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“Un accidente íntimo”: el misterio detrás de la muerte de David Carradine, protagonista de Kung Fu

El 4 de junio de 2009, poco después de las diez de la mañana, una empleada de limpieza del hotel Nai Lert Park, en Bangkok, golpeó la puerta de la habitación 352. Nadie respondió. Tras varios ...

“Un accidente íntimo”: el misterio detrás de la muerte de David Carradine, protagonista de Kung Fu

El 4 de junio de 2009, poco después de las diez de la mañana, una empleada de limpieza del hotel Nai Lert Park, en Bangkok, golpeó la puerta de la habitación 352. Nadie respondió. Tras varios ...

El 4 de junio de 2009, poco después de las diez de la mañana, una empleada de limpieza del hotel Nai Lert Park, en Bangkok, golpeó la puerta de la habitación 352. Nadie respondió. Tras varios intentos, y convencida de que la suite estaba vacía, decidió entrar. Pero no lo estaba. En el placard colgaba el cuerpo desnudo de David Carradine. El actor tenía 72 años y estaba en la capital tailandesa filmando una película.

La noticia de su muerte -y las circunstancias del hallazgo- conmocionó al mundo. ¿Qué había ocurrido en esa habitación?

La investigación y las teorías

Las primeras versiones hablaron de suicidio. Otras, insinuaron la posibilidad de un asesinato. Pero las autoridades tailandesas rápidamente descartaron intervención de terceros: no había señales de lucha y la habitación estaba cerrada desde dentro. El jefe de la policía metropolitana de Bangkok, Worapong Siewpreecha, informó que el actor había sido encontrado desnudo en el interior del placard, con cuerdas atadas alrededor del cuello y los genitales, sujetas a la estructura del armario.

La autopsia determinó que la causa de la muerte fue asfixia. Mientras el cuerpo era trasladado a Los Ángeles, una fotografía publicada por el diario tailandés Thai Rath comenzó a circular y aumentó la conmoción. La imagen, de baja calidad, mostraba parte de la escena y alimentó nuevas especulaciones. Además, algunos medios locales mencionaron la existencia de otros objetos en la habitación, como ropa de mujer, lencería y una peluca, aunque esos detalles nunca fueron confirmados oficialmente.

Con el avance de la investigación, tomó fuerza otra explicación. Para las autoridades no se trataba de un homicidio y tampoco había elementos concluyentes para sostener un suicidio. Se planteó que la muerte podría estar vinculada a una asfixia autoerótica, una práctica que implica la restricción parcial de la respiración con fines de estimulación sexual y que conlleva grandes riesgos.

La forense del Ministerio de Justicia, Porntip Rojanasunan, sostuvo públicamente que la muerte parecía haber sido consecuencia de un accidente íntimo. “Esto no es suicidio o asesinato, murió después de masturbarse”, señaló. Los informes médicos concluyeron que la asfixia había sido accidental.

La familia del actor rechazó desde el inicio la idea de un suicidio deliberado. Su viuda, Annie Bierman, contrató al patólogo estadounidense Michael Baden para realizar un examen independiente. Baden coincidió en que la muerte había sido accidental.

Sin embargo, no todos quedaron conformes con esa explicación. Algunos allegados al actor deslizaron públicamente otra posibilidad: que Carradine hubiera sido víctima de algún tipo de ritual o práctica vinculada a sociedades secretas o grupos clandestinos. Pero esta hipótesis, que circuló brevemente en algunos medios, nunca fue respaldada por pruebas concretas ni formó parte de la investigación oficial. Las autoridades tailandesas insistieron en que no existían indicios de la participación de terceros.

Aun así, la mera mención de esa teoría alimentó el clima de misterio que rodeó el caso durante semanas.

El pequeño saltamontes

La fascinación que despertó el caso no se explicaba solo por las circunstancias de la muerte, sino por la figura pública del actor. David Carradine no era un desconocido: llevaba décadas en la pantalla. Su rostro había atravesado generaciones y su nombre estaba ligado a uno de los personajes más recordados de la televisión de los años setenta: el “pequeño saltamontes”, el monje shaolín de Kung Fu.

Si bien ese papel lo llevó a la fama, también lo encasilló. Durante un tiempo, el actor intentó desprenderse de esa imagen, hasta que comprendió que formaba parte de su identidad artística. “Fue algo extraordinario lo que sucedió, y fue realmente bueno para todos en el mundo, así que, ¿por qué debería intentar deshacerme de ello?”, reconocería años más tarde en una entrevista.

Carradine nació en Los Ángeles el 8 de diciembre de 1936 con el nombre de John Arthur Carradine. Pertenecía a una familia de actores: era hijo de John Carradine y medio hermano de Keith Carradine y Robert Carradine. Sin embargo, su infancia estuvo lejos del brillo de Hollywood. Creció en un entorno marcado por tensiones familiares y episodios de inestabilidad.

Sus padres se divorciaron cuando él tenía seis años, tras una relación marcada por conflictos y problemas de alcohol. Con el tiempo, el propio actor describió su infancia como difícil y desordenada. En su autobiografía Endless Highway recordó un episodio extremo: “A los cinco años intenté suicidarme”. Cambiar su nombre -de John Arthur a David- fue, según explicó más adelante, una forma de afirmarse y tomar distancia de la figura paterna.

Más allá de Kung Fu, Carradine también tuvo otros papeles destacados. En 1976 interpretó al músico Woody Guthrie en Bound for Glory, una actuación que fue bien recibida por la crítica y mostró que podía hacer mucho más que el monje de la televisión. Su carrera tuvo momentos de éxito y otros más discretos.

En lo personal, se casó cinco veces y atravesó momentos controvertidos que alimentaron su imagen de actor inquieto e imprevisible. Fuera de la pantalla cultivó un interés genuino por las artes marciales y la filosofía oriental, disciplinas que -según decía- lo ayudaban a buscar equilibrio. Sin embargo, su vida privada fue menos serena que la de sus personajes. En distintas entrevistas reconoció que en los ochenta tuvo problemas con el alcohol y las drogas, una etapa que impactó tanto en su carrera como en su imagen pública.

Aunque nunca dejó de trabajar, a comienzos de los años 2000 su presencia en Hollywood había disminuido. Fue entonces cuando Quentin Tarantino lo convocó para interpretar a Bill en Kill Bill. El personaje -que inicialmente había sido considerado para Warren Beatty- devolvió al actor al centro de la escena y lo presentó ante una nueva generación de espectadores.

En junio de 2009, mientras rodaba las últimas escenas de Stretch en Bangkok, la muerte lo sorprendió. Tras su fallecimiento, su viuda, presentó una demanda contra la productora MS2 por incumplimiento de contrato y muerte por negligencia. El reclamo, sin embargo, no modificó la conclusión oficial de que el fallecimiento había sido accidental.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/un-accidente-intimo-el-misterio-detras-de-la-muerte-de-david-carradine-protagonista-de-kung-fu-nid03032026/

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