Vamo’ los pibes: una cruzada amistosa que se gana la inmediata complicidad del público
Autor y director: Federico Palazzo. Elenco: Antonio Grimau, Osvaldo Laport, Raúl Lavié y Osvaldo Santoro. Música original: Fernando Monteleone. Escenografía: Liza Gieco. Iluminación: Alejandro...
Autor y director: Federico Palazzo. Elenco: Antonio Grimau, Osvaldo Laport, Raúl Lavié y Osvaldo Santoro. Música original: Fernando Monteleone. Escenografía: Liza Gieco. Iluminación: Alejandro Le Roux. Vestuario: Romina Giangreco. Sala: Multiteatro (Av. Corrientes 1283). Funciones: miércoles, jueves y viernes a las 20, sábados a las 19.30 y 21.30, y domingos a las 19.30. Duración: 90 minutos. Nuestra opinión: buena.
En principio, es plausible el estreno de una obra nacional en plena Avenida Corrientes, una rareza que (desgraciadamente) desde hace años sucede muy de vez en cuando, como si la dramaturgia local debiera quedar restringida al circuito independiente. En ese sentido Vamo´ los pibes es un válido intento por reponer el género en el circuito comercial.
Para otorgarle mayor visibilidad a la empresa (y aumentar las chances de éxito, claro), los productores han convocado a figuras de peso, conformando un elenco tan variopinto como interesante. Íntegramente compuesto por hombres, otra singularidad en la cartelera teatral porteña (salvo por el ejemplo de Druk). Antonio Grimau, Osvaldo Laport, Raúl Lavié y Osvaldo Santoro son los elegidos para protagonizar una historia en torno a la tercera edad (tercera atipicidad de la propuesta) y dar vida a cuatro “jóvenes mayores” entrañables.
La obra, escrita y dirigida por Federico Palazzo, está basada en otra del 2010: El audífono, de Jorge Palaz, y fue distinguida con el primer premio en la categoría Obra Inédita por el Fondo Nacional de las Artes. Una y otra comparten exactamente el mismo argumento, sin diferencias destacables: tres adultos mayores discuten en un parque cómo ayudar a otro, que transita un cuadro de depresión. ¿El motivo? La falta de audición, que en su caso le impide volver a trabajar en su metier, el de cantante.
Aunque la trama podría convocar desde el vamos al drama, tanto Palaz en su momento como Palazzo ahora optaron por el tono de comedia y solo hacia el final se permiten bajar línea y exponer claramente sus puntos de vista sobre el estado de desprotección en que se encuentra la mayor parte de la población pasiva en nuestro país.
En el medio, muy disparatadamente, los amigos elaboran una cruzada solidaria (y no muy santa…) para hacerse del audífono que PAMI retrasa en su entrega, y también urden un proyecto laboral que los incluye a todos y que les devolverá el reconocimiento de la sociedad. Muy a tono con la frase que hace unos meses hizo célebre la serie El Eternauta: “Lo viejo funciona”.
EscenasVamo’ los pibes está dividida en ocho escenas: la mitad transcurre en el parque y el resto en la habitación del integrante del grupo deprimido. El talón de Aquiles de la pieza son las escenas en el cuarto, jugadas por Raúl Lavié, como Ernesto, el cantante en desgracia, y Osvaldo Santoro, en la piel de El Tano, el amigo con pretensiones de manager. Porque, si el cantante sufre de una sordera aguda, ¿cómo puede escuchar y seguir correctamente el diálogo con su amigo, en cada una de sus visitas? Tamaña incongruencia resulta inadmisible y debería reverse. Dicho esto, la obra –a la que de por sí le sobran unos cuantos minutos- se sostiene fundamentalmente por la labor de sus cuatro protagonistas, que ponen en escena todo lo que tienen que poner para compensar el escollo y, así, logran la inmediata empatía del público, que en los tramos en el parque no para de reírse.
Del elenco merecen destacarse dos interpretaciones puntuales: las de Antonio Grimau (como el rengo Mingo) y Osvaldo Laport (como el pianista Barilatti). El primero, alejado del perfil de galán de sus comienzos como del actor prestigioso, de textos profundos, de su etapa más adulta, se anima aquí al ridículo y a la comicidad de tipo físico, y se erige en una grata sorpresa. Y el segundo, con una composición muy rigurosa, tanto física como vocal y emocional, ofrece uno de los mejores trabajos de toda su carrera (que seguramente a partir de ahora le deparará roles cada vez más comprometidos). Al final de Vamo’ los pibes, la frutilla del postre la brinda el gran Raúl Lavié, pero ya no como actor. ¿Quién podría enojarse si el intérprete, de impecables 88 años, rompiera la cuarta pared para cantar “Los mareados”?