Verano y lectura: cambio de hábitos a la hora de elegir los libros en las vacaciones
El verano no siempre cambia lo que se lee, pero sí cómo y por qué se elige un libro. Con más tiempo disponible, menos urgencias cotidianas y la idea, a veces ilusoria, de que finalmente habrá ...
El verano no siempre cambia lo que se lee, pero sí cómo y por qué se elige un libro. Con más tiempo disponible, menos urgencias cotidianas y la idea, a veces ilusoria, de que finalmente habrá espacio para leer, las librerías registran un movimiento particular, lectores que llegan antes de viajar, otros que buscan ponerse al día y muchos que piden recomendaciones “seguras” para las vacaciones.
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“Es una época en la que la gente cuida mucho qué compra, pero al mismo tiempo está más atenta a los consumos culturales”, explica Cecilia Fanti, fundadora de la librería Céspedes, con sedes en Colegiales y el Centro Cultural Recoleta. Según observa, no hay un giro marcado en las temáticas, pero sí en el momento: “Es un público que viene antes de irse a veranear, con la idea de invertir en un libro que sabe que va a leer”.
Entre los títulos más buscados aparecen novedades de los últimos meses, como El buen mal, de Samanta Schweblin, y ensayos de historia y política como 1933, de Florian Illies, que mantuvo su ritmo durante el año. Se repite, además, un fenómeno clásico del verano: autores con lectores fieles que esperan cada lanzamiento. “Con Claudia Piñeiro pasa mucho eso: cuando saca libro nuevo, hay un público que decide comprarlo sin dudar”, señala Fanti.
En Mandolina Libros, la lógica es similar. “El cambio principal tiene que ver con la disponibilidad de tiempo y el clima de vacaciones”, explica Valentina Zeleya, directora de la librería de Belgrano. Allí se identifican dos perfiles claros entre quienes intentan leer lo que dejaron pendiente durante el año y quienes llegan en busca de una recomendación específica.
Entre los títulos más pedidos menciona De los potrillos nacen ríos, de Sofía de la Vega, un libro de cuentos que se sostiene por recomendación boca a boca, y novelas premiadas o destacadas a nivel internacional, como El emperador de la alegría, de Ocean Vuong. También se repiten “empujadores” como Los sorrentinos o El hechizo del verano, de Virginia Higa.
Sobre la avenida Corrientes, Juan José Puertos, 47 años, librero de Beaires Libros, resume el fenómeno con humor y experiencia. “En verano, la novela es lo que más se vende, sin importar la edad. Lo liviano funciona mejor: que no pese ni en la mente ni en la valija”, dice. En su mostrador conviven lectores jóvenes y adultos que buscan historias atrapantes, fáciles de transportar y de leer sin demasiadas interrupciones.
El policial aparece como uno de los géneros más elegidos para desenchufarse, aunque el verano habilite a lecturas más largas para quienes durante el año no logran concentrarse. “La estación vende una promesa, la del tiempo para leer”, resume Fanti. Algo parecido a los propósitos de enero, pero con libros.
Lejos de imponer un único canon, el verano amplía el margen de elección, hay más predisposición, menos culpa y un vínculo más flexible con la lectura. Esa misma lógica se traslada luego a otros escenarios: la playa, la pileta, la montaña, donde el libro se integra al ritual de las vacaciones. Ahí, ya lejos de la ciudad y las librerías, empieza otra etapa del recorrido lector: la de lo que efectivamente se lee cuando el descanso ocurre de verdad.