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Tuvo dos hijos extramatrimoniales, vivió a lo “playboy” y armó la selección de su país: el exiliado que cayó en el olvido

Carol II de Rumania tenía 35 días en el trono cuando tomó la decisión más extravagante de su incipiente reinado: armar él mismo la selección nacional de fútbol y mandarla al otro lado del m...

Tuvo dos hijos extramatrimoniales, vivió a lo “playboy” y armó la selección de su país: el exiliado que cayó en el olvido

Carol II de Rumania tenía 35 días en el trono cuando tomó la decisión más extravagante de su incipiente reinado: armar él mismo la selección nacional de fútbol y mandarla al otro lado del m...

Carol II de Rumania tenía 35 días en el trono cuando tomó la decisión más extravagante de su incipiente reinado: armar él mismo la selección nacional de fútbol y mandarla al otro lado del mundo, a la primera Copa Mundial de la FIFA, celebrada en Uruguay en 1930. Se trataba de la obsesión personal de un hombre que, antes de ocuparse de cualquier otro asunto de Estado, decidió que su país estaría en Montevideo.

El rey que volvió del exilio con una misión

Pocos monarcas llegaron al poder con una hoja de vida tan agitada como la de Carol II. Cinco años antes de coronarse, había renunciado voluntariamente a sus derechos dinásticos para escapar con su amante a París, dejando atrás a su esposa, a su hijo y a toda obligación real.

Cuando su padre Fernando murió en 1927, el trono pasó a ese hijo, Miguel, que tenía apenas cinco años. Una regencia gobernó en su nombre durante tres años, hasta que Carol volvió a Rumania en junio de 1930, maniobró políticamente para que su propia renuncia fuera declarada inválida y se proclamó rey al día siguiente de su llegada. Su hijo fue destronado en favor de su propio padre. El torneo inaugural de la FIFA abría sus puertas 35 días después.

Lejos de paralizarse frente a ese margen imposible, Carol actuó con una velocidad que desconcertó a su propio gobierno. Su primera decisión fue inscribir a Rumania en el torneo, apenas tres días antes del cierre del plazo de la FIFA. La segunda fue decretar una amnistía general para todos los futbolistas que cumplían sanciones por infracciones vinculadas al deporte. Pero lo que verdaderamente lo distinguió de cualquier otro jefe de Estado fue lo que vino después: tomó la lista de jugadores en sus manos y eligió él mismo al plantel.

El rey playboy y sus escándalos

Para entender la figura de Carol II hay que conocer su historia personal, tan accidentada como su reinado. Desde la adolescencia cultivó una reputación de desenfrenado que ningún cargo ni uniforme logró moderar. A los 19 años protagonizó su primer escándalo de palacio al convertirse en padre de dos hijos fuera del matrimonio con una joven estudiante. Su familia intentó encauzarlo enviándolo a cumplir servicio militar con la guardia prusiana, sin ningún resultado.

Sus matrimonios fueron igualmente turbulentos. Contrajo un primer enlace secreto con una joven rumana de familia común, que fue anulado por presión de la corona. Luego se casó con la princesa Elena de Grecia, con quien tuvo a su hijo Miguel, pero la vida conyugal tampoco lo retuvo.

Hacia 1923 conoció a Magda Lupescu, una pelirroja de clase media con quien inició una relación que duraría hasta su muerte. Por ella renunció al trono, abandonó el país y vivió años de exilio parisino. La prensa internacional lo siguió con deleite durante todo ese tiempo y el apodo de “rey playboy” quedó adherido a su nombre para siempre.

Cuando regresó al poder en 1930, la camarilla que lo rodeaba incluía a militares, diplomáticos y políticos, pero quien más influía en sus decisiones era Lupescu, que ejercía desde las sombras un rol casi de cogobernante. Para contrarrestar esa imagen escandalosa, Carol promovió un culto a la personalidad que lo retrataba como un líder providencial, destinado a modernizar Rumania. La realidad de su gestión fue bastante más oscura.

El problema con la petrolera inglesa

De regreso al verano de 1930, Carol enfrentó un obstáculo concreto: buena parte de sus mejores jugadores dependían laboralmente de una compañía petrolera de capital inglés. La empresa fue categórica con sus empleados: quien viajara a Uruguay no tendría trabajo al volver. El rey no abrió una negociación. Llamó directamente al directivo responsable y le comunicó que, si no autorizaba las licencias con goce de sueldo, la compañía enfrentaría consecuencias. La amenaza tuvo efecto de inmediato. Los jugadores viajaron y sus puestos quedaron garantizados.

Carol también movió fichas en el plano diplomático: convenció a Yugoslavia de enviar a su propio equipo, lo que contribuyó a que Europa tuviera algo de peso en un torneo que las grandes potencias del fútbol continental como Italia, Austria, Hungría, Checoslovaquia habían decidido ignorar, en parte por los costos del viaje y en parte por la indiferencia ante lo que consideraban una aventura sudamericana sin mayor relevancia.

El plantel real y el viaje en transatlántico

El técnico designado fue Constantin Radulescu, pero nadie en el vestuario tenía dudas sobre quién tomaba las decisiones. Carol eligió personalmente a los 19 jugadores, con un criterio que combinaba el conocimiento futbolístico con la pura voluntad monárquica.

El 21 de junio, la delegación embarcó en el lujoso transatlántico Conte Verde en Génova. El barco hizo escala en Villefranche-sur-Mer, donde subieron los franceses y Jules Rimet, que llevaba el trofeo del campeonato en su valija personal, luego en Barcelona, donde se sumaron los belgas, y finalmente recogió a los brasileños en Río de Janeiro antes de llegar a Montevideo el 4 de julio. Durante los 16 días de travesía, Radulescu supervisó los ejercicios físicos en cubierta: pesas, saltos, escaleras corriendo, natación en la piscina del barco. Las noches, según recordó el francés Lucien Laurent, las amenizaban espectáculos de comedia o cuartetos de cuerda. “Era como un campamento de vacaciones”, dijo. “Éramos jóvenes divirtiéndonos”.

El debut mundialista y el legado

En Uruguay, Rumania integró el Grupo 3 junto al anfitrión y favorito local y a Perú. En el primer partido, a los 50 segundos del pitazo inicial, Adalbert Desu anotó lo que sigue siendo uno de los goles más veloces en la historia de los Mundiales. Rumania se impuso frente a Perú 3 a 1. Luego cayó 4 a 0 ante Uruguay, que terminaría campeón del mundo, una derrota que nadie consideró deshonrosa dado el nivel del rival. Radulescu, por su parte, no solo dirigió al equipo desde el banco: actuó también como juez de línea en la final entre Uruguay y Argentina.

Carol II abdicó en 1940, expulsado por el avance del fascismo, y murió en Portugal en 1953. Su reinado fue controvertido y su legado político, más oscuro que luminoso. Pero en los anales del fútbol rumano ocupa un lugar singular: fue el hombre que, con apenas 35 días en el trono, decidió que su país debía estar en el primer Mundial de la historia y eligió él mismo a los jugadores.

El epílogo lo puso, sin quererlo, uno de esos jugadores: Alfred Eisenbeisser Feraru enfermó de neumonía durante el viaje de regreso y fue dejado en Italia para recuperarse. Al llegar el equipo a Bucarest sin él, corrió el rumor de que había muerto en Sudamérica. Su madre organizó un velatorio. La mañana de la ceremonia, Feraru apareció en la puerta de su casa. Su madre lo miró y se desmayó. Había sobrevivido al torneo, a la travesía y a su propio funeral.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/tuvo-dos-hijos-extramatrimoniales-vivio-a-lo-playboy-y-armo-la-seleccion-de-su-pais-el-exiliado-que-nid26052026/

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