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Un silencio que aturde

Pasaron solo un par de meses desde que la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) inventó un campeonato para Rosario Central, que derivó en un escándalo de porporciones. Lo que a priori parecía...

Un silencio que aturde

Pasaron solo un par de meses desde que la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) inventó un campeonato para Rosario Central, que derivó en un escándalo de porporciones. Lo que a priori parecía...

Pasaron solo un par de meses desde que la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) inventó un campeonato para Rosario Central, que derivó en un escándalo de porporciones. Lo que a priori parecía una resolución arbitraria más del Comité Ejecutivo de la Liga profesional, activó la indignación ciudadana y el comienzo de las investigaciones por presuntos hechos ilícitos de una enorme gravedad en torno a la entidad rectora del futbol argentino.

La voluminosa secuencia de crónicas periodísticas que se publican casi diariamente tiende a confirmar las sospechas de corrupción y los manejos oscuros de los involucrados. Retención indebida de tributos, millonarios desvíos y triangulación de fondos, sociedades fantasmas en paraísos fiscales, facturas truchas por servicios nunca prestados, dibujos contables, testaferros… Las recientes denuncias de María Eugenia Talerico, exvicepresidenta de la Unidad de Información Financiera (UIF) apuntan al exministro Sergio Massa y el Banco Central. Una vieja y conocida película de terror que la Argentina repite de la mano de la política y el sindicalismo y ahora también del fútbol.

Estas nefastas prácticas en la cúpula de nuestro deporte más popular ya podían intuirse desde los tiempos de Julio Grondona. Son producto de la concentración del poder, la falta de controles y el intercambio de favores que disciplina a casi todos los clubes y sus protagonistas. Lo que no puede dejar de llamar la atención es la magnitud de un descalabro que sigue prometiendo sorpresas. Una mansión en Pilar valuada en 17 millones de dólares a nombre de supuestos testaferros, una flota de más de 50 autos de lujo y antiguos, viajes en aviones privados, gastos exorbitantes y lujosos desde cuentas de simples monotributistas, una danza de millones de dólares fraudulentamente administrados con desparpajo para caprichos personales. Y todo con dinero del fútbol.

Mientras muchísimos clubes de la Argentina no solo son estructuralmente pobres sino que están fundidos, con tesorerías en rojo y obligados a malabarismos para sobrevivir, sus dirigentes y los de la AFA despliegan sin tapujos obscenos manejos, alejados de los valores que estatutariamente deberían obligarse a respetar y promover.

Entre los dirigentes de los clubes reina el hermetismo. No han difundido ni un solo comunicado, ya sea por su nivel de dependencia económica de la entidad madre, por el temor a todo tipo de represalias -incluidos fallos o arbitrajes perjudiciales-, lo cierto es que nadie se anima a romper el silencio.

Spbre ese punto, Talerico fue enfática. En declaraciones radiales, criticó duramente el “silencio corporativo” de esas entidades frente a tamaño escándalo de corrupción, por temor a represalias deportivas o financieras de parte de Claudio “Chiqui” Tapia

Aunados férreamente en bloque, parecen resistir también el ingreso de la Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) que impulsa el presidente Javier Milei, con el que verían afectados sus negociados. Abrazados a la supervivencia de un modelo de corrupción, renuncian a expresar cualquier crítica, o aguardan que la Justicia se expida antes de hacerlo. Se apalancan en figuras como Juan Román Riquelme, claves para el blindaje de Tapia. La red de lealtades construida se paga con prebendas y se cobra con dependencia, amarrada al talento de la selección campeona del mundo de la que la AFA se ha apropiado para asegurarse las mejores tajadas.

Juan Sebastián Verón, presidente de Estudiantes de La Plata, lo vivió en carne propia. Recibió seis meses de suspensión por haber repudiado su club con un pasillo de espaldas a Rosario Central en rechazo por la decisión de la AFA de coronarlo campeón. Más tarde, el Tribunal de Arbitraje Deportivo resolvió levantar la suspensión hasta tanto se resuelva la cuestión de fondo.

A contramano de los hinchas a los que dicen representar, ignorando a una sociedad harta de las mil formas que asume la corrupción y que exige cambios profundos y alineándose con la conducción de la AFA, los clubes del fútbol argentino prefieren ser cómplices de las trampas y los desmanejos en una suerte de defensa propia que tanto mal hace al deporte. Falta mucho aún para que suene el silbato.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/editoriales/un-silencio-que-aturde-nid10022026/

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