Con este nivel de parálisis, uno imaginaría que el costo de los fletes marítimos se mantendrá altísimo. ¿Es así?
–Los fletes ya estaban muy altos antes de la guerra, pero ahora está pasando algo curioso. En los VLCC, los tanqueros más grandes, que suelen cubrir la ruta entre Medio Oriente y Asia oriental, la demanda cayó casi hasta desaparecer. Por eso muchos de esos barcos hoy se quedaron sin mercado y las tarifas vienen bajando frente a los picos de hace dos semanas. Aun así, siguen en niveles históricamente muy altos.
–¿Cómo impacta esto en el resto de las refinerías del mundo? ¿Quiénes son los que más sufren la falta de crudo?
–Lo que estamos viendo es una caída fuerte en la actividad de las refinerías, sobre todo en Asia. Como tienen inventarios bajos y necesitan asegurar el petróleo para las próximas semanas, muchas ya empezaron a bajar el ritmo. En China, por ejemplo, redujeron la refinación en 550.000 barriles diarios, que es un 3,5% de su capacidad. En India es peor: bajaron un 7% u 8% de lo que pueden refinar. En cambio, en el Atlántico, en Estados Unidos y Europa, las refinerías están trabajando más para tratar de compensar esa falta de productos como el diésel o el gasoil, porque están menos impactados por el cierre de Ormuz. Están aprovechando la situación.
–Varios analistas, usted también, advirtieron que esto va a golpear fuerte a otras materias primas más allá del petróleo. ¿Qué es lo que más le preocupa?
–Fuera del petróleo, hay mercados que no sigo con el mismo nivel de detalle, pero sí hay algunas señales claras. Qatar representa aproximadamente el 20% de la oferta energética global y buena parte de su GNL va a Asia. Eso ya está impactando en los precios del gas natural licuado y obliga a Asia a competir con Europa por cargamentos que lleguen desde otros mercados, como Estados Unidos.
–Si el bloqueo persiste, ¿en cuánto tiempo empezaríamos a ver problemas con los alimentos?
–Ya hay un problema de seguridad alimentaria en el Medio Oriente porque esos países importan casi todo lo que comen. Pero a nivel global, si la situación se mantiene por tres semanas más, los precios de productos como el trigo o el maíz se van a volver locos. Se rompe la cadena de suministros y los precios van a subir de forma masiva.
–¿Qué tan vulnerables son esas rutas alternativas de Arabia Saudita y Emiratos que mencionaba antes? ¿Pueden ser blanco de ataques?
–Ese es el gran peligro: que Irán ataque esas instalaciones también. De hecho, la semana pasada golpearon unos tanques de almacenamiento en el puerto de Fujairah, en los Emiratos. De los tres puntos de carga que tienen, dos fueron afectados, lo que va a complicar las exportaciones. Los oleoductos en sí son más difíciles de atacar porque están enterrados, pero las plantas de bombeo y las terminales en los puertos son blancos fáciles. Las alternativas ayudan, pero no reemplazan lo perdido.
–Para pasar en limpio: ¿cuánta energía le falta al mercado hoy por culpa de este bloqueo?
–Para que te des una idea: antes salían 16 millones de barriles por día. Hoy, entre lo que saca Irán y las rutas alternativas, solo se mueven 3,3 millones. Incluso si Arabia Saudita llevase su oleoducto al máximo, con suerte llegaremos a 7 millones. Es decir que, en el mejor de los escenarios, el mercado mundial tiene un agujero de 9 millones de barriles por día que no llegan a ningún lado.
–¿Cuál sería, para usted, el “golpe de gracia” que termine de hundir la situación?
–El peor caso es que Irán ataque directamente las terminales de Arabia Saudita o de los Emiratos, o que Estados Unidos decida tomar la isla de Kharg, que es por donde sale casi todo el petróleo de Irán. Si los iraníes pierden su capacidad de exportar, ya no van a tener nada que perder y van a ir por toda la infraestructura energética que quede en pie en la región. Para el mercado del petróleo, ese sería el escenario catastrófico. Ya estamos en una situación muy mala, pero como siempre digo: esto siempre puede empeorar hasta que toque fondo.