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Yoga Iyengar: el método que ayuda a transformar el cuerpo y educar el carácter

A primera vista, lo más llamativo es la presencia de soportes: cuerdas en la pared, bloques de madera, cinturones, mantas y sillas. Todo este despliegue tiene un trasfondo que va más allá de la ...

Yoga Iyengar: el método que ayuda a transformar el cuerpo y educar el carácter

A primera vista, lo más llamativo es la presencia de soportes: cuerdas en la pared, bloques de madera, cinturones, mantas y sillas. Todo este despliegue tiene un trasfondo que va más allá de la ...

A primera vista, lo más llamativo es la presencia de soportes: cuerdas en la pared, bloques de madera, cinturones, mantas y sillas. Todo este despliegue tiene un trasfondo que va más allá de la asistencia física: es la llave de acceso a un preciado laboratorio de investigación.

“El Yoga Iyengar es un método de enseñanza y práctica basado en el yoga clásico que convierte la experiencia en el mat en un proceso de investigación personal”, explica Victoria Franco, profesora certificada y encargada de comunicación del Centro Iyengar Yoga BA de Zona Norte.

La disciplina prescinde del dinamismo coreográfico de otras escuelas para enfocarse en la alineación minuciosa y la permanencia. La meta última es el despertar de la inteligencia corporal.

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El creador del método fue B.K.S. Iyengar (1918-2014), figura clave del yoga moderno. Nacido en una humilde aldea de la India, superó la malaria, la tuberculosis y la tifoidea gracias a la práctica que inició a los 15 años con su cuñado, T. Krishnamacharya. A los 18 años fue enviado a Pune para enseñar; allí pasó décadas experimentando en su propio cuerpo y diseñando los primeros soportes con elementos domésticos. En 1966 publicó Luz sobre el Yoga y en 1975 fundó el instituto RIMYI. “Iyengar es un gran ejemplo de cómo lo que parece algo adverso puede ser transformado en la potencia para nuestra propia evolución y eso impacta también en lo que nos rodea, tal como sucede muchas veces que practicamos yoga”, reflexiona Franco.

Filosóficamente, el método se asienta en los Yoga Sutras de Patañjali y su camino de ocho estadios (Ashtanga Yoga). El aporte de Iyengar fue demostrar que una filosofía abstracta se enseña y verifica a través de la experiencia directa. “Cada práctica es una oportunidad para comprobar cómo una acción modifica la calidad de la atención, cómo un estado mental influye en el cuerpo o cómo la manera de habitar una postura transforma nuestra percepción”, señala la docente. Esta vivencia dialoga con las koshas o “envolturas” de la existencia, descritas en textos antiguos: “En el método Iyengar, este modelo no se presenta como una creencia, sino como un mapa para comprender lo que la práctica va revelando. A medida que la percepción se profundiza, el practicante descubre que lo físico, lo fisiológico, lo mental y lo emocional no funcionan de manera aislada, sino que se influyen mutuamente”.

Los pilares de la técnica: rigor y permanencia

La práctica de yoga Iyengar se estructura sobre bases técnicas sumamente claras y rigurosas:

Alineación precisa: La colocación exacta de cada segmento óseo y articular en el espacio previene lesiones, optimiza la respiración y potencia los beneficios fisiológicos de cada asana.Uso de soportes (props): Los bloques, mantas, cinturones y sillas adaptan la postura a la realidad del alumno, permitiendo que un principiante acceda a ella con seguridad y que un practicante avanzado profundice su aprendizaje.Secuenciación pedagógica: Existe un orden lógico y una estructura de clases que progresa de acuerdo al nivel de los alumnos, la temporada o el efecto orgánico buscado, alternando diferentes familias de posturas (de pie, invertidas, extensiones o flexiones).Instrucción verbal minuciosa: El docente guía cada acción de manera detallada, educando la mirada y la atención interna del estudiante.Tiempos de permanencia: El tiempo en la postura se incrementa de forma progresiva. Sostener de manera consciente permite actuar sobre las estructuras profundas del cuerpo y estabilizar el sistema nervioso.

A diferencia de otros estilos como el Vinyasa o el Ashtanga, que priorizan el dinamismo y la repetición de secuencias coreográficas, el Iyengar se distingue por proponer la detención para profundizar en la postura. “El método propone permanecer. Pero esta permanencia no es estática: es una acción interna constante donde el practicante aprende a observar, corregir y refinar la alineación de su cuerpo desde adentro hacia afuera”, detalla Franco.

La adaptabilidad es otra diferencia fundamental gracias al uso estratégico de los elementos. “En muchas escuelas tradicionales, si el alumno no llega a tocarse los pies o tiene una lesión, simplemente no puede realizar la postura o corre el riesgo de lastimarse. El yoga Iyengar rompió con ese paradigma: si el suelo queda lejos, se usan bloques de madera; si la espalda no se extiende, usamos una silla y subimos la altura de las manos. El método no exige que el cuerpo se adapte a la postura, sino que adapta la postura a la realidad de cada cuerpo”.

Esta meticulosidad técnica se sostiene en la capacitación de sus instructores. El sistema de certificación de los profesores de yoga Iyengar es uno de los más rigurosos y exigentes del mundo. Esto garantiza un entorno seguro, terapéutico y altamente educativo en cada clase.

Anatomía de una clase

Una clase habitual en el Centro Iyengar Yoga BA dura 1 hora 15 minutos. La planificación responde a una progresión mensual y pedagógica que busca despertar la sensibilidad corporal. “Solemos comenzar el mes con posturas de pie para fortalecer piernas y columna, brindando una base estable para luego avanzar hacia flexiones, torsiones, invertidas y extensiones de columna”, detalla Victoria Franco. El ciclo mensual concluye con clases restaurativas, enfocadas en la respiración y el Pranayama.

El uso de elementos estratégicos y la guía verbal minuciosa de la profesora permiten ajustar la postura, corrigiendo errores comunes para prolongar la permanencia de forma segura. Asimismo, las posturas invertidas —como el paro de cabeza (Salamba Sirsasana) o la vela (Salamba Sarvangasana)— se enseñan de manera progresiva y se sostienen durante varios minutos en los niveles avanzados.

Hacia el final, la sesión se nivela con asanas de descarga para relajar las zonas más exigidas y calmar el sistema nervioso (especialmente si es una clase nocturna). La práctica concluye de manera indispensable en Savasana, la postura de relajación total sobre el mat.

El abanico de beneficios abarca desde el alivio de dolencias comunes hasta la transformación emocional. Físicamente, la alineación constante corrige la postura, elimina tensiones en espalda, cuello y hombros, y mejora la flexibilidad. A nivel orgánico, optimiza glándulas y órganos internos, regula el sistema hormonal, facilita la respiración y promueve digestiones ligeras y un descanso profundo y reparador. “Al sostener las asanas, el practicante se enfrenta con sus propios límites, miedos y frustraciones, lo que permite modificar patrones de conducta y cultivar un mayor discernimiento”, concluye la docente.

Fuente: https://www.lanacion.com.ar/salud/yoga-iyengar-el-metodo-que-ayuda-a-transformar-el-cuerpo-y-educar-el-caracter-nid12102026/

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