Silvina Scheffler: su duro trance de salud, el gran sueño que espera cumplir y cómo quedó su relación con Nito Artaza
Trabajaba como profesora de educación física hasta que Gran Hermano le cambió la vida en 2007. Fue vedette, estuvo en programas de televisión y hoy trabaja como modelo y conductora de eventos, ...
Trabajaba como profesora de educación física hasta que Gran Hermano le cambió la vida en 2007. Fue vedette, estuvo en programas de televisión y hoy trabaja como modelo y conductora de eventos, y también como personal trainer y asesora de imagen. En diciembre pasado estuvo internada, con diagnóstico de leptospirosis, y todavía se está recuperando. En una charla íntima con LA NACION, Silvina Scheffler, más conocida como “la profe” de GH, contó su historia y reveló que estuvo más grave de lo que creía. Además, habló de su vínculo con su expareja, Nito Artaza, y de su sueño de convertirse en actriz.
—Pasaste el Año Nuevo internada, ¿cómo te sentís hoy?
—Estoy mucho mejor, aunque todavía bastante débil algunos días. Tuve leptospirosis y me afectó los riñones y el hígado. Estuve complicada, internada 16 días, de los cuales 6 estuve en terapia intensiva. No estuve tan consciente en todo ese tiempo. Hay muchas cosas que no recuerdo, pero sí me acuerdo de que los médicos me preguntaban cómo me llamaba, dónde vivía, y yo no sabía responder. Mi hermana se desesperaba diciéndome que contestara. Yo los miraba y no entendía, no podía responder. Y en terapia todo es raro porque las luces están encendidas las 24 horas y no sabés cuándo es de día o de noche.
—¿Cómo empezó todo?
—Los primeros dolores corporales fueron el 12 de diciembre. Recuerdo que fue viernes porque tenía un desfile al día siguiente y pensé en entrenar igual. Me exigí mucho y entrené dos horas, y el sábado fui al desfile como si nada. El domingo tenía una conducción y, aunque me sentía mal, no podía fallar porque me había comprometido hacía tres meses.
—¿Y qué hiciste?
—Me automediqué para poder cumplir, pensando que era una gripe o algo pasajero. Y cuando volví a mi casa fue terrible porque sentí un bajón de presión. El lunes temprano fui a la guardia porque tenía fiebre y me sentía muy cansada, supermal. Me hicieron análisis y demoraron dos horas en darme los resultados y, cuando volvieron a atenderme, ya estaba temblando, tenía 39 grados de fiebre, aunque había tomado un analgésico.
—¿Qué pasó después?
—Fue la espera más larga de mi vida. Me mandaron a mi casa con paracetamol y reposo por 72 horas, y después tenía que repetir los análisis porque era posible que tuviera dengue. Y ahí yo hice lo que no hay que hacer: no me hidraté ni comí como corresponde. Estaba tirada en la cama. El martes vino mi hermana, que vive en Corrientes, y me encontró así. Y el miércoles temprano volvimos a la guardia de la Bazterrica. Ya prácticamente no podía ni caminar, todo me costaba mucho; mi hermana me llevaba del brazo. Tuvieron que trasladarme en silla de ruedas para hacerme los análisis.
—¿Te dejaron internada?
—Sí, y cuando me dijeron que me internaban fue un alivio. Tenía varios compromisos, pero sentía que mi cuerpo no daba más. Eso fue el 17 de diciembre y a partir de ahí mucho no recuerdo. Sé que sufrí un montón. No podía comer ni tomar agua y me dolía el cuerpo. No estuve tan consciente, pero recuerdo que un día mi hermana salió corriendo a buscar a un enfermero porque me vio los ojos amarillos y era que estaba fallando también el hígado. Y ahí me pasaron a terapia donde me hicieron diálisis dos veces. Me quedó la marquita del catéter.
“Mi cuerpo estuvo colapsado”—¿Tuviste miedo?
—Durante la internación no tuve miedo porque no era consciente. Después supe que casi tuve una falla multiorgánica. Se demoraron varios días en darme el diagnóstico y, por suerte, me dieron los antibióticos adecuados para el tratamiento que necesitaba. Me dieron el alta el 2 de enero. Físicamente, la enfermedad me tiró abajo; no podía comer sola, tenía las piernas hinchadas porque me fallaban los riñones. Era como si pisara sobre un globo y perdiera el equilibrio. No tenía fuerza abdominal, me dolía la espalda, la cabeza, y además tengo un tema ginecológico y también me hicieron ecografías. Tuve que volver a confiar en mi cuerpo para salir a la calle.
—¿Hacés algún tratamiento ahora?
—Voy a kinesiología y a un quiropráctico. El kinesiólogo está a 700 metros de mi casa y las primeras veces tenía que salir veinte minutos antes porque caminaba muy despacio. Mi cuerpo estuvo colapsado. Por suerte, ya estoy mucho mejor, pero me costó. De verdad la pasé muy mal... Siempre bromean porque me pongo cremas y en ese tiempo tuve la piel horrible porque se generan escaras y estuve trece días sin lavarme el pelo mientras estuve internada hasta que una enfermera me ayudó. Me acuerdo de que bañarme fue un esfuerzo terrible.
—Claro, todo era agotador...
—Sí, todo era esfuerzo. Ahora estoy mejor. Cuando empecé kinesiología, tuve muchas contracturas, dolor de espaldas, de cuello, y me dijeron que es porque los músculos se debilitaron de estar tantos días en la cama. Sentía que mi cuerpo no era mi cuerpo. Ahora voy a un quiropráctico y a un masajista que me alivian. A veces pienso que estoy al cien por ciento, pero el cuerpo me sigue pasando factura de vez en cuando. Después que pasó todo, tomé conciencia de la situación que viví, de los riesgos. Y, por suerte, tampoco me quedaron secuelas.
La anhelada alta médica—¿Ya tenés el alta definitiva?
—Me la dieron el 31 de enero. Recuerdo que fui al médico el 20 de enero para que me autorizara ir al desfile de Piramar Moda Look, que hago todos los años. Y fue él quien me dijo que no era consciente de lo que pasó con mi cuerpo. Volvió a hacerme análisis y cuando estuvo seguro de que todos mis órganos funcionaban bien, me dio el alta. Ahí tomé conciencia de que no era joda lo que me había pasado. Siendo honesta conmigo, el cuerpo no me daba para ir al desfile. Bajé creo que tres kilos, y no estaba óptima, no tenía fuerzas.
—¿Sabés dónde te contagiaste?
—No tengo idea. Sé que es una enfermedad que transmiten los roedores. Pudo haber sido tomando de alguna lata, pero lo dudo porque no suelo hacer eso. O en el campo donde viven mis padres, jugando con los perros que pudieron haber estado en contacto con roedores. No sé cómo me contagié. Los médicos hacían hincapié en eso y me preguntaban dónde había estado y que recordara qué había hecho.
—¿Qué proyectás para este año?
—Retomé las conducciones, sigo con los desfiles y tengo muchas ganas de algún proyecto de entrenamiento. Además, me encantaría hacer algo con Gran Hermano ahora que volvió.
—Estuviste en 2007 y fuiste uno de los personajes más queridos, “la profe”.
—No sé si querido, porque me sacaron a los 34 días . Siempre hacen hincapié en que lloraba por las cremas y entrenaba a cualquier hora. No me arrepiento porque a veces miro los videos y me doy cuenta de que fue muy genuino y real. Imagínate lo que era estar internada y sin cremas . Ya es mi estilo de vida, supersano. No tomo, no fumo, como sano, tengo una vida supertranquila, y eso también ayudó en la recuperación. Ahora quiero ir a visitar a mis padres en La Clarita, a 50 kilómetros de Colón, donde crecí. El tema es que tengo que manejar casi cuatro horas y media y todavía estoy un poco débil para eso.
Su paso por Gran Hermano—Volviendo a Gran Hermano, ¿cuánto te cambió la vida?
—Muchísimo. Nunca había visto el programa. Estudiaba instructorado de gimnasia, viajaba a Buenos Aires una vez por mes; un día vi la publicidad y pensé que tenía que estar ahí. Hice el casting y recuerdo que me preguntaron qué estrategia tenía y tuve que decir la verdad, que nunca había visto el reality . Me costó mucho la convivencia con 17 personas desconocidas porque yo estaba acostumbrada a vivir sola. Y no tenía idea del juego. Así que eso sí me costó, pero fue una gran oportunidad. Me vine de Entre Ríos y nunca más volví, solo de paseo.
—A partir de ahí tuviste oportunidades en teatro y televisión...
—Sí, iba a castings y me preguntaban si sabía cantar, bailar, y yo era docente de primaria y secundaria e instructora de gimnasia, pero no tenía nada artístico. Fue superdifícil. Hacía muchos desfiles, presencias en boliches. Fue una oportunidad hermosa y siempre estoy agradecida a Gran Hermano por darme la oportunidad de hacer lo que me gusta. Me encantaría volver a actuar porque me considero una buena actriz dramática.
—¿Estudiaste teatro?
—Sí, y sigo estudiando teatro con Pablo Comelli y estoy buscando esa oportunidad para volver a actuar, pero no quiero que vean a “la profe de Gran Hermano", sino a una actriz. Estoy segura de que va a llegar ese momento, pero mientras sigo estudiando para estar preparada. El año pasado fui notera de Creadores de estilo, que Jimena Cyrulnik conducía en la TV Pública. Fue un desafío hermoso. La primera nota fue Valeria Mazza y, aunque tuve miedo porque nunca había entrevistado a nadie, siempre fui para adelante. También estuve tres años en Editando tele, en Net TV, y fue hermoso. Yo creo que van a venir cosas hermosas.
Cómo quedó su relación con Nito Artaza—¿Vivís sola?
—Vivo con Simona, que es la protagonista de mi vida: mi gata. Cuando estuve internada fue todo un tema. Se quedó con mi hermana y también la cuidaba Mari, la encargada de mi edificio. La extrañaba, estaba preocupada, pero a su vez tranquila porque sabía que estaba supercuidada, supermimada y en las mejores manos. Me costó recomponer el vínculo con Simona. La primera semana no quería ni comer, no salió nunca al balcón y solo se quedaba acostada en la cama al lado mío. Y tuvo alergias; sufrió mucho. Tiene 11 años. Cuando me separé de Nito (Artaza), la gata se vino conmigo. La adoptamos con él.
—Después de tu relación con Artaza no blanqueaste ninguna pareja, ¿por qué?
—Siempre se ríen porque me dicen que Simona es mi gran compañera. No me gusta hablar de mi vida privada, pero estoy sola desde hace un año.
—¿Tenés vínculo con Artaza?
—¡Sí! Nito es familia. En la internación él estuvo superpendiente, iba a la clínica a visitarme. Yo lo quiero un montón. Es una gran persona. A veces me preguntan si volvería con él y la verdad es que no, pero lo siento mi familia. Sé que él es incondicional conmigo y con mi familia. Tenemos un vínculo de cariño sincero. Siempre estamos en contacto, me invita a comer y ahora me invitó a Mar del Plata unos días para relajarme, pero no voy a ir. Jamás hablé de nuestra separación y no me arrepiento, porque esa soy yo: no hago prensa con ciertas cosas personales. No hay nada públicamente de lo que tenga que arrepentirme. Y a veces es más difícil callar que hablar. Porque cuando dicen cosas que no son, es difícil no salir a desmentir, pero así lo prefiero.