Trump amenaza con atacar Irán: por qué la capacidad de respuesta del régimen genera temores en todo Medio Oriente
Si algo frena ...
Si algo frena un nuevo ataque de Estados Unidos a Irán como el que realizó junto con Israel en junio pasado, en aquel momento particularmente contra las instalaciones nucleares de los ayatollahs, no es la dificultad para infligir daños profundos en la estructura militar de la república islámica, esta vez para “castigar” la sangrienta represión de las protestas opositoras de hace algunas semanas.
“En el plano defensivo, Irán prácticamente no tiene capacidad para detener los bombardeos estadounidenses. Sus defensas aéreas se han visto degradadas hasta ser prácticamente irrelevantes”, comentó en diálogo con LA NACION, Michael Horowitz, experto en defensa radicado en Israel.
Efectivamente en junio, durante la guerra de 12 días, Israel atacó la infraestructura militar iraní, incluyendo centros de producción de misiles, y debilitó la capacidad iraní para repeler ataques aéreos destruyendo sus radares y sistemas de defensa aérea S-300 de fabricación rusa.
Desde el punto de vista de los estrategas militares norteamericanos su primer gran desafío en este momento no es entonces el temor al fracaso en su objetivo sino, antes que nada, la imprevisibilidad de su jefe supremo, Donald Trump.
El presidente norteamericano que el 13 de enero alentó las protestas opositoras iraníes prometiendo: “la ayuda está en camino”, dos días más tarde se congratuló de que el régimen hubiera suspendido las ejecuciones de manifestantes y dijo “observaremos y veremos qué pasa”. Este miércoles 28 aseguró que el ataque será “mucho peor” que en junio pasado y el viernes dijo que esperaba “llegar a un acuerdo” con Teherán. Mientras, un portaaviones estadounidense y buques de guerra se acercan a Medio Oriente.
“Donald Trump es muy errático y nadie sabe cuál va a ser finalmente su decisión. Pero creo que un ataque contra Irán es ciertamente posible dada la cantidad de recursos que se han destinado a la región”, dijo por su parte a LA NACION Jon Hoffman, investigador de defensa y política exterior del Cato Institute, de Washington, especializado en Medio Oriente, geopolítica e islam.
La doctora Sahar Razavi, de la Universidad de California, hija de la diáspora iraní que se produjo luego de la revolución islámica de 1979, agregó que “se acercan las elecciones de mitad de mandato a fines de año, lo que podría cambiar la perspectiva de Trump de manera que le resulte beneficioso ser un presidente ‘en tiempos de guerra’”.
Una segunda cuestión sobre cuáles podrían ser esta vez los objetivos militares en Irán, queda envuelta en el mismo misterio que rodea la imprevisibilidad de las decisiones del presidente norteamericano. ¿Atacar fábricas de armamentos? ¿Instalaciones militares? ¿Un operativo personal contra el líder supremo Ali Khamenei?
“Todo se reduce a qué espera lograr Estados Unidos”, comentó Hoffman. “Si se trata de una única acción simbólica, cabría imaginar un bombardeo de la sede de la Guardia Revolucionaria , o incluso contra algunas instalaciones de misiles balísticos, algo que Israel viene impulsando”, agregó.
Horowitz, en cambio, puso el acento en debilitar la estructura represiva del régimen contra su propia población. “Creo que sería importante y muy ejemplarizador destruir cuarteles de los basij, la fuerza paramilitar de voluntarios fundada por Khomeini, y otras instalaciones del aparato policial islámico".
En cuanto a la posibilidad de un operativo “quirúrgico” contra Khamenei, como los que Israel ha hecho contra otros líderes islámicos en el exterior, los dos especialistas coinciden en que, en cuanto al aparato de seguridad que lo protege, el líder iraní “no es el presidente venezolano Nicolás Maduro”.
El propio ministro de Seguridad israelí, Israel Katz, reconoció a los medios hebreos que en junio pasado estaba entre sus objetivos asesinar al líder supremo. “Si lo hubiéramos tenido en nuestra mira, lo habríamos eliminado”, dijo.
De todas maneras, Horowitz consideró que “Khamenei sigue siendo hoy un blanco posible para Estados Unidos”. “En Venezuela, Trump demostró que apoya los ataques de decapitación, para luego negociar con los elementos remanentes de un régimen debilitado. Y no descartaría el mismo enfoque para Irán”.
Los temores en la regiónPero los expertos coinciden en que lo que está demorando las acciones militares norteamericanas, y eventualmente israelíes, no son las dudas sobre los blancos posibles, sino la dificultad de frenar o entorpecer el abanico de opciones de represalia que dispone Irán.
“Todos los países de Medio Oriente aliados de Occidente le han hecho saber a Estados Unidos su temor al contraataque iraní. Incluso los israelíes se van a tener que preparar para nuevos bombardeos en su territorio”, comentó Hoffman. “Yo estuve en Israel en noviembre y, conduciendo por Tel Aviv, vi que el daño que los iraníes causaron en junio pasado fue mucho más extenso de lo que se informó. Tengo muchísimas fotos de complejos de departamentos e instalaciones destruidas, y Teherán puede volver a hacerlo porque sigue teniendo misiles balísticos en condiciones de atacar”.
Los iraníes también poseen misiles balísticos de corto alcance que a menudo utilizan combustible sólido y disponen de mayor flexibilidad. Por lo tanto, son más difíciles de detectar antes del lanzamiento y eso constituye una amenaza real especialmente para los países más pequeños del Golfo, como Qatar y Bahréin, que también albergan bases y fuerzas estadounidenses.
Por su parte, tanto Arabia Saudita como Emiratos Árabes Unidos ya le advirtieron a Estados Unidos que no podrá utilizar su espacio aéreo para atacar a Irán.
Los iraníes también tienen además sus aliados “proxies” en la región que, aún debilitados, siguen allí. Los hutíes en Yemen están listos para lanzar represalias, y las milicias iraquíes difundieron en los últimos días mensajes muy provocativos: “Si atacan a Irán, esto es guerra, los atacaremos a ustedes”. Y Estados Unidos aún tiene tropas en Irak.
El as en la mangaPor último, el “as en la manga” de los iraníes es su control sobre el Golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz, un cuello de botella por donde salen obligatoriamente los barcos de los países petroleros de la región.
“Si Irán bloquea el Golfo habría un impacto tremendo en la economía global”, afirmó la doctora Razavi. “Ormuz es una ruta marítima vital, y un asombroso 20% de las exportaciones mundiales de petróleo y gas natural transitan por esta vía, entre 17 y 20 millones de barriles de crudo diarios. Si los barcos no pudieran atravesar ese estrecho, habría un drástico aumento en los precios del petróleo y el gas, así como una escasez, que repercutiría en prácticamente todos los sectores de la economía“, agregó la experta.
Si bien bloquear el Estrecho de Ormuz sería un acto de asfixia autoinfligida para Irán, cuyos recursos económicos dependen de las exportaciones de petróleo que transitan por esa vía, Teherán también sabe que esa sería la opción más temida de su particular perinola de juegos de guerra, para amenazar al mundo con un “Todos pierden”.