Un quiebre en la pasión más argentina
Javier Milei suele relatar con nostalgia sus épocas de arquero de las inferiores de Chacarita, una función en la que consolidó su vocación de héroe de última instancia. Sin embargo, nunca se ...
Javier Milei suele relatar con nostalgia sus épocas de arquero de las inferiores de Chacarita, una función en la que consolidó su vocación de héroe de última instancia. Sin embargo, nunca se preocupó demasiado por el fútbol una vez que llegó a la Casa Rosada. Ya lo había devorado la pasión por las teorías económicas austríacas. Curiosamente, quien le inoculó el interés por el tema fue Mauricio Macri, quien fracasó en sus objetivos políticos, pero en cambio logró seducirlo con su idea de avanzar hacia un modelo de capitales privados para los clubes.
Impensadamente, el fútbol se reubicó esta semana en el corazón de la agenda política a partir de la polémica por el insólito premio otorgado a Rosario Central, y reactivó la tensión entre el Gobierno y la AFA, que se encontraba en un impasse tras dos conflictos frontales.
El primero había sido el intento por introducir las SAD (Sociedades Anónimas Deportivas), movimiento en el que aparecieron diversos actores, varios conocidos de Macri, desde el multimillonario Foster Gillet, que se acercó a Estudiantes por Juan Sebastián Verón, hasta el titular de la firma World Eleven, Guillermo Toffoni, y Jorge Mas (hijo del anticastrista Jorge Mas Canosa), propietario del Inter Miami y aliado de los Messi. Ante la resistencia de Claudio “Chiqui” Tapia y de varios dirigentes del fútbol, el Gobierno frenó la iniciativa con la intención de reflotar el tema a través de un proyecto de ley, pero recién después del Mundial 2026.
El otro tema que había recalentado la relación había sido la intención del Gobierno, a instancias del ministro Federico Sturzenegger, de eliminar el decreto 1212 de la época de Eduardo Duhalde, que estableció un régimen impositivo diferenciado para entidades asociadas a la AFA, por su contribución “al proceso formativo del hombre”. Esa norma fue derogada por Macri y restituida por Alberto Fernández, y el Gobierno buscó anularla nuevamente, pero el tema se judicializó. Los dirigentes aducen que con la quita de ese beneficio buscan asfixiar financieramente a los clubes, y así facilitar el ingreso de las SAD. Para los libertarios es lisa y llanamente una prebenda injustificable.
Pero todos estos intentos de ofensiva habían cedido a partir de la foto de diciembre pasado, donde Karina Milei y Manuel Adorni posaron junto al Chiqui Tapia en Asunción, en una cumbre de la Conmebol. La tregua había sido gestionada por Pablo Toviggino, la mano derecha del mandamás de la AFA, quien entendía que necesitaban una recomposición del vínculo como mensaje de unidad en la organización del partido que se hará en la Argentina en el Mundial 2030.
Karina constituía la línea más dura de la relación del Gobierno con la AFA. En sintonía con su hermano, la funcionaria era la más reactiva a cualquier tipo de entendimiento con Tapia. Quizás esas desconfianzas pesaron para que después ese lazo se volviera a marchitar.
Pero al mismo tiempo desde la Casa Rosada siempre hubo un canal mucho más amigable, que encabezó Santiago Caputo y que tuvo una expresión evidente: el notable despliegue como principal sponsor de la selección nacional de YPF, una cuenta que el asesor maneja a través de su amigo y socio Guillermo Garat. Por ese conducto circuló no sólo dinero, sino también una comunicación que no abundaba por el lado de Karina. Pero hoy esa relación también se enfrió.
El sorteo del próximo Mundial que se hará el viernes en Washington había moderado las posiciones del lado del Gobierno y por eso se había comprometido la presencia de Milei, más interesado en volverse a ver con Donald Trump, que en cruzarse con Tapia. De hecho la embajada argentina en EE.UU. había preparado una recepción para la dirigencia de la AFA y para la selección, que después fue suspendida sigilosamente por indicación de la Casa Rosada.
La posibilidad de una foto con Lionel Messi ya estaba descartada de antemano. El astro futbolístico, vía AFA, había mandado a averiguar los movimientos del Presidente para no cruzarse.
Siempre fue reactivo a interactuar con la política, una interdicción que sólo levantó para una foto con Macri en la entrega de los premios The Best 2023, poco después de la hazaña de Qatar. El expresidente trabó una relación personal con el jugador durante sus largos años de penuria al frente de una Selección que no podía ganar un trofeo. Messi incluso le llegó a confesar cuánto sufría por las constantes comparaciones con Diego Maradona y la presión que eso lo generaba. Claro, todo fue antes de que se iniciara la racha de éxitos con la Copa América 2021.
Pero esta semana hubo dos elementos que marcaron un cambio de posición del Gobierno respecto de Tapia y de la AFA. El primero y más notorio fue el quiebre social que se produjo a partir de la decisión de premiar en forma arbitraria a Rosario Central y del debate que generó el pasillo de espaldas de los jugadores de Estudiantes de La Plata, con la posterior sanción a los futbolistas y al presidente Verón.
El equipo de Santiago Caputo salió a medir de inmediato el impacto que había tenido la polémica en la agenda pública y se encontró con el resultado esperable: la imagen del Chiqui es rechazada por más de la mitad de la población y la mayoría cree que administra una gestión corrupta. “Hay que dejarlo que se devalúe sólo”, comentó el Presidente, siempre en clave económica.
Los insultos contra Chiqui Tapia en San LorenzoLos cánticos reprobatorios en las canchas y el modo en el que escaló la indignación social en las redes, les dieron pautas claras a los estrategas. Lo que el escándalo Rosario Central-Estudiantes empezó a descubrir no es sólo un entramado de corrupción y negocios turbios, algo que todos intuyen. Se trata de algo más importante para la gente: la manipulación de la pasión. Se terminó de cristalizar la idea de que los partidos se pueden arreglar, que los árbitros y los operadores del VAR se digitan y, en definitiva, que lo que moviliza a las multitudes puede no ser una disputa deportiva, sino un reality show. No es una percepción que sorprenda, pero nunca había quedado tan expuesta.
Milei definió la estrategia de no salir a atacar a Tapia frontalmente, sino de capitalizar políticamente el enfrentamiento agudizando el desgaste de la dirigencia de la AFA. Sabe que la gente, así como rechaza los manejos turbios de los directivos de los clubes, tampoco comulga con una politización del fútbol.
En el Gobierno entienden que no tienen que agitar el fantasma de una intervención, porque está el antecedente de Macri en 2016, que terminó con una reacción de la FIFA que puso en riesgo el desempeño de la selección. Milei no quiere que el Gobierno aparezca afectando al campeón mundial, muchos menos en el camino previo a su próximo desafío.
Además, la FIFA dio esta misma semana una señal de que no abandonará a Chiqui, al aceptar la propuesta de la Conmebol (Confederación Sudamericana de Fútbol) para ratificarlo como su representante permanente ante el Consejo de la Federación Internacional, un cargo que el presidente de la AFA ocupaba de manera interina desde mayo.
Tampoco escapó al análisis oficial el cambio de relación entre la FIFA y EE.UU., uno de los organizadores del próximo Mundial, junto con México y Canadá. Ese vínculo había quedado fuertemente lesionado en la época de Barack Obama, cuando en 2015 estalló el FIFA Gate, que se llevó puesta a la cúpula del organismo. En esa oportunidad el gobierno estadounidense acusó a 45 dirigentes de alto nivel y a varias empresas deportivas de cometer más de 90 delitos y de participar de un circuito de sobornos de más de 200 millones de dólares.
Ahora con Gianni Infantino en el lugar de Joseph Blatter, con Trump en la silla de Obama, y con el estímulo del próximo Mundial, fluye el buen clima entre Washington y Zurich. No es una época para ñoños republicanos tampoco a nivel global. Trump, que acaba de descubrir un deporte llamado fútbol que es bastante popular, e Infantino, que cada vez se parece más a un personaje de Martin Scorsese, volverán a sonreír juntos este viernes con el tintinar del bolillero. Milei no incomodará jamás a esa simpática pareja.
En la AFA creen que el segundo elemento que alimentó la estrategia de desgaste que aplicó el Gobierno fue su decisión de rescindir el contrato que tenían con TyC, que integran el grupo Werthein-Nofal y el grupo Clarín, para la transmisión televisiva de los partidos de la Primera B Nacional y la Primera B Metropolitana.
Según los directivos del fútbol, Milei interpretó que esa decisión le generaría a Tapia un nuevo frente de conflicto, que le podía resultar funcional al Gobierno. Ponen como demostración que hasta la semana pasada había un silencio oficial sobre el tema fútbol, y en los últimos días escaló por distintas vías, desde la decisión de no viajar a EE.UU. hasta la denuncia de la DGI contra Ariel Vallejo, aliado de Tapia, por los manejos de su empresa Sur Finanzas (en despachos oficiales admiten que más allá de sus extraños aportes al fútbol, no será fácil comprobar un beneficio directo para Chiqui). En la Casa Rosada, en cambio, aseguran que si bien siguieron de cerca el tema de la televisación, no incidió en su evaluación de la estrategia a desplegar.
Dos tipos audaces, y peronistasPero más allá del estallido del tema esta semana, en el Gobierno reconocen un antagonismo conceptual con lo que hoy representa la AFA, una sigla de la que cuelgan las tres estrellas cuando se mira a la selección, pero que también luce una mancha oscura cuando se observa su administración.
Además hay una confrontación política. Tapia creció a la sombra de Hugo Moyano, con lo cual se fortaleció no sólo como dirigente del fútbol sino también como funcionario de la Ceamse, encargado del tratamiento de los residuos en el AMBA. Fue el representante de la ciudad ante ese organismo tras un acuerdo con Máximo Kirchner, que incluyó a Horacio Rodríguez Larreta para que lo nombrara.
Pero después Jorge Macri lo desplazó cuando Mauricio quedó enfrentado con Tapia por el tema de las SAD. Quien lo rescató y lo designó presidente de la Ceamse por la provincia fue Axel Kicillof, un desinteresado total por el fútbol. Ocurrió a través de una astuta recomendación del intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi. Tapia fortaleció desde allí una relación estrecha con varios intendentes del conurbano, otra fuente de poder territorial.
A partir de ese momento, Tapia y Kicillof sellaron un acuerdo clave. La AFA rebautizó al Estadio Único de La Plata como “Diego Armando Maradona - Tricampeones del Mundo”, es decir, le concedió al gobernador algo así como la sede de la gloria de Messi.
A cambio, Kicillof permitió que la AFA cambiara su dirección social a la provincia, para de ese modo dejar de ser auditada por la Inspección General de Justicia (IGJ), un organismo que depende del Ministerio de Justicia nacional. De ese modo, Chiqui neutralizó la vía natural que tenía el Gobierno para auscultar los números de la entidad que preside. Kicillof difícilmente se interese por esa contabilidad.
Ese estadio, hoy en refacción, tiene prevista su reapertura para marzo próximo. En la AFA admiten que hay algunas conversaciones para hacer entonces un partido despedida con la selección para Ángel Di María. Naturalmente muchos sospechan que eso también influyó a la hora de decidir la entrega del polémico trofeo a Rosario Central. Para otros, en cambio, pesó mucho más la estrecha vinculación con el presidente y la vice del club rosarino, Gonzalo Belloso y Carolina Cristinziano, a través de Toviggino.
El tesorero de la AFA, además de encargarse de coaligar a todos los clubes chicos del interior, conecta con otras terminales distintas de la política, que también electrifican la relación con el Gobierno. Sus dos principales referentes son Sergio Massa y Gerardo Zamora, el gobernador de Santiago del Estero que ahora pasó al Senado de la Nación.
En la Casa Rosada vieron la mano de esta entente detrás de la filtración de los audios de Diego Spagnuolo en los que relataba un supuesto esquema de corrupción en la Andis, porque fueron difundidos a través del canal de streaming Carnaval, propiedad justamente de Toviggino.
En definitiva, entre Tapia y Toviggino reúnen a buena parte del espectro peronista, desde Kicillof y los intendentes, hasta Zamora y Massa (Tapia incluso pidió votar por él en 2023). Suficientes razones para que Milei piense que la AFA es una interfaz de la oposición, con la que le resulta funcional confrontar.
En esta disputa, Tapia cuenta con dos activos importantes: el apoyo de los dirigentes y el respaldo de la selección nacional. A los dirigentes los tiene agarrados con favores de todo tipo. En la famosa reunión en la que se decidió el premio para Rosario Central interpeló a varios de ellos recordándoles cómo habían pedido la designación de determinados árbitros en partidos decisivos. “A mí me votan los directivos, no la gente”, advirtió Tapia, demostrando que los secretos del manejo del poder no le son ajenos ¿Acaso los dirigentes esbozarán alguna reacción si ven que sus hinchadas empiezan a insultarlos por su respaldo a Tapia? Difícil.
Al mismo tiempo el Chiqui logró construir con los jugadores de la selección una confraternidad que germinó en los oscuros años de las frustraciones y que se terminó de sellar bajo el brillo de la copa de Qatar. ¿Acaso alguien piensa que Messi u otro referente puede salir a pedir algo de cordura para el fútbol que representan, como en 2014 hizo la Generación Dorada de básquet, con Luis Scola al frente, cuando la Confederación Argentina quedó envuelta en denuncias por desmanejos de fondos y la venta irregular de entradas? Difícil.
El fútbol argentino se encamina hacia una distopía, donde todos los partidos serán cuestionados, los árbitros lapidados, los jugadores sospechados y los campeonatos desconfiados. Y en el medio de la frustrada pasión tribunera, seguirán chapoteando los tenebrosos gerentes de la ilusión.
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/politica/un-quiebre-en-la-pasion-mas-argentina-nid29112025/