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Todo tiempo pasado tiene su olor

Un olor dulzón y pesado: cuando cierro los ojos y recuerdo mi viaje a Moscú, más que los lujosos palacios de la era zarista, las moles de hormigón con la hoz y el martillo o los candelabros enc...

Todo tiempo pasado tiene su olor

Un olor dulzón y pesado: cuando cierro los ojos y recuerdo mi viaje a Moscú, más que los lujosos palacios de la era zarista, las moles de hormigón con la hoz y el martillo o los candelabros enc...

Un olor dulzón y pesado: cuando cierro los ojos y recuerdo mi viaje a Moscú, más que los lujosos palacios de la era zarista, las moles de hormigón con la hoz y el martillo o los candelabros encendidos del subte, recuerdo el perfume de las tiendas GUM, que antes fueron los grandes almacenes estatales donde los moscovitas obtenían sus raciones diarias de víveres y ahora son negocios de lujo. En la planta baja, frente a la Plaza Roja y el mausoleo de Lenin, el supermercado Gastronome Nº 1 vende delicias de todas las latitudes pero conserva un sector dedicado a la ostalgie, como le dicen a la nostalgia por el comunismo: arenques, sardinas y pepinos conservados en los frascos originales, tal como se vendían en la Unión Soviética, expuestos bajo una luz blanca y regados por un olor dulzón y pesado…

El “siglo de los extremos”, como lo llamó Eric Hobsbawm, tuvo un punto de unión inesperado: el capitalismo y el comunismo olían de la misma manera

“Había un aroma que flotaba en el aire siempre que en la Unión Soviética se celebraba algo”, escribe el historiador alemán Karl Schlögel en su ensayo El aroma de los imperios, recién publicado acá: “Las pesquisas iniciales me revelaron que el aroma provenía de un perfume llamado Moscú Rojo”. Experto en la historia de Rusia, Schlögel revela en su libro una saga fascinante. Unos años antes de la Revolución rusa, Ernest Beaux y Auguste Michel, dos perfumistas franceses establecidos en Moscú, crearon una fragancia para celebrar los tres siglos de la dinastía Románov. Con la caída de los zares, Beaux volvió a Francia, donde conoció a Coco Chanel y de aquel perfume imperial sacó el mítico Chanel Nº 5 que Marilyn Monroe usaba para dormir; Michel se quedó en Rusia y para el décimo aniversario de la Revolución creó el legendario Moscú Rojo, la esencia del estalinismo, una de las pocas indulgencias cosméticas que se permitían las mujeres. El “siglo de los extremos”, como lo llamó Eric Hobsbawm, tuvo un punto de unión inesperado: el capitalismo y el comunismo olían de la misma manera.

Aun menospreciado en el elenco de los sentidos, el olfato es el más evocador: está relacionado con el sistema límbico del cerebro, que detecta los aromas y los relaciona con episodios del pasado. ¿Cuántas veces se le aparecen a uno sus abuelos al oler el perfume o la colonia que usaban? Evocación y emoción puras. Según Schopenhauer, el olfato es “el sentido de la memoria, porque el olfato nos recuerda, como ninguna otra cosa, la impresión específica de un suceso o un entorno, incluso del pasado más remoto”. En El aroma de los imperios, Schlögel hace una arqueología nasal ya no para detectar los treinta y un componentes del Chanel Nº 5 y el Moscú Rojo (aldehídos, hojas de rosa, piel de naranja, etc.) sino para distinguir lo que llama “el olor del tiempo”, un siglo convulso en el que los dos bandos compartían perfume. La nostalgia se huele. El Moscú Rojo pasó de moda hace rato pero en los lugares reservados al viejo orgullo del mundo perdido, como las tiendas GUM, se recrea ese perfume cálido y especiado, tan ardoroso como el rojo de la bandera.

Toda época tiene su aroma. La máquina del tiempo existe y cada uno tiene la propia (“mi genio está en mi nariz”, decía Nietzsche). Solo hay que cerrar los ojos y oler la fragancia exacta para viajar al París que era una fiesta o al Moscú revolucionario: como concluye Schlögel, “una gota de perfume puede condensar toda la historia del siglo XX”.

ABCA.

Hijo de un perfumista francés, Ernest Beaux nació en 1881 en Moscú y con la Revolución volvió a Francia, donde creó el célebre Chanel Nº 5.

B.

También hijo de otro perfumista francés, Auguste Michel se quedó en Rusia y creó el Moscú Rojo, la fragancia emblemática del estalinismo.

C.

En El aroma de los imperios, Karl Schlögel recupera la historia de los dos perfumes, iconos de bandos opuestos surgidos de una misma matriz.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/conversaciones-de-domingo/todo-tiempo-pasado-tiene-su-olor-nid30112025/

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