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Te mostramos una serie de hogares que filtran miradas, luz y clima con soluciones brillantes

En tiempos en que buscamos hogares que protejan tanto como inspiren, surge una nueva generación de casas diseñadas para equilibrar apertura y resguardo. En distintos puntos del país —y del mun...

Te mostramos una serie de hogares que filtran miradas, luz y clima con soluciones brillantes

En tiempos en que buscamos hogares que protejan tanto como inspiren, surge una nueva generación de casas diseñadas para equilibrar apertura y resguardo. En distintos puntos del país —y del mun...

En tiempos en que buscamos hogares que protejan tanto como inspiren, surge una nueva generación de casas diseñadas para equilibrar apertura y resguardo. En distintos puntos del país —y del mundo— arquitectos exploran fachadas móviles, tamices metálicos, postigones inteligentes y pieles filtrantes que permiten vivir conectados con el paisaje sin quedar expuestos. Aquí reunimos proyectos que reinventan la privacidad: viviendas que se abren al sol y al jardín cuando la vida lo pide, y que se contienen cuando la calma y la seguridad son prioridad.

Refugio moderno

Esta reinterpretación local y sustentable de la Casa Farnsworth nació como un refugio pampeano pensado para escapadas de fin de semana, pero con el tiempo se convirtió en algo más: una vivienda que combina diseño moderno con una fuerte búsqueda de privacidad y resguardo. La inspiración modernista está, pero filtrada por una necesidad muy actual: sentir que la casa protege.

El proyecto comenzó en marzo de 2020, cuando los arquitectos Sebastián Miranda y Julián Ierace fueron convocados para diseñar una vivienda en Las Golondrinas, un barrio rural en Brandsen. Semanas después llegó la cuarentena y con ella una dinámica de trabajo completamente virtual, que puso en primer plano la idea de crear un espacio seguro y contenido en un contexto incierto.

Cinco años más tarde, aquella casa que mezclaba espíritu campero, sustentabilidad y líneas modernas se transformó en residencia casi permanente de sus dueños. Parte de su éxito está en cómo resguarda sin aislar, ofreciendo privacidad pero sin perder conexión con el paisaje.

Las persianas y la chapa ondulada que envuelven la construcción funcionan como un escudo climático y visual, evocando las siluetas de los galpones rurales. Desde afuera, la casa se mantiene discreta; desde adentro, las visuales se abren con generosidad. El gran ambiente que integra living, comedor y cocina con isla aprovecha esa dualidad: se expande hacia la galería cuando los ventanales se abren y se vuelve un refugio compacto cuando se cierran.

Si bien la referencia original fueron las líneas puras de la Casa Farnsworth, la reinterpretación es claramente pampeana. “La casa puede entenderse como un único espacio organizado alrededor de un núcleo de baños y cocina”, explica Sebastián. “Tomamos la idea modernista y la adaptamos a nuestro contexto, donde el clima, la cultura local y la necesidad de privacidad definieron su identidad final”.

Intimidad a medida

“Entendemos la seguridad no solo como algo físico, sino también como una percepción: controlar la exposición del interior y elegir cuándo mostrarse y cuándo no es una forma concreta de sentirse protegido”, nos dice la arquitecta Justina González Landa de la casa familiar que diseñó junto con la arquitecta Florencia Pazos en City Bell, La Plata.

El proyecto nació de una tensión clara: el deseo del cliente de vivir una casa abierta, vidriada y conectada con el exterior, pero sin perder la sensación de resguardo. “No se trataba de elegir entre apertura y protección, sino de permitir que ambas coexistieran”, explica la arquitecta. Para resolver esa dualidad, el equipo diseñó un sistema de postigones plegadizos que permite que la vivienda sea totalmente expansiva cuando se abre al jardín, o más introspectiva cuando se necesita privacidad.

“Los postigos no vuelven la casa hermética; funcionan como un ‘bunker permeable’ que filtra visuales y regula la exposición sin bloquear la luz ni el aire”.

Arq. Justina González Landa, a cargo del proyecto

Los perfiles verticales, separados entre sí, permiten que incluso con el sistema cerrado sigan circulando aire y luz. Más que reducir la iluminación, la transforman: a lo largo de la tarde, el sol atraviesa los postigones y proyecta líneas móviles sobre el piso y los muebles, modificando la percepción del espacio. “La luz dibuja la casa y la vuelve dinámica; es casi escenográfica”. Así, la intimidad no solo se regula, sino que se vuelve un recurso para mejorar la experiencia espacial.

Seguridad en clave modular

“No plantamos un contenedor, plantamos una casa”, nos explicó el arquitecto Martín Torrado, quien junto a su equipo diseñó espacios vinculados con su entorno y llenos de vida. Las amplias galerías pampeanas y la estructura de módulos se combinan con un trazado que sigue el recorrido del sol, garantizando luz natural sin perder control sobre la intimidad.

Acoplando módulos industriales de alta eficiencia, esta casa fue concebida como un sistema adaptable que prioriza el confort y el resguardo. Aunque su montaje se resolvió en apenas dos semanas, no se trata de un simple armado modular: es una vivienda pensada para habitar el clima, aprovechar las mejores orientaciones y regular la exposición según las necesidades de los dueños de casa.

La seguridad y la privacidad fueron esenciales en el proyecto. La casa-patio, fabricada en tres meses, incorpora postigos con imanes de alta prestación que impiden su apertura desde el exterior, sumando protección sin necesidad de herrajes visibles. La combinación de tecnología industrial, estrategias pasivas y detalles precisos en esta vivienda logra lo que Torrado define como un “traje a medida” a partir de un sistema repetible: una vivienda que se abre o se protege según el momento, siempre cuidando el vínculo entre espacio, luz y privacidad.

Privacidad en movimiento

Con un sistema de persianas móviles que permite abrir o cerrar el frente en cuestión de segundos, esta casa en la ciudad australiana de Perth controla su vínculo con el exterior y regula la privacidad de manera precisa. Tras un velo de listones de madera —que protege sin bloquear por completo—, la vivienda se vuelve más o menos permeable según el momento del día, equilibrando exposición y resguardo.

En el caso de esta casa familiar en un pequeño barrio de San Isidro diseñada por el arquitecto Javier Zabalaga de Zim Arquitectura, su implantación fue estudiada con precisión para protegerla de las miradas ajenas sin aislarla de su entorno inmediato. El análisis del recorrido del sol reveló la necesidad de una defensa frente a la luz intensa del oeste, por lo que se incorporó una serie de aberturas que permiten regular la exposición y controlar la luminosidad según el momento del día.

Con esa búsqueda de resguardo como punto de partida, la fachada fue pensada para dialogar con el barrio sin exponerse en exceso, especialmente teniendo en cuenta la cercanía de las viviendas vecinas. Su diseño móvil permite que la casa “respire”, abriéndose o cerrándose en función del clima o de la necesidad de privacidad de quienes la habitan. Ese movimiento optimiza el uso de energía pasiva, evita el sobrecalentamiento y favorece la ventilación natural, creando un hogar sereno, protegido y conectado con su entorno.

Casa WEIP ZIM

“Julián y Ailín buscaban espacios amplios, integrados y bien conectados con el exterior, pero sin resignar privacidad”, cuenta la arquitecta Lucía Rivolta, del Estudio Glad, responsable del diseño de esta casa en Vicente López. Para lograr ese equilibrio entre apertura y resguardo, el equipo trabajó con un frente velado que combina aberturas de piso a techo y una malla metálica que actúa como tamiz. La clave fue integrar los ambientes al patio delantero y al jardín sin exponerlos a la calle. ¿El desafío? Mantener la conexión con el exterior sin limitar el tamaño de las ventanas y sin comprometer la intimidad en un barrio de casas cercanas.

La respuesta llegó con la fachada metálica: una malla de chapa microperforada que vela la casa hacia el exterior pero permite ver hacia afuera con claridad desde los cuartos. Esta envolvente filtra miradas, regula la luz y genera efectos de sombras que enriquecen la vida interior. “Las mallas metálicas, además de otorgar la cualidad de tamiz, buscan ser el lenguaje material con el que la vegetación entra en diálogo con la casa”, explica Rivolta.

También en galerías

Pensada como un ambiente más de la casa —climatizado, con aire acondicionado y radiador—, esta galería de un hogar diseñado por la arquitecta Cielo Pipkin y Pablo Ghia, se resolvió con un cerramiento de metal desplegado que combina seguridad y permeabilidad. El sistema cuenta con una cerradura que traba contra el parante opuesto, garantizando un cierre firme, similar al de una puerta completa.

CasaMA Cielo

“Estudiamos mucho el grado de transparencia del metal, que viene con orificios de distintos diámetros”, explica Ghia. La búsqueda fue mantener la luz del fondo y permitir vistas hacia el exterior sin generar un plano pesado u opaco. “Entre resolver la seguridad y mantener la vista, fue la mejor solución que encontramos”, resume.

“La consigna fue que este cerramiento resolviera toda la planta baja —cuentan—. No querían cerrar un sector y después otro: todo debía funcionar de una vez".

     

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/revista-living/te-mostramos-una-serie-de-hogares-que-filtran-miradas-luz-y-clima-con-soluciones-brillantes-nid20022026/

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